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AMY

>> 7/8/11

La vida me parece un plató de televisión.

Hace poco vi una fotografía de una cueva muy profunda. Pertenecía, creo, que a National Geographic pero no puedo confirmarlo. Sí sé que era la foto de una cueva auténtica, nunca hasta ese momento fotografiada. Se veía una enorme sala interrumpida por columnas de roca, decorada con estalactitas y con un enorme lago al fondo, perdiéndose en el infinito oscuro. A mí se me antojó falsa. Se me antojó un decorado, un plató televisivo. Las rocas me parecieron de cartón piedra, las estalactitas prefabricadas con algún tipo de gel sintético, las pequeñas piedrecitas negruzcas del suelo, porexpán oscurecido, y así todo ello un mejunje de resinas, polietilenos y policloruros. Si me fijaba bien en la foto, auténtica aunque yo no lo sabía, hasta era capaz de verle las costuras al decorado. Acabó por parecerme un recuerdo de la subasta del Un, dos, tres.

Cuando supe que no, que aquello era verdadero, pensé que mientras algunas cosas educan nuestro gusto y nuestra sensibilidad, otras (pienso en la tele, en los medios) consiguen justo lo contrario. Convertirnos en unos descreídos y hacer que lo que es único se convierta en icono del mundo pop. No nos extrañe: desde que una lata de sopa se convirtió en arte, ya todo es posible en este mundo loco.

Recuerdo, al hilo de lo que digo, la polémica que aún colea respecto a si el hombre llegó o no llegó realmente a la luna. Me llegan ocasionales mails tratando de demostrar que fue una burda mentira, un decorado también. Banderas que ondean sin viento, extrañas marcas en el suelo de cartón, cámaras de tele reflejadas en el casco de los astronautas. Todos sabemos a qué me refiero. Pero lo peor de todo, seguramente lo más triste, es que si el hombre llegó a la luna, la luna verdadera nos parece casi una mala escenografía. Y si el hombre finalmente no llegó, la luna verdadera será, con certeza, un calco de la luna falsa que nos presentaron.

Es por eso que, en este mundo de la imagen, se nos hace cada vez más necesario convertirnos en caminantes, en paseantes, en flaneurs , no porque lo que vayamos a conocer pueda suponer una sorpresa, sino porque solamente viéndolo con nuestros propios ojos, sin cámaras y sin mediaciones, podemos descubrir en el mundo un atisbo de emoción que de otra forma ya no existe. La autenticidad, más que nunca, pasa por la mirada directa, intransferible, personal. La otra, la mediatizada, está definitivamente prostituida.
Esto no afecta solamente a las imágenes. También afecta a lo que creemos y lo que no. A la verdad de lo que nos cuentan. (Sí, ya sé, muchos insisten en que la verdad no existe, en todos esos discursos de la verdad relativa. De esta manera pueden continuar falseando verdades, manipulándolas, convirtiéndolas en material fungible.)

La muerte de Amy Winhouse me pilló de sorpresa, y ahora contaré la razón. No sentía ni simpatía ni antipatía por la muchacha. Su música no me dice nada, ni tampoco su voz. Respeto su trabajo y respeto a quienes dicen que era buena. Pero no quiero hablar de su arte. Quiero hablar de su imagen. Porque nunca me la creí. Siempre pensé que Amy era un producto. Un producto de marketing tan estudiado como los lipdubs que hacían Milli Vanilli (¿alguien recuerda a esos dos negritos que hacían play back y se hicieron tan famosos?). Algo tan falso como las proclamas a favor de la virginidad que hacía esa tonta insoportable que se llama Britney nosequé.

Siempre pensé que Amy era un producto. Que seguramente fumaba porros y se metía alguna raya, pero que exageraba ese malditismo. Había que parecerse a todos los muertos, a Kurt, a Janis, a Elvis. Había que mentir, exagerar, para convertirse en producto y poder vender. Pero tenía que haberme dado cuenta de que esta historia, por lo menos ésta, no era una invención.

Debería haberlo sospechado cuando comencé a ver a Amy acompañada de su padre en una buena cantidad de fotos. Una roquera no es una folclórica. Tanto padre debería haberme hecho sospechar. Porque Mitch, el padre, aparecía en muchas de esas fotos acompañando a su hija, llevándole la bolsa en alguno de los ingresos de la joven, agarrándola de la mano para sortear los insoportables fotógrafos, protegiéndola en suma. Sí, tanto padre en tanta foto debería haberme hecho saber que ahí había un padre ocupándose de su hija verdaderamente enferma.

La tele me ha vuelto un desconfiado. Pero a pesar de tanta impostura la vida sigue su curso, con sus triunfos y sus miserias.

(Para esta entrada estival de Grito, que más que grito es un susurro seguramente sin mucho sentido, he preferido no centrarme en indignados ni en asuntos políticos, sino descender al terreno de las pequeñas certezas familiares y afectivas que generalmente suelen tener mayor grandeza. Acabad de disfrutar el agosto.)

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EL MALESTAR

>> 16/6/11

Los resultados de las últimas municipales se deben, no digo yo lo contrario, a muchos y diversos factores. Ni pretendo ni, honestamente, podría analizarlos todos.

De todos los políticos socialistas catalanes del ámbito municipal sólo ha aguantado uno (en grandes ciudades, al menos): Àngel Ros, alcalde de Lleida, mi ciudad natal.

Los factores que pueden explicar que Ros aguante con una cómoda mayoría absoluta cuando otros se hunden son, ya dije, diversos. No vivo en Lleida y por tanto forzosamente me pierdo parte de la película. Pero hay un factor que, al menos desde fuera, me parece digno de tener en cuenta.

Cuando a Ricard Gomà, candidato de IC-Els Verds por Barcelona, le preguntaron por el buenismo respondió que lo prefería al malismo. Como para no estar de acuerdo. Pero no es suficiente. Ni como análisis ni como autocrítica.

Por buenismo se entiende esa actitud paternalista generalmente hacia los inmigrantes, pero no sólo. Desde hace tiempo que vengo defendiendo el gran problema que supone el buenismo para la izquierda. A ese problema hoy añadiría la falta de autocrítica. Pero de autocrítica de verdad, de raíz.

Volviendo al tema de los inmigrantes creo que todos comprendemos la necesidad de una política de ayuda para la integración. Todos sabemos también que existen medios y personas que fomentan un clima de malestar generalizado. Y que existen formaciones que aprovechan entonces para sacar tajada electoral (Plataforma, un partido abiertamente racista, sería uno, pero también en muchos casos el Partido Popular).

Cuando se confunden las políticas de ayuda con el buenismo (que es lo que pienso que en muchas ocasiones ha sucedido) el malestar crece, sobre todo cuando es azuzado por las derechas. Y son estas las únicas beneficiadas. Perdemos los demás: los inmigrantes y las izquierdas. Se acaba dando una enorme paradoja: crece cada día, como el laurel de Daphne, aquello que pretendemos combatir.

No digo que el crecimiento de las fuerzas racistas se deba al buenismo. Sería simplificar. Pero sí que sería importante que las izquierdas, en lugar de decir que no, dedicáramos cinco minutos a pensar en la posible responsabilidad que tenemos también nosotros con todo ello. Quizá descubriríamos que el buenismo no ayuda.

Àngel Ros ha ganado con mayoría absoluta en Lleida, entre otras cosas, porque dejó de lado este discurso tan típico de la izquierda. Ha ganado, probablemente, porque dijo que una cosa era la cultura (válida toda y válida siempre) y otra los valores. Y que nuestros valores, por los que llevábamos tiempo luchando (feminismo, igualdad, respeto a las minorías, extensión de los derechos y laicidad) eran comúnmente mejores a los valores que estas comunidades traían (mejores he dicho, sí, mejores, y que nadie se rasgue las vestiduras), y que no debíamos estar dispuestos a sustituir los nuestros por los suyos. Al contrario, no debíamos cejar en extender los nuestros.
Algún demagogo me preguntará que dónde he visto yo feminismo, igualdad y laicidad en la sociedad indignada que habitamos. Que quede claro que yo no he dicho que sea una batalla ganada pero sí una lucha en la que mayoritariamente estamos. Yo, al menos, no pienso renunciar a esa lucha. Y la izquierda, que se amilana con el tema del burka y con otros temas, y no se atreve a hablar demasiado alto, no entiendo por qué motivos, debería gritar eso con mayor contundencia. Y es sólo un ejemplo.

