Sapere aude

>> 24/9/10

En ocasiones cuando uno se toma un instante de reflexión, cuando detiene el mundo a su antojo para que éste no le devore a sí mismo, ocurren fenómenos imprevistos. O quizás no tanto. La cuestión es que, como todos sabemos, estos días son extrañamente complejos, enmarañados, confusos. Pero, ¿qué es lo que verdaderamente pensamos y sentimos como individuos al respecto? ¿Cómo nos afectan los acontecimientos históricos que acaecen diariamente?


A veces nos preocupamos más de aquello que los medios de comunicación pretenden que creamos que de nuestras propias creencias; tantas veces nos preopupa más lo que piensan los demás de nosotros, que nuestra verdadera persona, lo que nos conforma y realmente somos. A veces, todo, simplemente, se convierte en una mascarada esquizofrénica que es lo que está conformando esta sociedad nuestra de este principio de milenio. Y no, hay que decir basta, hay que decir no. ¡NO!
Existen algunos que se pretenden fuera del sistema, otros que  buscan acciones alternativas -alter, alter-, pero en muchas ocasiones es pura hipocresía, un engañabobos más para mantener la conciencia tranquila. Y uno no puede pretenderse tranquilo cuando se está mintiendo a sí mismo - a su moi même, que decía Lacan. "Alter" no significa más que lo otro, pero que ocurre cuándo uno no sabe quién es, cuándo carece de identidad. Y no me refiero al juego de identidades políticas tan de moda últimamente. Yo no soy yo porque lo diga una bandera o una frontera. Yo no soy yo porque petenezca o no a un partido político. Yo no soy yo porque le arranque las marcas a la ropa cara, ni porque tenga un puesto laboral más elevado que otro. Buscamos "lo otro" para anular las diferencias, cuando en realidad nos estamos anulando a nosotros mismos. Buscamos "nuestra identidad", cuando en realidad lo único que hacemos es formar parte de un juego maquiavélico en el que algunos quieren que entremos y conseguir así sus propóitos. Al fin, más control y poder sobre el individuo.
Por eso os invito a reflexionar acerca de estas cuestiones, os invito a pensar, pero a pensar por vosotros mismos, sin condicionamientos externos. Hay muchas preguntas y muchas dudas tras estas palabras, muchas cuestiones concretas, pero todos las conocéis sobradamente. Retornar a las esencias y buscar las claves en las preguntas esenciales de los filósofos antiguos; ése podría ser un verdadero punto de partida.

¡Conozcámonos a nosotros mismos!



14 comentaris:

Darío 24 septiembre, 2010  

Muy reparador leerte.
Pienso que los medios de comunicación, esos impresionantes monopolios que no informan, sino que construyen una "realidad" a su manera, son como sellos (hoy chips)que nos ponen en la cabeza para que repitamos un discurso a conveniencia.
Es necesario, en algún momento, sentarse, apagar la tele, la radio, dejar el diario, y pensar por sí solos, para, al menos, intentar "comprobar" si eso que nos dicen, suceden realmente.
Un abrazo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI 24 septiembre, 2010  

¡Ataulfa! Cada día entro en tus "crónicas" y siempre encuentro el poema.

El sistema (personas con nombres y apellidos) es tan perverso que se encarga de que no tengamos tiempo para que pensemos en nosotros mismos. Por eso es muy oportuno y pertinente tu grito, y tu propuesta. Creo, de todos modos, que es necesario pensar también en nuestra relación con los demás, en el papel social de cada uno, en las capacidades de cada cual para poder ejercitar la introspección que sugieres.
Aun así, opino que ya hay poco tiempo para la reflexión. Esto lleva mal camino, y no quiero ser agorero. Llevamos demasiado tiempo teorizando y analizando y me parece que, en lo esencial, las cosas estan muy pero que muy claras. Conciencia de la situación, comunicación social, imaginación para la acción, organización, y compromiso. Yo mismo no sé si cumpiría uno solo de los elementos de este pequeño programa.
Bueno, eso es lo que pienso Ataulfa.
¡salud!

