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El PERITO RATZINGER

>> 14/10/10


El 11 de octubre se cumplieron 48 años de la inauguración del Concilio Vaticano II, el último que ha celebrado la Iglesia Católica, y que convocado por Juan XXIII, pretendió ser un “aggiornamiento” de la misma. Casi medio siglo después, es ya un tiempo relativamente suficiente para tener una visión global de lo que fue aquel acontecimiento y de lo que ha pasado después.


Me importan las cosas de la Iglesia Católica, porque me guste o no, es una institución que en el mundo, sobre todo en determinados países, tiene una enorme influencia. Por supuesto me refiero a su actividad terrenal, ya que, la teológica y pastoral corresponde a otra esfera en la que no entro.

El examen de los resultados del Concilio, después de tantos años es, en mi modesta opinión, decepcionante porque no se ha logrado prácticamente nada de lo que entonces se propuso como prioridades. Hay poco avance en ecumenismo, poco en la apertura de la Iglesia a los movimientos sociales y preocupante y notable retroceso en aspectos como la homosexualidad, el celibato y el acceso de las mujeres al ministerio eclesial, por citar algunos ejemplos.

Tal vez, uno de los mejores exponentes del fracaso del Concilio ha sido la evolución de uno de los personajes que en aquellos primeros años de la década de los sesenta, junto a Karl Rahner y Hans Küng, sin ir más lejos, causó verdadera sensación.

Se trataba de un joven (35 años) profesor de Teología alemán de nombre Joseph Ratzinger. Fue nombrado por el cardenal de Colonia, Josef Frings, como perito y aceptado por el papa Juan. Ratzinger formó parte de eso que se dio en llamar grupo del Rhin, formado por teólogos alemanes, del Benelux y del norte de Francia, frente a los del Tiber, fundamentalmente formando por los italianos, apegados a la curia y el “aparato” y los españoles, integristas y dominados por el franquismo.

Por cierto que, pese a que las deliberaciones eran secretas, algunas trascendían Hay una muy curiosa: los representantes españoles Casimiro Morcillo y José Guerra Campos, intentaron sin éxito que se hiciera una condena expresa del marxismo en el Concilio. Guerra Campos intervino , como consultor que fue del Episcopado hispano, sobre el ateísmo marxista, Es verdad que también estuvo Vicente Enrique y Tarancón. Parecían tiempos de convivencia.

Sin embargo, ¿quién le iba a decir al “radical” perito Ratzinger que acabaría presidiendo el Santo Oficio, aunque con el menos escandaloso nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe y, desde allí, relegaría al silencio a su amigo y colega de entonces, el suizo Hans Küng.

Aún se recuerdan las palabras de un discurso de Ratzinger que levantó verdaderas ampollas en el Vaticano cuando dijo que había que acabar (sic) con los métodos utilizados por el Santo Oficio que “escandalizaban al mundo” en alusión al Cardenal que entonces lo presidía, el ultra retrógrado Alfredo Ottaviani, uno de los cardenales más integristas que se pueda recordar.

Hace ya años que no me cabe duda de que el Vaticano II quedó en un intento, en un más que considerable fracaso, y en algunos aspectos en una auténtica burla a los que creímos en la renovación de la Iglesia.

Es posible, por seguir con las especulaciones, que la explicación la encontremos en el propio Ratzinger. En una entrevista que le hizo un periodista alemán y que se publicó en forma de libro con el titulo “la sal de la tierra”, el hoy papa Benedicto XVI, reconoce que hubo un miedo atroz a que la Iglesia perdiera su condición de institución salvífica para ser una especie de aliada del marxismo y la revolución.

Por supuesto, en la entrevista, Ratzinger, no ahorra duros calificativos para los “causantes” de este desastre: los teólogos de la Liberación, que, según él, sólo hacían política en nombre de Cristo. Curiosa argumentación para quienes hacen política desde hace siglos.

Prefirieron seguir en alianza con el poder, cerrar los ojos, eliminar cualquier tentativa de cambio, acabar con el movimiento cristiano de base y, por supuesto, eliminar la treología de la liberación.

Porque, y esto es cierto, una de las consecuencias más positivas del Concilio fue el acercamiento de la Iglesia a los pobres, a los desfavorecidos, a los oprimidos y a los desterrados de la tierra. Es decir, al mensaje original, por mucho que Ratzinger reniegue ahora del mismo.

Para los pueblos de Iberoamérica la teología de la liberación fue precisamente eso: liberación. Lucha contra las tiranías, contra la constante violación de los derechos humanos, de los indignenas, de las mujeres, los niños, los trabajadores. Lucha contra el hambre y la miseria.