La izquierda no puede renunciar a dos principios. Ni a cambiar el mundo de raíz ni a influir en nuestra sociedad. Cambiar el mundo, hacerlo más habitable, es una lucha sorda en la que tengo puestas muchas esperanzas, si cuatro descerebrados ayudados por el sistema (léase infiltrados) no se cargan lo que parecía una promesa. Pero mientras que eso no llega debemos ser influyentes en el sistema. Y para ello creo que tenemos varias asignaturas pendientes. Una, la autocrítica que a veces me parece una quimera. Y otra, escuchar a la sociedad y aprender a no insultarla a la mínima que propone algo que no nos gusta del todo. Descubrir que las cosas no son blancas o negras, y que debemos descender a los matices si queremos ser creíbles.

Porque la sensación que tengo muchas veces es que la izquierda es poco permeable a la opinión que se sale de lo canónico de izquierdas. Y luego, que escucha poco. Y que escucha sólo lo que quiere escuchar.

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LES PRIMAVERES LLIURES

>> 22/4/11

El domingo 10 de abril se vivió en Barcelona un referéndum sobre la independencia de Catalunya. Pero, seamos sinceros, no era exactamente un referéndum. Ya sé que los referéndums no son necesariamente vinculantes, pero suele suceder que tienen a los partidos políticos detrás, que tienen también su consiguiente campaña de petición de voto en uno u otro sentido, una abundante y cargante campaña mediática con publicidad institucional en la tele y la radio y pasquines por todas partes, su jornada de reflexión, sus colegios electorales, una jornada previa que recibe el nombre de jornada de reflexión, debates televisivos y radiofónicos, entrevistas a los líderes, mítines multitudinarios y encuestas de prospección de voto... El referéndum del día 10 en Barcelona, que no tuvo ninguna de esas cosas, no fue por tanto un referéndum. Por no tener, no tuvo ni colegio electoral propiamente dicho. El colegio electoral era un tendal para guarecerse del sol, porque las urnas (eso sí había) estaban en plena calle, en pequeñas plazas, en cruces de calles. Más que un referéndum fue algo así como una colecta de firmas sobre un tema determinado. Una Iniciativa Popular o algo parecido.

Algunos podrían pensar que sí hubo campaña mediática. Pienso que, si la hubo, fue paupérrima. Y abundantes posicionamientos a favor de la no participación. Por ejemplo, el segundo periódico más importante de Catalunya (El Periódico) pidió dos días antes, desde la portada ni más ni menos, la abstención. Aquel “Així, no” invitaba también, en caso de votar, a hacerlo por el no. El primer periódico (La Vanguardia) pasó de puntillas toda la semana sobre el tema y no le dio ninguna importancia. TV3 sí lo comentó, pero sin llegar a animar a nadie para que acudiera a votar. Los periódicos Ara y Avui, los únicos que hicieron campaña más o menos activa, son ciertamente muy minoritarios. Quienes animaron, los únicos casi, fueron Pujol y Mas que, con su voto, contribuyeron a poner ese referéndum sobre la mesa. Sin ellos es indudable que se hubiera hablado mucho menos de esta especie de pseudo-referéndum.
Resultaba esperable que sólo acudirían a ¿votar? los muy convencidos de la independencia. Los independientes radicales, si es que tiene algún sentido decirlo así. Era lo esperable. Pero el viernes antes, al despedirme de una compañera de trabajo claramente independentista, le pregunté si acudiría a votar y me dijo que no, que esta votación “és com un acudit” (parece un chiste). Si ni siquiera los muy convencidos votan, pensé, esto será un desastre.

El mismo domingo del referéndum, ya de buena mañana, se vio que de desastre nada. Y el resultado final es de los que hacen pensar. Me corrijo: deberían hacer pensar, porque ya sé que muchos no se tomarán siquiera la molestia. Un 18% sobre censo, un 21% sobre votantes, en cualquier caso más de 250.000 barceloneses. Nunca me hubiese atrevido a sospechar una cifra tan alta, ciertamente.

A veces hay momentos sin una importancia especial que se nos quedan grabados en la mente con una nitidez inusitada. Por ejemplo, una ocasión en que con un grupo de amigos, hará cosa de diez o quince años, especulamos con la cantidad de gente que acudiría a votar en Barcelona a un hipotético referéndum sobre la independencia. Recuerdo que tomamos la cifra inicial de cien mil hipotéticos votantes como cifra redonda. ¿Acudirían cien mil barceloneses a las urnas? La respuesta fue masivamente negativa. Treinta mil nos pareció una cifra más ajustada. Treinta mil independentistas en Barcelona (porque siempre pensamos que el independentismo era algo más propio de la Catalunya rural). Ya sabemos que el resultado en este pseudo-referéndum ha sido de 230.000 afirmativos. Lo que ya no sé es si el independentismo barcelonés estaba muy escondido o ha crecido alarmantemente en estos últimos años.

¿Qué pasaría en un referéndum serio, con sus colegios electorales, su campaña, su jornada de reflexión, su movilización mediática? ¿Qué ocurriría en un referéndum oficial, en un referéndum de esos en que votan tanto para el Sí como para el No los no necesariamente muy convencidos?

Da igual. En el fondo no vale la pena seguir por ese camino, el de la especulación política. Más interesante resulta seguramente el del análisis. ¿Por qué tanta gente votó por el SÍ? ¿Cómo es que tantos catalanes se han hecho independentistas? Recordemos que de los 947 municipios catalanes se han celebrado consultas en 554, y que el número de votos afirmativos se eleva a más de 800.000. Es decir, más de 800.000 catalanes que han optado por votar en un referéndum que no sirve absolutamente para nada. Hasta los huevos estarán, como mínimo.

Lo percibo desde hace bastante tiempo: el independentismo va en aumento en Catalunya. Porque el encaje de Catalunya en España es, me parece a mí, conflictivo, no está resuelto, no parece que nadie lo quiera resolver y, mientras tanto, no contenta a nadie. Porque la sentencia del Tribunal Constitucional diciendo que Catalunya no es una nación aquí nos sonó a traición absoluta. Porque observamos cómo España sigue queriendo una España castellana frente a una España verdaderamente plural y plurinacional. Lo noté también en las últimas elecciones autonómicas: se está dando, como en Euskadi, una agrupación en dos grandes bloques, los nacionalistas y los constitucionalistas. Y algo que es seguramente más notable aún: hace años el independentismo pertenecía a las filas de Esquerra Republicana. Hoy ya no: lo hay en las filas de otros partidos históricos como Convergència, Unió, Iniciativa e incluso PSC (muy solapado aún), amén de nuevas formaciones como Solidaritat o Reagrupament. Es decir, se ha extendido. En la misma proporción con la que se ha extendido el malestar.

¿Saben qué es lo que ocurre en Catalunya? Que, como en todas partes, depende de quién te cuenta la historia, te la cuenta de un modo o de otro. Los que se sitúan en el lado de los constitucionalistas no piensan que nada sea tan grave, ni que lo que dijo el Constitucional fuera tan malo, ni que en el fondo haya tanto independentismo en Catalunya. En cambio quienes se sitúan del lado del soberanismo conforman un grupo de personas que se sienten mal en su relación con España, que no se sienten respetados, que perciben que pagan muchísimos impuestos y no ven demasiado claro que la distribución sea luego justa del todo, que se sienten molestos con infinidad de cosas y campañas anticatalanas, que están cansados de tanto hacer pedagogía y de tanto defender evidencias, que sienten que el maltrato histórico indudable pervive. Y lo que es peor: que todo ello les duele (porque a quienes no les duele son quienes se sitúan del otro lado, y santas pascuas).

No sé si esto tiene solución. No sé si Catalunya será algún día independiente (en el fondo, creo que no, porque para conseguir la independencia se precisa rabia, y eso creo que sí que afortunadamente no existe). No sé si las aguas volverán a su cauce y la efervescencia independentista desaparecerá. Lo que sé es que hay mil cosas que no ayudan. Las declaraciones de ZP riéndose casi del 18% de barceloneses que votaron, eso, por ejemplo, no ayuda. Y tantas otras cosas.