Camino a Gaia 24 septiembre, 2010  

Me pregunto si es posible conocernos a nosotros mismos sin condicionamientos externos. Es posible que la individualidad sea un mito que se sostiene solo a una determinada escala y que por eso nos aferramos a esa tabla salvadora que llamamos egoísmo. Quizá como muchas palabras que tienen la misma terminación, el egoísmo solo sea la respuesta a un miedo, al miedo a formar parte de algo, a participar aún a sabiendas de que por fuerza nuestro ego enfrenta así un proceso de disolución, el vértigo que sentimos cuando desde el mas alto edificio miramos a nuestros congéneres y como, a tan solo unas decenas o centenas de metros, descubrimos la inmeRsidad, nos sabemos inequívocamente inmersos en otra escala. Hay otras escalas en las que definir nuestra razón de ser, nos inquieta aún más. Nos hemos educado, incluídos los filósofos antíguos, sin escalas intermedias. Primero Dios, que creó el universo solo para nuestros ojos. Éramos entonces adoradores, súbditos de un solo Libro. Ahora que Dios no está, muchos tratan de apuntalar su fe con la destrucción, si fuera necesario, de toda crítica. Sin embargo, nuestros desperdicios nos devuelven a la magnitud de nuestra arrogancia. Preferiríamos enfrentarnos a un honroso apocalipsis en vez de a esta inexorable putrefacción de los desechos de nuestra libertad. Quizá debamos afrontar lo que somos a esa escala intermedia que es nuestro propio planeta, asumir que nuestra cacareada inteligencia nos hace responsables de nuestros despropósitos a todas las escalas. La pregunta de los antíguos filósofos "¿Que somos? no será una pregunta que yo me atreva a responder en nombre de otros. Sin embargo, nuestro ser parece que a lo largo del tiempo ha mostrado un signo cambiante y evolutivo. Incluso en una corta vida la respuesta a esa pregunta difícilmente será la misma en nuestra infancia, pubertad, adultez o ancianidad.
Se me ocurre por tanto que la única pregunta constructiva sería ¿qué podemos llegar a ser?

Eastriver 24 septiembre, 2010  

Ataúlfa, qué esperanzador resulta siempre leerte, y qué ilusión si lo hago en este blog que ya es también tuyo. Y yo, que siempre he manifestado mi desapego por el romanticismo y mi querencia de todo lo ilustrado, me siento como un pez en el agua nadando entre las letras del Sapere Aude.

Mas sin embargo... ay, sin embargo. A priori estoy totalmente de acuerdo, pero al tratarse de una cosa suficientemente vaga como para que cada uno la llene de las significaciones apetecidas, para ti significará una cosa y para el vecino otra. Y donde tú veas condicionamientos externos igual yo no se los veo. Y donde los veo yo, posiblemente tú no. Lo cual equivale a decir que estamos en pelotas frente a nuestra conciencia. Yo creo que lo único que necesita la humanidad para salvarse es conciencia (no la tiene, si la tuviera las cosas irían de otro modo, desde lo social, a lo político o ecológico). Mira, toda la vida luchando por la acción, creyendo en la colectividad, y al final caigo en lo que no me gusta, en ese regusto romántico que hace un siglo esperaba al cirujano de hierro y que ahora espera lo único que puede: que los dioses nos iluminen y dejemos de ser menos humanos y más personas. En serio que ya creo solamente en el mesianismo, jaja. Es broma, pero algo de ello hay. Como puedes ver, soy un ejemplo de ilustrado que acaba esperando que la conciencia global se ilumine por el medio que sea. O igual pongo todas mis esperanzas en otra forma de conocimientos, menos intelectual y más sensitivo (que no sentimental).

Genial entrada. Qué bueno será discutir todo esto con un café, como la otra vez. Petons.

Edmundo 24 septiembre, 2010  

Que la conciencia global se ilumine, dice Ramón. Yo también espero eso, y sin embargo, como el Pobrecito Hablador, tengo la sensación terriblemente escéptica de que ya estamos perdidos. El triunfo de las islas que "viven para sí y sólo para sí" es irrefutable. Abrazos.

