Democracia/-s
>> 31/7/11
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| Foto tomada de Internet |
La verdad ha sido siempre algo difícil de encontrar, de nombrar. Durante siglos, pensadores de distinta índole se han afanado en buscarla, en intentar descubrir sus procedimientos, a delimitar algunos de los intersticios por los que podría llegar a filtrarse. Todos la quieren para sí, por lo que se intuye que debe ser algo demasiado importante para que caiga en cualquier mano. De lo cual podría deducirse que aquél que posea la verdad tendrá el poder. Aunque, ¿y si sucediera a la inversa? ¿Y si aquel que ostenta el cetro de poder se encargara de poseer, o aún más, de producir la verdad?
Otro tanto similar ocurre con otro concepto: lo real. Filósofos y artistas se han preguntado a lo largo del tiempo acerca de la procedencia de lo real; dónde reside, dónde se encuentra. Y siempre ha sido difícil nombrarlo con certeza, determinar su verdad. ¿Será que la verdad y lo real caminan juntos de la mano?¿O será, sin embargo, que alguien se esfuerza en separar la verdad de lo real?
Ambas problemáticas, o la problemática en sí, hacen que nos cuestionemos nuestro lugar en el mundo como individuos en tanto que seres humanos pertenecientes a un código más o menos común denominado sociedad. Pero parece ser que el concepto de sociedad también está empezando a entrar en crisis, al igual que el concepto que durante largo tiempo nos ha mantenido sujetos a algo que parecía una verdad real, mediante otro concepto más o menos político denominado democracia. Teniendo en cuenta que la verdad y lo real han sido durante aquello que conocemos como historia del pensamiento occidental conceptos frágiles de significado relativo, parece ser que ha llegado el momento de cuestionarnos como sociedad democrática. Esta pregunta y no sus posibles respuestas es precisamente aquello que nos sitúa frente a la posible verdad acerca de la cual en el presente continuo en el que nos encontramos podemos decir que estamos en crisis. Es decir que aquellos conceptos que creíamos perfectamente asentados se encuentran en un proceso de cambio y por tanto en un estado transitorio hacia otros posibles significados y denominaciones de la realidad.
Si extrapolamos al marco actual toda esta serie de conceptos cuestionados, veremos que toda nuestra verdad anterior, o más bien, aquella verdad que pensábamos tan bien asentada se tambalea de tal forma que nos es difícil mantenernos en equilibrio entre tanto suspenso. Y es que, ¿qué ha ocurrido para que una sociedad clame a voz en grito “democracia real ya”? ¿Es posible requerir a diferentes gobiernos de diferentes países bajo este eslogan igualitario? ¿Ha sido igual la democracia francesa que la española, o que la griega, o la italiana, o la inglesa de la alemana? Si no sabemos qué es lo real, ¿sabemos qué es la democracia? ¿Cuál es su definición? ¿A partir de qué punto histórico democrático y de qué país podemos hablar de democracia? ¿Cuál sería nuestro modelo? Parece ser que lo único que tenemos claro es la capacidad de urgencia para presentar este reclamo, ya, ahora, tal es la característica que define a los individuos del siglo XXI.
En España hace 35 años de la instauración de la democracia, ¿ha sido irreal durante todo este tiempo? En Francia, fue la Revolución Francesa en 1789 la encargada de convertir al pueblo en ciudadanos, ¿ha sido irreal también? ¿Qué ocurre con Inglaterra después de siglos de cuna democrática? ¿Y con Alemania e Italia que recuperaron sus democracias con el fin de la II Guerra Mundial en 1945? ¿Y con países como la República Checa o Eslovenia que no se convirtieron en regímenes democráticos hasta la caída del muro de Berlín tras 1989? ¿Es posible, entonces, cuestionar la democracia de modo igualitario e idéntico en todo el conjunto de la Unión Europea? ¿A qué y a cuántos problemas nos enfrentamos? ¿Es democracia lo que debemos reclamar? O por el contrario ¿somos una pandilla de hipócritas que hemos permanecido durante tanto tiempo callados, y no hemos quebrado nuestro silencio democrático hasta que el bienestar económico ha empezado a quebrarse?
Fuere como fuere no puedo llegar a conclusiones aquí y ahora, ya. El problema es complejo y no requiere de urgencias para ser resuelto; la urgencia, a saber, es para actuar sobre aquello que podemos considerar como certeza, que no necesita de cuestionamientos previos. Sin embargo, creo que cada ciudadano de cada país de la Unión debería cuestionarse si es lícito pretender cambiar un sistema (aparentemente democrático) por otro sistema igual (democrático real), es decir si lo que se pretende es pedir un cambio para que todo siga igual.
Sólo una pregunta más, ¿fue socialismo aquello que se dio en denominar “socialismo real”?
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