¿Y yo? ¿Qué hice yo el 10-A? (Lo cual equivale a contestar en cuál de los dos grupos antes comentados me sitúo). Yo voté.

He apostado toda mi vida por el entendimiento con España. Por el Estado Federal que nos permita estar cómodos a todos. Pero este sueño se aleja, o más claramente no se acerca. Y ya estoy cansado de dos cosas: de esperar y de hacer pedagogía.

El independentismo es una opción política que merece respeto. Difícilmente se puede ser demócrata si no se permite a los pueblos que libremente puedan elegir, si así lo piden. Y la ruptura de los lazos directos no implica ningún otro tipo de ruptura. Verán qué quiero decir.
En septiembre de 2010 el Ayuntamiento de Barcelona invitó a un gran poeta bilingüe, llamado Joan Margarit, a que dictara el pregón de las fiestas. Y todo el mundo se llevó la sorpresa del siglo. Porque Margarit, que no era independentista, que jamás lo había sido, soltó de repente una perorata a favor del independentismo. Como tantos otros, se había pasado de bando. Valió la pena ni que fuera para intuir la incomodidad que sentía ese impresentable que se llama Jordi Hereu.

Quiero rescatar un párrafo de ese pregón memorable y dedicarlo a todos los amigos de fuera de Catalunya.

“Pero este cambio de relación (con España, que él acababa de proponer en su discurso) tendrá como elemento fundamental lo que me dijo mi amigo y gran poeta castellano Luis García Montero cuando terminamos una de nuestras conversaciones sobre este tema: `Joan, garantízame que tu amistad nunca se independizará de nosotros´”

Como bien sabe García Montero una cosa son las fronteras, que pueden cambiar, y otra los afectos.

En cualquier caso, muchos catalanes sentimos que ha llegado ya el momento de reivindicar, en afortunada expresión de Lluis Llach, nuestras propias "primaveres lliures".

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ELECTRA / CRISÓTEMIS

>> 7/3/11

Los grandes clásicos nos ilustran, nos explican, nos ayudan a pensar. Y siempre podemos encontrar algún acomodo entre sus líneas.

De las obras clásicas siempre me ha fascinado la historia de Electra, retratada por Eurípides o Sófocles (retomada por tantos otros, a veces con mucha fortuna), hija del rey de Micenas Agamenón y de Clitemnestra. Durante el tiempo en que Agamenón estuvo luchando en la guerra de Troya, Clitemnestra comenzó una relación con Egisto que, al regreso del rey, se resolvió con el asesinato de éste en manos de su esposa.
Crisótemis es otra hija de Agamenón y de Clitemnestra, hermana de Electra por tanto. Ambas hermanas saben que su madre es quien ha matado a su padre, ambas esperan, aunque con diferente grado de ímpetu, a Orestes, el hermano que debe vengar al padre, pero la actitud de las dos es completamente diversa. Ejemplifican, hasta un cierto punto, las dos actitudes diferentes que podemos tomar frente a la injusticia.

Electra simboliza la furia, la rabia desmedida, la lucha para cambiar las cosas:

"¿Qué mujer bien nacida podría soportar la desgracia paterna, aguantar desvergüenzas que crecen, día tras día, sin ver su final? (...) Cada día en mi casa me cruzo con los dos asesinos impíos que a mi padre querido mataron."

Crisótemis, por el contrario, se enfrenta a su hermana por su actitud que ella identifica con un rapto de locura.

"¿Qué andas diciendo, hermana, por ahí? ¿Sigues con tus quimeras sobre el resgreso de nuestro hermano? ¿No has aprendido aún, en tantos años, a resignarte?"

Resignación es, seguramente, la palabra que mejor define a Crisótemis. Frente a la bravuconería de Electra, el juicio y la mesura de su hermana:

"Prefiero, cuando los vientos me son contrarios, navegar con las velas recogidas, sin vanos alardes de amenazas que no podré cumplir. Yo sé que tu conducta es más correcta y que es más justo hacer lo que tú haces pero, si quieres vivir con libertad, conviene obedecer a los que mandan"

A nadie se le escapa que estas palabras definen el proceder de muchos, de muchisimos, y sería ético pensar incluso que, con las gradaciones que se quiera, responden a una actitud juiciosa en momentos en que no es posible hacer otra cosa. Escuchemos lo que le recrimina Electra a su hermana:

"No hablas por ti, Crisótemis, por tu boca está hablando tu madre."

No cabe mayor desprecio: por la boca de los mesurados hablan los tiranos. Y sigue Electra:

"Hay que elegir, hermana; no se puede ser prudente y justa a la vez. Si eres justa te toca sufrir; si eliges ser prudente traicionas la memoria de tu sangre. ¿Qué puedo yo ganar dejando mis lamentos? ¿Me tratarán mejor? No me interesa. Mis lloros les molestan. (...) Tú, en cambio, no te engañes, gusto das a los que asesinaron a tu padre"

Tras un diálogo lleno de amenazas Crisótemis le pregunta a su hermana:

"¿No te importa perder lo que tienes?"

Permitidme ser parcial y dejarlo aquí. La obra sigue y debe de ser una gozada verla representada. Pero ni que sea en la lectura reconocemos (nos reconocemos) Electras o Crisótemis, la una o la otra, a veces alternativamente la una y la otra.

Confieso algo: Electra, siempre con lo mismo, acaba haciéndose un poco pesada, como seguramente todos tenemos la sensación de hacernos en ocasiones, de tanto defender una idea. Pero mi admiración va por ella, por la pesada, porque es la que no se vende.

Textos citados pertenecientes a la Electra de Sófocles, traducción de Pedro Sáenz Almeida.

Autor: EastRiver

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FELIZ SEMANA

>> 8/2/11

Nadie duda de la densidad de todo cuanto vivimos. No pretendo convertir esto en un diario, ni siquiera en un apunte de urgencia, pero se me permitirá que reseñe algunos de los aspectos que informativamente me/nos ocupan. Está la revolución de los jazmines que se ha extendido a Egipto, por ejemplo. Desde fuera pareciera un movimiento libertador que apoyo sin ninguna duda. Pero sirve también para darnos cuenta de lo mal que se hacen las cosas: Europa y USA defendieron durante años a los gobiernos dictatoriales de estos países porque suponían un freno al islamismo radical. Obviamente el islamismo radical me gusta tan poco como a ellos, pero ¿la mejor forma de combatirlo era apoyar esas dictaduras o dictablandas? Creo que está claro que no.

Ha sido también muy divertido observar el papel ridículo de Europa: aquí nadie habló hasta que lo hizo Obama. Luego sí, cuando tienen el permiso del jefe, todos nos llenamos la boca y decimos las cosas más altas y más claras que nadie. Pero primero tiene que hablar el jefe.

Hemos tenido en estos días también una nota graciosa, como un chiste inofensivo: la ascensión al marquesado de un entrenador de fútbol y de un escritor estupendo, aunque facha. Es como de broma, no me digáis. Yo me alegro porque con estas cosas ridículas y tontas lo monárquico se parece cada vez más a una opereta mala.

De lo mejor de estas semanas: la inminente publicación de una nueva novela de mi querido y admirado Juan Marsé: Caligrafía de los sueños. Y vuelve a lo que nos gusta de él: las aventis y el barrio de la Salud, la posguerra, los sueños convertidos en alucinaciones colectivas. Regresa al retrato genial de los personajes y a la creación de un clima gamberro y al límite. En una entrevista del sábado en Babelia reivindicaba Marsé la ficción. En ella, leí una afirmación poderosa: "A veces hay más verdad en la ficción literaria que en la realidad cotidiana. Por ejemplo, a menudo leo cosas en la prensa que no me las acabo de creer. Lo diré de otro modo: para mí, Madame Bovary es más real que doña Esperanza Aguirre". Genial la frase. Estoy de acuerdo con Marsé. De hecho, yo creo que Esperanza Aguirre ni siquiera existe.