RGAlmazán 24 septiembre, 2010  

Hay que ser uno mismo, y eso conlleva no claudicar ante los dioses que hoy nos quieren succionar.
La uniformidad es algo que siempre pretende el poderoso, le allana el camino para implantar su dominio.
Lo que no quiere decir que no podamos pertenecer a colectivos determinados, siempre que salvemos nuestra identidad y no la sometamos para aparentar igualdad.
La igualdad se ha de dar en los derechos y los deberes como persona.

Salud y República

Jordi Pascual Morant 24 septiembre, 2010  

Los griegos en lugar de televisión tenían la retórica que era otra forma de engaño, sí, más educada. En todos los tiempos vemos cómo el hombre es proyectado o engullido por el movimiento de las placas tectónicas de su imaginación. Te animo a emerger como una gran roca sólida que divise el horizonte en paz.
un abrazo

Anónimo,  24 septiembre, 2010  

Gracias a todos por vuestros comentarios en este primer día de estreno; resulta muy alentador. Obviamente respeto las opiniones de todos, está claro.
Mi intención era la de proponer un desafío, un ejercicio que parece olvidado en esta época (post)moderna. El conocimiento, el verdadero, está denostado casi por completo. Sólo funciona la máscara, es la única pragmática dominante. He recurrido a los griegos porque las preguntas esenciales parten de ellos y eso, creo, no ha cambiado nada. No somos especiales; otros tantos, a lo largo de la historia han pasado momentos difíciles y han logrado zafar. Pero ¿quiénes zafan? Los que son fieles a sí mismos. Que cada cual se aferre a su propio clavo ardiendo. Pero para conocer a los demás, para colaborar de veras con el resto, lo primordial es saber, conocer y por supuesto saber quién eres, quiénes somos.
Este texto pretendía ser una reflexión, un buceo en las profundidades. Hay muchos temas candentes y todos sabemos cuáles son y a vece no es necesario mencionarlos todo el tiempo. Lo importante es que si verdaderamente supone un problema, encontraremos la solución. Y sin conocimiento, la solución no existe.
Es obvio que existen condicionamientos externos que nos afectan, pero es necesario detenerse y ver en qué medida. Si sólo somos un reflejo en un montón de espejos quebrados acabaremos autodestuyéndonos. Y yo, al menos, no lo quiero. Deseo pensar por mí misma, analizar lo que ocurre y no dejarme arrastrar. En realidad, es lo único que pretendía con este texto, que la gente piense, pero piense para sí.

Un abrazo a todos.

Isabel Martínez Barquero 25 septiembre, 2010  

Brillante entrada, Ataúlfa, por la que me he deslizado con sumo placer.
Estoy absolutamente de acuerdo contigo, pues no se puede ir en contra de uno mismo. El "conócete a ti mismo" de Sócrates es una de las frases que jamás debemos perder de vista.
Un abrazo de bienvenida a esta casa común.

Anónimo,  26 septiembre, 2010  

Gracias Isabel, me alegro que hayas disfrutado con esto que escribí con y desde el corazón.
Un abrazo para ti, también, y gracias por la bienvenida.

Ciberculturalia 27 septiembre, 2010  

Importante reflexión, Ataulfa. Es cierto que la mayoría de las ocasiones nos sentimos mejor viendonos reflejados en la aceptación ajena que siguiendo nuestras propias tendencias e incluso convicciones.
El exterior es poderoso y el sentido gregario de nuestra sociedad aún lo es más. Seguir un propio camino significa en ocasiones un "tránsito" solitario.
Sin embargo, es esencial esta reflexión que nos propones y que nos situa en ese punto, muy bien llamado "esquizofrénico", en esa disyuntiva de ser lo que somos o de aparentar lo que querríamos ser e incluso de paracer lo que otros esperan de nosotros.
Gracias por incitarnos a esta reflexión.

Un beso

Anónimo,  27 septiembre, 2010  

Sí, Ciber, el camino hacia uno mismo es solitario y muy difícil. Creo que es hora de enfrentarse a ese cuadro escondido tras una tela gruesa, oculto en un cuarto oscuro, y clavarle el puñal.

Un beso

Antonio 28 septiembre, 2010  

Ataúlfa, te felicito por ese reto que elicita a la reflexión. He leído tu entrada y los comentarios que me preceden. Creo que somos de visión politópica, como es natural, lo que me llena de satisfacción porque cada uno aporta algo al todo, como debe ser. Me felicito de haber leído los otros comentarios y nutrirme de ellos.