No todo está siendo tan meridianamente claro. Tenemos, por ejemplo, al lehendakari López que es uno de esos socialistas que me desaniman y me dan mal rollo. Lo de pactar con el PP tiene delito, pero más si cabe su particular defensa del euskera, lengua que teóricamente debería ocuparle sin ambages. Ha propuesto para que forme parte del consejo asesor de la lengua vasca al impresentable y chaquetero Jon Juaristi, amigo íntimo de la susodicha Esperanza, y que tiene en su haber frases tan inmortales como "Nunca volveré a hablar vuestro ingrato euskera", "para mí es un idioma del pasado" o "si desapareciese pues, tendría un disgusto, pero tampoco muy grande". Bien lo va a defender, por lo que se ve. Bueno, una vez más los socialistas facilitándole las cosas al PP y haciendo que el bloque independentista crezca. Son unos ases.

Y lo último que deseo glosar tiene que ver con cierta polémica que está de actualidad estos días en BCN. El sindicato UGT cedió por normativa un solar que tenía en la Villa Olímpica de Barcelona para la construcción de pisos protegidos, esos pisos que luego se entregan por sorteo. Ha querido la suerte que dos de esos pisos hayan ido a parar a dos directivos del sindicato, y un tercero a la hermana del secretario general. El asunto, titulado en algún medio como Chanchullo en la UGT, no hace más que confirmarnos en el desánimo que nos invade. Para quien le interese, estas son algunas páginas que hablan detalladamente del asunto: 1, 2 y 3.

Siempre he aplaudido a quienes contribuyen, con enorme coherencia, a hacernos la vida mejor. Jamás caeré en la denigración sistemática del político o sindicalista. Hay muchos buenos. Pero esto no está reñido con mi enfado con algunos sindicatos y con la denuncia necesaria de ciertas actitudes. También en Barcelona existe una pugna entre varios sindicatos que se pelean por un metro más o un metro menos, y otros sindicatos que exigen a las arcas del estado instalaciones modernas y a todo confort. Supongo que lo sabía y que es lógico, pero recordar el otro día que las instalaciones de los sindicatos las paga el Estado me dio mal rollo: no es la mejor forma de hacerlo, no es la más limpia. El tema de la financiación de los sindicatos, del que tan poco se habla, deberá ponerse algún día sobre la mesa. O cada día los trabajadores harán menos caso de sus indicaciones.

Txema, en su blog, tiene un par de entradas que cuando las leí este fin de semana pensé que complementaban parte de lo que he querido decir yo aquí. Las enlazo porque él me dio su permiso (ésta y ésta). Su visión crítica pero constructiva me parece ese justo medio que todos necesitamos, en ese tema y en otros. Sea como fuere, feliz semana.

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UN ESTILO

>> 16/1/11

Chile, el largo pétalo de mar que cantó Neruda, es otra vez noticia o casi. Esta vez no se trata de salvamentos apoteósicos que permiten apuntarse éxitos al presidente Sebastián Piñera, sino de un serio incidente en el que, además, se han visto envueltos varios turistas extranjeros.

Tal vez eso es lo que ha ocasionado que algunos periódicos se hayan echo eco de que Piñera ha intentado subir el precio del gas natural a los habitantes de la región de Magallanes un 17 por ciento, pese a que durante su campaña electoral prometió que el precio de gas, esencial para sobrevivir allí no se tocaría.

No tiene mucho misterio la historia: un empresario se presenta a la elecciones, promete esto y aquello, y los electores, poco avispados, le eligen creyendo que les va a llevar a una especie de paraíso. Luego la verdad es muy distinta.

Piñera, como tantos otros cree que Chile es una empresa en la que los ciudadanos son simplemente unos empleados de los que se puede prescindir sin más.

Ahora dice que hay que subir el precio del gas natural para que Chile no acabe en la ruina como le ha pasado a España, como si mucho de lo que aquí ocurre no fuera debido a los personajes del estilo de Piñera que también aquí sufrimos.

Siempre pienso que cuando de un asunto solamente hablan los blogs (algunos), mal vamos. Porque probablemente algún tipo de censura está afectando a ese asunto. Como también ha ocurrido en conflictos más cercanos, la presencia de españoles permite acercarnos al tema y trascender el lugar al que previsiblemente estaba abocada la noticia: un pequeño breve considerado como asunto local.

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ANGLADA

>> 11/1/11

Durante las pasadas elecciones al Parlament de Catalunya aprendí a aguantar la respiración durante una hora y media. Justo el tiempo en que tardó en caer, por poco, lo que anunciaban las encuestas a pie de urna: un diputado para Plataforma per Catalunya, la asociación racista nacida en Vic.

Cayó por poco, por poquísimo. Estuvo a punto de colarse en el Parlament. Aunque no lo hiciera lo cierto es que miles de catalanes confiaron en Anglada, el líder de la Plataforma, para que llevara a cabo sus proyectos que no resumiré aquí porque son fácilmente deducibles.

Fue la catalana una campaña electoral en que se jugó la baza de los bajos instintos y en que el electoralismo de algunos partidos (PP a la cabeza) apostó por la demagogia populista en este tema, como si la mano dura fuera a arreglar los problemas que ciertamente existen.

Siempre he manifestado la necesidad de ocuparse con extrema seriedad del tema, huyendo tanto de la criminalización de unos (que tan buenos réditos electorales puede procurarles) como del paternalismo (buenismo, lo llaman algunos) de los otros. Se trata de dos extemos, perjudiciales ambos. El buenismo acaba llevando a excesos que luego los de derechas aprovechan sin rubor. Sigo pensando que hay que tratar al inmigrante con máximo respeto, otorgándole los mismos beneficios de que gozamos aquí, pero exigiéndole la adaptación a nuestras normas y leyes. Dicho de otra manera: los mismos derechos y los mismos deberes. Todo lo demás es fuente de problemas, creo.

El motivo de esta entrada es glosar unas pintadas que han aparecido en mi calle. Vivas, contundentes, originales. Si este Anglada, el de la Plataforma, se pasa la vida pidiendo que se vayan los inmigrantes, ¿por qué no le pedimos a él que haga lo propio? Podría hacerlo. Como representante de uno de los extremos de que hablaba antes, a nada ayuda su presencia y su discurso. Así que yo también voto para que se largue.

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DE LA DEMOCRACIA ME ACUERDO, PERO ¿DÓNDE ESTÁ?

>> 20/12/10

Una buena manera de mirar el mundo ahora que el año acaba (o de mirar el año ahora que el mundo acaba, que uno ya no sabe) es ver el siguiente vídeo de Iñaki Gabilondo. Lo vi por primera vez, hace ya unos meses, en el blog del amigo progresista de Madrid (el Diario) y pensé entonces que resumía perfectamente lo que llevábamos de año. La crisis, los mercados, todo eso. Pero desde entonces hasta ahora ha seguido lloviendo. Y asistimos a la concreción de nuevas medidas deliciosas. Los sesenta y siete. La ley Sinde. La pérdida de derechos. Que, aunque cueste de tragar, seguimos militarizados. Que cada día más los mercados continúan gobernándolo todo. Que continuamos avanzando por el camino del pensamiento único. Que el neoliberalismo está de moda. Que algunas izquierdas lo hicieron muy mal. Que está en peligro la libertad de expresión. Que Assange tiene un pie en Guantánamo, digo en USA. Que la misma cadena que recogió el vídeo que hoy os traigo va a desaparecer en menos de diez días para acoger algo tan delicioso como los mejores momentos de Telecinco o algo peor. Vean el vídeo pero que nadie se hunda luego.


Pero uno es optimista. A pesar de los pesares es optimista. A pesar del pesimismo terrible, uno es optimista. Convenzámonos de ello, aunque nos cueste. Porque nos engañaron. No sé en qué momento del camino, pero nos engañaron.

Queda solamente la rabia que nos hace mantener en pie: sigue habiendo gente que no se vende y juro que les admiro locamente, como la cosa rara que son. Ellos son mis líderes. Lo proclamo.

Y espero que para terminar se me permita ponerme almodovariano, que a veces sienta bien. Ya sé que poca gente traga al Dúo Dinámico, pero Pedrooooo es otra cosa. Además los himnos son necesarios porque nos dan fuerza. Aquí está. Porque vamos a resistir a pesar de todo, ¿verdad?