Yo, por mi parte, ya que hablas de Lacan, me atrevería a decir que en la segunda tópica de Freud puede estar el inicio de una comprensión de la conducta social y privada humana. No somos lo que somos, porque somos el resultado de lo que hay. Es decir, cada uno debería intentar ser uno mismo, pero el entorno condiciona y fragua un Super-Yo que configura nuestro mundo contra nuestra propia esencia. El Ello se domina para encauzarlo y se somete bajo la represión. Ante la represión aflora la rebeldía o el conformismo. Pero existe una gran verdad, como es la necesidad de socialización y el sometimiento, consecuente, a las normas que estable la sociedad de referencia. No somos nada sin los demás, solo indefensos sujetos ante el entorno. Los demás nos piden precio y nosotros lo pagamos.

Pero en ese intento de equilibrar el mí mismo con el otro que desean los demás, anda el juego de la gestión del conflicto de la vida. Nos preocupa lo que los demás puedan pensar de nosotros. Forjamos una heteroimagen, nos creamos una idea de lo que los demás piensan de nosotros y en función de ello vamos actuando, hasta creer situarnos en el lugar que nos corresponde. Vivimos hacia fuera y somos vulnerables en tanto, desde fuera, se dirige la moda y el modo de comportarnos. Buscarnos a nosotros es una abstracción del entorno para poder meditar y plantear nuestra propia esencia sin ser mediatizados por esas normas impuestas. Así, solamente, se podrá ser libre, cuando el desarraigo de lo material nos permita la libertad de expresar y pensar libremente, sin miedo al castigo, al destierro social y al desprestigio, a la marginación y pérdida de los recursos para nutrir el cuerpo.

Pero, claro, eso choca con los principios y valores de nuestra cultura, basados en el sometimiento y la entrega a los demás, a las patrias, banderas, religiones, grupos de poder y estructuras sociales. El resto es cuestión de gestionarlo hábilmente por el poder. Cubiertas tus necesidades básicas qué más te importa… te dicen, y frustran tu propio desarrollo individual.

Será necesario que surja otra cultura, otra sociedad donde se cambien esos valores de “sometimiento altruista” y, en lugar de servir, se haga el intercambio nutriente para ambas partes. El amor no es dar, el amor es compartir, nos han engañado los curas y ministros de ese dios imaginario inventado para servir al poderoso y acojonar y reconducir al débil. Cuando das cobras, cuando recibes pagas, a corto o largo plazo. Necesitamos una sociedad donde las normas funcionales no sean represoras, de sumisión, sino que se fomente la espiral de potencialidades de cada sujeto hacia su propio desarrollo, donde la suma de las libertades individuales lleve a la libertad social. En todo caso, esas normas deberían ir enfocadas a ello y no al servilismo del más débil al más fuerte.

En fin es un tema superinteresante que tiene muchos y variados enfoques. Espero que este mío dé, también, que pensar en otra dimensión.

Un abrazo y bienvenida a este club de librepenadores que busca acercarse, entre todos a esa verdad universal, si es que existe, claro.

Un abrazo

Anónimo,  13 octubre, 2010  

Hola, Antonio, perdona el retraso, pero no había visto el comentario.
Sí, claro estoy de acuerdo con tu visión, aunque ya te conté un día que soy más jungiana que freudiana o lacaniana ;)))
Lo que ocurre es que creo que vamos derechitos al uniforme azul, enfocados por cámaras y traicionados por nuestros iguales (tipo 1984, pero más allá). De manera que en tanto se transforma esto que se llama sociedad, escribí esto porque estoy en un proceso de averigüación, de búsqueda interior. No quiero sentirme aterrorizada ni entrar en pánico porque el mundo a veces parece que vaya a desmoronarse.
Sin embargo, prevalece la esperanza, la esperanza en un acontecimiento inesperado que cambie todo esto de rumbo.
Yo ya no quiero ser lo que los demás quieran que sea, lo que la sociedad espera y al final no te da. ¡No! Yo quiero ser quien soy.

Un abrazo.

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