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JO NO T'ESPERO

>> 4/11/10

Si alguien viera la movida barcelonesa para recibir al Papa seguramente se sorprendería. Calles cortadas, perímetros de seguridad, sillas de madera donde antes había coches, recomendaciones institucionales... Yo no le espero, naturalmente. Pero como esta entrada va dirigida a Grito de Lobos, me cuido muy mucho de ser desagradable. Ya seré más corrosivo el sábado en mi blog.

He estado en la manifestación de esta misma tarde en la Plaça Sant Jaume de Barcelona. La Plaça Sant Jaume es el centro histórico de la ciudad, el antiguo foro romano. La plaza se abre en lo alto de una pequeña colina, actualmente casi imperceptible (aunque si te fijas puede observarse) que antiguamente recibió el nombre de Mont Taber. Ahí, en el corazón de la Barcino romana, estuvo ya el centro político, y ahí sigue estando.

Hoy en día las manifestaciones de pequeño formato se celebran allí, para que las consignas lleguen al Palau de la Generalitat, en esa plaza. He asistido ya a varias. La última, el acto de apoyo al juez Garzón del que di cuenta en mi anterior blog. Naturalmente cuando la manifestación se prevé masiva se realiza en otro lugar; en el Paseo de Gracia, desde la Diagonal hasta la Plaza Catalunya. A veces, cuando el número de participantes es muy elevado, no se detiene ahí sino que sigue, por la Gran Vía, hasta la plaça Tetuan. Recuerdo especialmente tres: dos contra ETA, con motivo de las muertes de Miguel Ángel Blanco y de Ernest Lluch, y la última contra la sentencia del Tribunal Constitucional recortando el Estatut, este mismo verano, que también conté en mi blog.

A pesar de que se ha llenado la plaça Sant Jaume, la de hoy ha sido una manifestación de pequeño formato. ¿Significa esto que la queja y la indiferencia que vive mi ciudad en torno a la presencia del Papa es de pequeño formato? No. Predomina la indiferencia. La gente pasa del papa, exactamente lo mismo que pasa de la religión.

Pero yo considero que no es suficiente. Considero que debemos gritar fuerte contra esta visita por todo lo que significa (y todo lo que cuesta). Uno de los conferenciantes ha pronunciado unas palabras contundentes. No estamos en épocas de grandes conquistas, a la vista está. Estamos en la época de mantener lo que se tiene, de luchar para que no nos roben lo que hemos conseguido (y Rajoy nos quiere robar, recordémoslo y empapémonos de El País del domingo). Se trata de hacernos fuertes para que no puedan eliminar lo que tardamos tanto tiempo en conseguir. La laicidad, por ejemplo. Por eso he ido. Como tantos, quiero preservar mi sociedad de la presencia castrante de la Iglesia. Quiero preservar mi vida cotidiana de una visión acrítica y acientífica. Quiero ampliar derechos y no restringirlos. Deseo que la sociedad avance en la dirección contraria a la que proponen ellos. Finalmente, entre el número enorme de amenazas que observo a mi alrededor (laborales, sociales) está también la amenaza de la Iglesia. Es así. Y así lo constato.

Por eso, como podéis ver, en el balcón de mi casa cuelga ya el Jo no t'espero.
Dóciles nunca.

(Y pido disculpas por la mala calidad de las fotografías)

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ACEITUNEROS ALTIVOS

>> 26/10/10

En Grito de lobos no se prodiga mucho la poesía. Y mira que tenemos importantes muestras de poesía social. Pensamos inmediatamente en la gran poesía social de la posguerra española, con voces personalísimas y con algunos logros notables (aunque también es cierto, como recordó cierto crítico, que no son lo mismo las buenas intenciones que la buena poesía). Pero antes de llegar a esas voces (Celaya, Blas de Otero, Ángela Figuera, José Hierro o algún otro de las generaciones posteriores) tenemos, en lengua castellana, otros dos excelsos ejemplos: Rafael Alberti y Miguel Hernández. De este último quiero hablar, porque el día 30 de este mes se cumplen 100 años de su nacimiento.

No glosaré su significación. Me limitaré a traer un poema, "Andaluces de Jaén", que resulta ejemplar por varios motivos. Lo ilustro con la versión musical de Paco Ibáñez, en una actuación en el Palau de la Música de Barcelona que resulta, como mínimo, emocionante.

Sólo persiste una pregunta, seguramente sin importancia. ¿Por qué motivo eliminó el gran Paco Ibáñez los versos más radicales del poema de Miguel Hernández? ¿Por qué eliminó toda referencia al terrateniente que "os sepultó en la pobreza", "os pisoteó la frente" y "os redujo la cabeza"? ¿Fue por una cuestión estilística o hubo algún otro motivo?

Sea por lo que fuere, disfrutad de un poema y de unas ideas extraordinarias, de una rabia necesaria, y de una voz tan personal como la de Paco Ibáñez. Es edificante detenerse también en los gritos que nos precedieron.



Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.


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FUNDACIONES Y OTRAS MENTIRAS

>> 8/9/10

Cuando en julio de este año defendí que la libertad se conseguía con un poco de ira fue porque cada vez parece más evidente que es necesario que la gente se enfade para que salga a la calle. Y si bien es cierto que no soporto la violencia también es cierto que toda denuncia contiene una parte de ira consustancial. ¿Alguien se imagina que existiese este blog si no estuviésemos llenos de ira contra muchas cosas? Pero creo que merece la pena delimitar y comprender que ira no significa violencia física, por ejemplo, o que para pedirle moderación al personal ya está Mariano Rajoy (y luego dan cumplida cuenta, con sus actos, de lo que ellos entienden por moderación).

Hoy quiero gritar airado contra Su Majestad y su parentela abundante y untadísima, aún a riesgo de que me organicen un sumarísimo. Con el sueldazo generoso de que disfrutan (pagado por todos) como mínimo deberían tolerar la crítica. Se me dirá que el señor es rico, lo cual no es ningún pecado. Y yo responderé primero que en algunas ocasiones sí es un pecado la riqueza. Y añadiré luego que si esa riqueza ha sido almacenada gracias a una situación de privilegio y poder, de regalos y prebendas, y a ocupar un lugar privativo al que se accede por sangre( con ese justo empujoncito franquista), representa un pecado por partida doble. Y si encima la riqueza se ve incrementada año tras año, mes tras mes, día tras día, en este instante en que tantos españoles están pasándolo mal, la cosa es para gritar muy airado y actuar en consecuencia. Aun a riesgo de que, como ya hizo en el año 2004 en Euskadi, me haga la peineta de puro campechano como es (a unos republicanos que le silbaban, parece ser). Fíjense en su mano izquierda...


Veamos. Según Libre.red , a los 8.9 millones de euros anuales que percibe la casa del Rey, deben sumársele los 6 millones de euros que aporta Administraciones Públicas para gastos diversos relacionados con la monarquía (asesores y funcionarios reales). Y a estos 14'9 millones (de euros, claro) debe añadírsele una cantidad indeterminada para el mantenimiento de las residencias reales (según algunas fuentes, unos 18 millones). Pero la suma no ha terminado todavía pues estos millones no incluyen el transporte, ni los coches oficiales, ni el sueldo de los conductores. Ni lo que cuesta el mantenimiento del yate Fortuna (un regalo, por cierto, de los empresarios que, como no llegaban vieron incrementada la suma con esos 400 milllones de pesetas de dinero público que aportó el gobierno balear). Por lo bajo, es decir, sin contar estos regalos, serían pues esos 33 millones de euros que reza el artículo . Con un fácil ejercicio de calculadora observamos que el sueldo diario del Rey es de 90.410 euros, es decir, unos quince millones de las antiguas pesetas diarias. Cierto, cierto, luego él reparte con la familia, no todo es para él. ¿De verdad seguimos pensando que la monarquía nos sale barata?

Pero aunque 33 millones de euros anuales sean una cantidad notable que seguramente ninguno de nosotros oleremos en nuestra vida, se convierten en una cantidad irrisoria si tenemos en cuenta la fortuna que revistas como Forbes le calculan al monarca. A 33 millones anuales, ahorrando todos y cada uno de los céntimos, el Rey hubiese tardado la friolera de 54 años en reunir los 1800 millones que se le atribuyen. Como es evidente que de la asignación anual mucho se ha gastado, como es lógico y natural, cabe preguntarse cómo ha acumulado ese dinero. Dicho de otra manera, cuáles son los negocios del Rey. Recuerdo hace cosa de quince años en que el nombre del amigo del monarca Manuel Prado se vio envuelto por primera vez en asuntos turbios. No pasó nada, o casi nada. Al Rey, al menos, no le pasó nada. Tampoco cuando se relacionó con personajes tan particulares como Ruiz Mateos (que cuando lo de Rumasa reconoció haberle entregado al rey la nada despreciable cantidad de mil millones de las antiguas pesetas) o el empresario ejemplar catalán Javier de la Rosa. O Mario Conde, si se quieren añadir más nombres ilustres a la lista. Se ha hablado mucho de los regalos que ha recibido el Rey. Pero también de cosas enormemente ilegales, como el asunto de los cuadros del marqués de Hernani, tema que, sin pruebas, es mejor obviar. Existe también una bibliografía maldita sobre el tema, como cabe suponer.

Otro de los nombres relacionados con el del Rey es el del empresario y banquero catalán, del Opus por cierto, Luis Valls Taberner. Valls Taberner (su hijo unió el Valls y el Taberner con un guión; así luce Cristina ambos apellidos) ayudó económicamente al entonces príncipe. Visitando su página de la Wiki puede leerse, en el apartado Otros datos, algo relativo a sus aportaciones a Juan Carlos.
Pero según algunos esa cantidad de 1800 millones parece que se queda corta. Alfonso XIII, cuando partió felizmente al exilio, se encontró con una mano delante y otra detrás. Su nieto ha aprendido de la historia. Pero, ¿puede ser aún mayor la cifra de 1800 millones? Poco importa: cuando los cientos de millones se acumulan, se acaban por perder las cuentas. Se habla de regalos secretos, de dinero repartido y escondido gracias a testaferros que hubiesen podido trabajar a nombre del patrón. Yo pienso que ya no viene de aquí: las cifras acaban siempre por ser engañosas. Lo único que no es engañoso son los hechos y me parecen ya bastante claros.

Que la monarquía es un gran y productivo negocio ya nadie lo duda. Pero seguir diciendo que nuestra monarquía es barata equivale a no querer ver la realidad. Se me dirá que un Presidente de la República haría lo mismo. Probablemente. Pero hay diferencias notables, a parte de la elemental de los votos. Por un lado un Presidente electo sería siempre mucho más cuestionado (se evitaría la innegable sacralización de la familia real que todos sufrimos) y por tanto sería vigilado de cerca y no se le ahorrarían críticas a sus desmanes (recuérdese la boda de la hija de Aznar). Por otro lado, existiría una mayor nitidez en la diferenciación de la esfera pública y la esfera privada. Por si todo ello no fuera suficiente y por mucho que cayera en deesmanes el Presidente electo, ni tendríamos que mantener a toda su familia ni la cosa iba a durar tantos años como está durando la broma borbónica. Cuestión de democracia, de limpieza, de alternancia, de libertad, por tanto.

Es por eso que saber que la reciente operación real se ha hecho por la Sanidad Pública mientras la factura por el alquiler de las instalaciones hospitalarias subía a 25000 euros me parece una verdadera tomadura de pelo.

Pero no terminan ahí las tomaduras de pelo. La infanta Cristina se compró hace unos años un chalé valorado en mil millones de pesetas (gastos de mantenimiento y carísimas facturas de protección y vigilancia aparte) en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Imagino lo que costará mantener a su otra hermana o al Príncipe, que por cierto recibió el exclusivo regalo de una residencia privada en el complejo de la Zarzuela con motivo de su boda. No es demagogia: comprendo que el jefe del Estado no puede vivir en un piso en Carabanchel o la Verneda, ni viajar en utilitario. Comprendo que ciertos cargos exigen unas medidas de protección que se resuelven mejor y más económicamente incluso residiendo en un lugar en que la protección sea fácil. Comprendo que existen servidumbres de representación que exigen espacios adecuados y elegantes. Pero de ahí a que la protección, la elegancia, el regalo, se haga extensiva, de por vida, a los familiares directos (¿los indirectos no? ¿seguro?) va un trecho muy largo.

Siento que de un tiempo a esta parte se está asistiendo a un cierto desenmascaramiento de esta familia. Podríamos preguntarnos el motivo pues estas cosas nunca ocurren gratuitamente. Sin voluntad de ser exhaustivo ni cronológico recuerdo ciertos momentos más o menos recientes en que la familia real se ha visto rodeada por la polémica.

Cuando la hermana de la princesa fue contratada por el socialista ayuntamiento de mi ciudad para un cargo absurdo con sueldo millonario juro que se me nubló la vista. Ahí el abuso es de mi ayuntamiento, pero lo cierto es que siempre se aprovechan los mismos y sus familias políticas.

Cuando una revista gamberra fue secuestrada por mostrar a los príncipes en una actitud íntima me pareció fuera de todo sentido. Con lo que cobran deben tolerar las críticas e incluso las bromas inofensivas. De lo contrario la tan pregonada libertad es una falsedad.

Cuando la reina tomó partido claramente y optó por la enseñanza religiosa (en una época en que, recordémoslo, los obispos y el PP montaban manifestaciones en contra de las políticas laicistas del gobierno ZP) o apostó por la teoría creacionista o se manifestó claramente contra el matrimonio homosexual; es decir, cuando la reina nos dijo a todos que ella era seguidora convencida del Partido Popular, servidor hizo extensivo el anuncio al resto de la feliz familia, y les desprecié todavía un poco más. Porque además de todo lo que llevo dicho han decidido romper esa imparcialidad que acaso les otorgaba un mínimo sentido. (Ya Sofía se había cubierto de gloria cuando, años atrás, había manifestado que los últimos años de Franco no fueron una dictadura exactamente y que existía más libertad que la que se reconoce ahora).
Cuando, finalmente, (y aquí el motivo de mi última indignación monárquica, sigan leyendo) recibieron una herencia millonaria hace no mucho, pensé que se confirmaba que eran una familia con suerte. La mitad de la herencia millonaria que recibieron se repartirá entre los príncipes y los nietos reales. Y la otra mitad del dinero otorgado por el millonario Balada deberá ir, por expreso deseo del otorgante, a una fundación de interés general .

Pues bien, ya está decidido. Y es aberrante. Está muy claro qué significa para esta gente interés general. Se ha creado una fundación, llamada Nueva Hesperia, con domicilio en la Zarzuela, que será la que recibirá y gestionará ese dinero. ¿Cuál es el interés general que propone defender esta nueva fundación? Agárrense: el estudio y apoyo a la institución monárquica, tanto en España como en el extranjero, así como su fomento a través de las ciencias y las artes. Sí, para las testas coronadas es frecuente, como ven, lo de confundir interés privado con interés general. Son, así lo siento, despreciables.

Clamemos y gritemos por la República. Luchemos por destronar privilegios indignos. Sólo si nos llenamos de ira, podremos conseguirlo. ¿Ven como la ira es buena? ¿O prefieren ustedes a Sus Majestades?




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LIBERTAD CON IRA

>> 21/7/10

En los tiempos de la transición, las cabezas pensantes de la época tuvieron a bien encumbrar la famosa canción Libertad sin ira. Estoy convencido de que la polémica que rodeó la canción fue justamente para hacer que los grupos discordes la adoptaran como lema. Porque esa letra les venía como anillo al dedo a los capitostes franquistas. A aquellos convencidos de que debía irse hacia una democracia. Es decir, a aquellos que, bien que mal, se cambiaron la chaqueta.

Tras el ritmo progre (adorado grupo Jarcha, una cosa no quita la otra) se escondía una advertencia: si queremos construir un futuro en paz, libertad y democracia, no sintamos rabia, antes bien generosidad y anchura de miras (glups, ¿quién dijo eso? ¿quién repite eso cada poco?). No exijamos justicia ni removamos demasiado las aguas. Con ese mensaje nos la colaron doblada.

Cuando hoy en día sigo oyendo lo de la generosidad y la anchura de miras ya me planteo otra cosa. Que son siempre ellos quienes nos advierten a nosotros que debemos ser mansos. Pero al final siempre ocurre que ellos llaman ira a nuestro lógico enfado inofensivo. Y que son ellos precisamente los dueños de la ira silenciosa: la que les lleva a negar, manipular, silenciar, mentir, censurar. No sacaré a colación nuevamente el nombre de Garzón. No repetiré nuevamente lo enfadado que estoy con el Tribunal Constitucional, ese tarrito de las esencias franquistas.

Por eso propongo cantar Libertad con un poco de ira. Que nadie se confunda: no estoy en la cocina preparando bombas de mano. Amo demasiado la paz y prefiero la vida a la muerte, la brisa a las aguas estancadas. Pero esa ira buena que nos lleva a reclamar justicia sí que la reclamo. Ni que sea la justa para que no nos vuelvan a tomar el pelo.

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LA VENDA DE LOS OJOS

>> 9/6/10

Como se puede ver hemos llenado el Grito de vídeos. Por ejemplo los laterales, que recomiendo mucho, sobre el club Bilderberg, y estos que traigo yo en mi entrada.

Considero que todo lo que estamos viviendo en estos días es enormemente positivo. Positivo para que caigan vendas. Positivo porque siempre es mejor conocer el terreno de juego. Positivo para que nos demos cuenta de una vez de que existe, como dice Oliveres, un vértice de la pirámide que es quien de verdad manda. ¿Descorazonador? Mucho. Pero más vale estar avisados. Decir en este caso que información es poder no sería exacto, pero sigue siendo válido que para poder cambiar las cosas, o mejorarlas, es necesario que se caigan muchas vendas.
Con las noticias recientes de Merkel y sus recortes alemanes he pensado que seguramente muchos estados se apuntan a la excusa fácil para recortar a gusto y poder jusificarlo. No me creo casi nada, la verdad (aunque sí que es cierto que he celebrado que aquí no gobiernen las derechas, o al menos no las derechas duras, que uno ya no sabe, pues intuyes que con una cierta sensibilidad social la sangría no es tan aparatosa como sería si mandasen otros con menos manías).

Sigo oliendo a mentira ambiental, a grupos de poder, a democracia falsísima. ¿Cómo no va a apetecerme gritar y ser más que nunca lobo rabioso? ¿Cómo no me va a molestar, entre muchísimas otras cosas, que a los jugadores de la roja les prometan 600.000 euros tal como está el patio? (Por cierto, ¿quién los pagaría?) (Más por cierto, ¿se me tacharía de catalanista irredento si afirmase impunemente que preferiría que no ganasen?)

Cohn-Bendit, ya veréis, habla de hipocresía global. Porque Cohn-Bendit habla claro mientras muchos ojos se abren. (Y hablando de hipocresía, ayer en las noticias reportaban que un instituto de secundaria ha creado un prototipo de automóvil que consume un litro de gasolina cada mil quilómetros. Si esto lo hacen adolescentes más o menos tutorizados, no puedo evitar pensar qué hubiesen logrado los grandes ingenieros si les hubiese dado la gana, si no hubieran estado tan mediatizados y tan untados...) Pero vuelvo a Cohn-Bendit, aunque todo me lleve a la constante y pertinaz mentira.


También otros hablan claro. Demasiado. Se nos ponen los pelos como escarpias oyendo a la intelectualidad del Partido Popular llamar zorra a una consejera de sanidad por proponer talleres de sexualidad a los niños. Lo que para mí es síntoma de sociedad avanzada es para ellos el colmo de la perversión. Es evidente que ellos y yo vivimos en dos planetas lejanísimos. De lo cual me alegro como no os podéis figurar. (Por cierto, Felipe se me anticipó con este vídeo... prometí en broma ponerlo verde, cosa que naturalmente no pienso hacer porque le estimo demasiado, su blog es de los imprescindibles y además va bien ver dos veces la misma piedra antes de que nos la lancen a la cabeza).

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SOMOS CERDOS

>> 7/5/10

Los simpáticos habitantes del Norte europeo nos llaman cerdos. No solamente a los españoles, también al resto de habitantes de este Sur que tiene tanto bueno (y tanto malo). Nos llaman cerdos porque juntando la inicial de los cuatro países sureños (Portugal, Italian, Greece y Spain) sale justo eso, PIGS, es decir, CERDOS.

Son unos maleducados. Sin embargo, ay, sin embargo. Sin embargo ellos nos dan lecciones que nosotros no queremos asimilar. Lecciones de eficacia, de modernidad en muchos casos, de higiene, de silencio, de respeto, de trabajo. A nosotros, los del sur, nos encanta la fiesta, claro está. Nos encanta el bullicio, el ruido, la pereza. El sol nos adormece. Por eso la gran mayoría de problemas siempre suelen ocurrir en el Sur (véase el reciente caso de Grecia). Y siempre suele ser el Norte quien acude en su ayuda.

Esto es demagógico, claro. No todo es tan meridionalmente así. Sin embargo algo de razón existe en esta afirmación. Yo admiro el norte. Luego me molesta lo cuadrados que son y todo eso, pero en el fondo les admiro. Además les entiendo. Porque pertenezco a una tierra que es el norte del sur o el sur del norte. Por lo cual se perciben aquí las ingratitudes de ambos.

Me acuerdo de un excelente poeta catalán que cantó ese anhelo y ese amor por el Norte lluvioso y sin embargo eficiente. Salvador Espriu se llamó. Poeta que supo cantar a las Españas y al respeto necesario, que supo quejarse por todo lo provinciano que nos embarga cuando nos miramos demasiado el ombligo. Yo, como él, desde el sur apasionado y defendiendo lo bueno que tenemos, también adoro esa pulcritud del Norte, y aspiro a ella, y deseo que nos alcance.
"Oh, que cansat estic de la meva
covarda, vella, tan salvatge terra,
i com m’agradaria d’allunyar-me’n,
nord enllà,
on diuen que la gent és neta
i noble, culta, rica, lliure,
desvetllada i feliç!
Aleshores, a la congregació, els germans dirien
desaprovant: «Com l’ocell que deixa el niu,
així l’home que se’n va del seu indret»,
mentre jo, ja ben lluny, em riuria
de la llei i de l’antiga saviesa
d’aquest meu àrid poble.
Però no he de seguir mai el meu somni
i em quedaré aquí fins a la mort.
Car sóc també molt covard i salvatge
i estimo a més amb un
desesperat dolor
aquesta meva pobra,
bruta, trista, dissortada pàtria."

(Traducción al castellano)

"Oh, ¡qué cansado estoy de mi
cobarde, pobre, tan salvaje tierra,
y cómo me gustaría alejarme de ella,
hacia el norte,
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
desvelada y feliz!
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían
desaprobando: "Como el pájaro que abandona el nido,
así es el hombre que se va de su tierra",
mientras yo, ya lejos, me reiría
de la ley y de la histórica sabiduría
de mi antiguo y árido pueblo.
Pero no seguiré nunca este sueño mío
y permaneceré aquí hasta la muerte.
Porque soy también cobarde y muy salvaje
y amo también con un
desesperado dolor
esta pobre, sucia,
triste, desgraciada patria mía."

Pero viendo lo de Grecia en estos días me he acordado de otra máxima indiscutible. Que como nos muestra la historia quienes se enriquecen son cuatro y quienes pagan los platos rotos son siempre los mismos.

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A PROPÓSITO DE TRES ARTÍCULOS DE ANTONIO

>> 14/4/10

Recientemente se ha publicado en prensa la curiosa encuesta en que se revela que, de las diferentes profesiones y grupos sociales, los españoles desprecian fundamentalmente dos: el de los políticos y el de los okupas. No hablaré del segundo grupo. Porque la encuesta en cuestión me recordó las tres entradas que el amigo Antonio dedicó al tema hace un par de meses o algo menos.

Por otro lado debo decir que referirme a uno de los compañeros de Grito, a lo que escribió en su blog, me supuso una traba al principio, cuando pensé que seguramente era una muestra de ombliguismo imperdonable. Pero puesto que en el segundo artículo de nuestros Acuerdos se recoge que en este blog "pueden traerse y referenciarse entradas interesantes de otros blogs" decidí seguir esa indicación.

Me refiero a las entradas acogidas al título genérico de "De noble arte a oficio de la política". El primero de los artículos habla, tras constatar una crisis en el momento actual, de la nobleza que lleva implícita la tarea de ser servidor público, que eso es ser político en realidad. Sigue a continuación un análisis de las tres formas de organización política y social existentes; formas que convivieron efectivamente en los años 30 del siglo pasado y que colisionaron en la Segunda Gran Guerra: democracia, comunismo y nacional-socialismo. La segunda entrega recoge el triunfo de una de las tres formas y el hundimiento de las otras dos con todo lo que ello conllevará: neoliberalismo económico y globalización. De lo cual, añado yo, se derivan otros conceptos fundamentales como posmodernidad o relativismo. Y otras consecuencias que también Antonio recoge en su texto. Como la del político de izquierdas que "está jugando la partida en campo contrario, con unas normas que le atrapan e impiden desarrollar su propia política social, sujeto a la acometida de los medios si se desvía lo más mínimo". Es decir, la misma estructura del terreno de juego, de la realidad que nos circunda, obliga al político de izquierdas a desarrollar una labor contra el soplar general de los vientos de la realidad. Ese es el gran drama de las izquierdas en nuestro tiempo.
Por otro lado, según el autor, el hecho de que existan esos "supraestados" (multinacionales, banca) que son quienes tienen el verdadero poder que mueve el mundo, lleva a los políticos a desempeñar un papel totalmente rebajado: "si los gobiernos no tienen las manos libres para tomar las decisiones que mejor convengan al conjunto de los ciudadanos (...) el noble arte de la política pasa a ser un “oficio”, una actividad sujeta a los designios del señor dueño del poder real". Ese es, según Antonio, el elemental motivo que impide que los políticos nobles y entregados, aquellos que justamente podrían dignificar su tarea, se vean degradados y empujados al saco común de la minoría: los corruptos, los interesados, los aprovechados.

En el tercer y último artículo se repasan algunos de los excesos que se derivan de todo ello, así como las causas más notables: el poder del dinero, la pérdida de valores, la política económica agresiva, la ausencia de alternativas ideológicas tras la caída del comunismo... Por todo ello estamos como estamos.

La solución que propone Antonio pasa por la conciencia individual y colectiva, por lo que yo llamaría la creación de un verdadero tejido social formado por individualidades coherentes. Estoy totalmente de acuerdo. Ese es el camino: la coherencia, la entrega, la generosidad, la unión. Las grandes cosas vendrán por añadidura.

No tengo claro que ello sea posible. Frente a todo lo señalado por el autor de los artículos observo yo la sombra espantosa de la individualidad y del egoísmo. Individualidad y egoísmo significan caer en la ciénaga del status quo. Y no percibo en general la energía para unirse y caminar en otra dirección. Pero el empeño de los que gritamos en este blog y en tantos otros pasa muchas veces por hacer realidad esa voluntad que nosotros observamos como verdadera necesidad.
Antonio Azorín publicó hace cien años una novela emblemática que hablaba de otra crisis, la del 98. La voluntad, se llamaba esa novela que trataba también de formular los males sociales y buscarles un remedio fundamental. El gran error de los hombres del 98 fue seguramente su romanticismo: esperar soluciones mágicas y externas. Hoy sabemos ya que no. Es de dentro de donde debemos arrancar la pasión para transformar y crecer definitivamente. Sólo faltan tres cosas: que podamos un día ser muchos, que tengamos verdadera voluntad y que nos pongamos a ello.

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NO QUIERO SER ROMÁNTICO

>> 9/3/10

En gran medida somos hijos del Romanticismo. Nos dejamos llevar por la pasión, por la emoción, por el rapto del momento. Es así en todas las cosas de la vida. Las lágrimas gratuitas no nos ofenden, la exhibición emotiva no nos parece mal, y como ello vende, en algunos entornos acaban aprovechándose para caer en una verdadera pornografía emocional. En la reflexión social y política en muchas ocasiones ocurre también así. La pasión, buena y necesaria para el desarrollo de la vida, acaba ocupándolo todo. Y el ingrediente romántico, que aporta algo de sal, acaba transformado en protagonista y al final el plato no se puede consumir. El ser humano tiende a los excesos si no se contiene, y más en algo tan polarizable como la opinión política o social.

El exceso de romanticismo que nos apresa como si de una enorme y empalagosa mancha de almíbar se tratara afecta en muchas ocasiones a todo. O almíbar o sangre, que de todo entiende el romanticismo y a todo recurre para conseguir sus pretensiones. El romanticismo es escenificación, exageración, nocturnidad con alevosía, emoción susceptible, desgarro teatralizado, efectos luminosos impactantes, mixtura de voces y de discursos, quiebro y ruptura, grito y voces exageradas, variedad de formas, yo impetuoso, sentimentalismo tierno y sentimentalismo sangriento. El equivalente a todo ello se cuela en nuestro día a día. El debate cada vez es menos serio y depurado, menos contenido. Nuestra televisión se radicaliza en pos del espectáculo. Los noticiarios de Telecinco parecen una crónica ya amable ya escabrosa. La inteligencia recurre a argumentos claramente demagógicos. Y todo ello ocurre porque seguramente nos quedamos con aquellos ingredientes más previsibles y más teatrales del romanticismo. Con aquello que resulta más cómodo y que ya hemos asimilado como de buena educación o de educación pasable.

De esta forma todo aquello más interesante del romanticismo parece olvidado, o desgajado. La intuición por ejemplo, que sin pretender convertirse en ciencia, tan importante resulta. O la noche como propiciadora de embelecos. O los fantasmas de la imaginación, que nutren nuestras fantasías y nuestras literaturas. O el miedo gótico que no pretende usarse de forma mercantilista sino que es mero pasatiempo investigador de potencialidades humanas. O los puentes que tiende la intuición, que edifica la noche, que transita la pasión. Los montes de las ánimas que todos llevamos dentro. Pero ahora ya no. También lo mejor del romanticismo se ha prostituido. Nos quedamos con lo peor y lo mejor lo ensuciamos. Ahora la intuición sirve para sacar dineros a los crédulos, la noche para tomar coca, nuestras fantasías adolecen a veces de poca vitalidad, la soledad es un gran fracaso y el miedo sirve para que las farmacéuticas vendan el tamiflú.

Nuestros gritos (y cuando digo gritos digo lo que en los Lobos significa grito: queja, opinión, reflexión) se tiñen también de todos esos aspectos del romanticismo mercenario. Creo que resultaría fundamental que aprendiéramos todos a calmarnos, a sopesar, a ser juiciosos nuevamente. Propongo por eso quedarnos sólo con aquello enriquecedor del romanticismo, con lo que de digno tiene la empresa romántica, y emprender una vuelta a la Ilustración. Naturalmente no lo digo por los amigos de los Lobos; lo digo en un sentido general, social. Que la sociedad vuelva a ser un día un espacio ilustrado. Que apueste por el regreso a otras verdades menos impactantes pero más eficaces. Por el juicio, el rigor, la ciencia, el empirismo, la objetividad, la crítica, el orden, el progreso, el respeto, la pedagogía bien entendida.

Pero naturalmente si los valores positivos románticos podían ser prostituidos, y de hecho lo habían sido, ¿no van a serlo también los valores ilustrados, ya de por sí peligrosos según quién los afronte? Porque esa seriedad ilustrada tiene el peligro del fascismo, del ordeno y mando, del paternalismo, de la simplificación didáctica excesiva, del despotismo ilustrado. Esos son los peligros de los cuales debemos protegernos si optamos por volver a la Ilustración. Siempre protegiéndonos de algo, quizá de nosotros mismos. Pero cuando el hombre opta por volver atrás en realidad nunca vuelve. Va al pasado y toma de ese tiempo aquello que puede servirle para seguir avanzando. Y seguramente es cierto que ahora debemos buscar entre los Ilustrados porque los viejos valores ya no nos sirven. Se habla de esto en algunos medios. Y creo que más se seguirá hablando.

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