Eso fue lo que asustó a la Iglesia vaticana que se puso a trabajar frenéticamente para extirpar cualquier intento de llevar a los desvalidos la palabra de Cristo. Aún recuerdo a Woityla abroncando a Ernesto Cardenal de rodillas en una visita a Nicaragua. Aún recuerdo al asesinato de monseñor Romero por el fascismo, el calvario de Leonardo Boff y monseñor Casaldiga.

Woityla fue el enterrador de lo que quedaba del concilio, con la inestimable ayuda de quien una día fue uno de sus mayores apoyos, un joven perito alemán que quería acercar la Iglesia al pueblo.

Hoy, casi cincuenta años después, el Vaticano II es sólo un grato recuerdo para los que esperaron en vano que, por fin, algo cambiara en Roma.






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ROBESPIERRE Y LA MEMORIA HISTÓRICA

>> 30/6/10

Maximiliano Robespierre en un discurso pronunciado el tres de diciembre de 1792 ante la Convención con motivo del proceso a Luis XVI, dijo que si se juzgaba al rey y se le declaraba inocente de sus crímenes, entonces, era la República la culpable y en qué lugar quedaba la misma revolución.

Evidentemente, han pasado muchos años y nuestra perspectiva de la justicia ha cambiado a tono con los tiempos. Hoy nos parecería, como espíritus alejados de cualquier dogma que intentamos ser, indigno condenar a alguien sin las suficientes garantías procesales, por muy claros que nos parecieran sus crímenes y, desde luego, rechazamos con razón la crueldad de la pena de muerte.

Sin embargo lo importante no está tanto en el cambio de las formas, sino en el fondo de la cuestión que. a mi juicio,  permanece sin alteración, ya que de la Revolución Francesa, proceden buena parte de los principios cívicos que hoy nos son tan caros a los demócratas.

Vene esto a cuento de que en el pasado fin de semana, el estado español con su jefe a la cabeza, ha rendido homenaje a las víctimas del terrorismo. Esto es algo encomiable, justo y necesario en cualquier sociedad civilizada.  Incluso,  aunque entre esas víctimas,  estén torturadores indignos que fueron esbirros de una terrible dictadura.

Pero, con ser esa circunstancia indeseable, lo es mucho más que, de nuevo, se ha homenajeado sólo a una serie de víctimas, mientras que otras muchas, o sus descendientes, siguen esperando el correspondiente reconocimiento. Y,  es aquí,  donde esto enlaza directamente con esa parte del discurso del gran líder jacobino y que me parece que aún es valida.

Porque si el actual régimen español, con sus primeras autoridades al frente, hiciera un tributo histórico y declarara con contundencia la injusticia a la que se sometió a las víctimas del franquismo,  que lo son tanto como las de ETA o el Grapo,  por ejemplo,  se estaría condenando a sí mismo.
Y,  es este y no otro su gran problema; esta y no otra su gran contradicción y, es este y no otro, su pecado original: este régimen es ilegítimo porque procede de una dictadura sanguinaria que no ha sido condenada por muchos de los que hoy son los representes del pueblo soberano y, si reconoce la injusticia con las víctimas del régimen del que procede, está admitiendo su culpabilidad. Asi que reconocer la inocencia ajena es, en este caso, admitir la propia.

Porque si las más altas magistraturas del estado repudian el régimen franqista, reconocen implicitamente que caulquier acto,  por muy envuelto que venga en presuntos acuerdos constitucionales,  está contaminado por un crimen inicial,  que no se limpia con el pacto o el silencio, sino con la condena, como poco moral y necesariamente pública y explícita,  de ese mismo regimen.

De ahí que, hasta ahora, cualquier intento de dignificar, que es una manera muy sencilla de rendir homenaje a las víctimas del terrorismo franquista, haya sido destinada al más absoluto de los fracasos, haya llevado a un juez, al margen de otras actitudes suyas, al una especie de exilio voluntario, y en muchas ocasiones se convierta en actos aislados de personas que tienen que actuar casi en el silencio de la clandestinidad.

No puede quedar la condena del franquismo sólo con declaraciones privadas, tiene que exisitr una delcaración inequívoca, clara y absoluta. 

El régimen monárquico del 18 de julio tiene, para salvarrse,  que condenar a Garzón porque de lo contrario sería él mismo el condenado por la evidencia de su origen que es un golpe de estado, una guerra civil y 40 años de totalitarismo.

Claro que todo esto no pasa de ser una cuestión de ética que no va a alterar para nada el statu quo actual, en el que prevalecen intereses ajenos a la justicia histórica que, eso sí, aplicamos a los demás con tanta severidad.

El ejemplo más despreciable de todo esto es, sin duda, el presidente del Congreso de los Diputados, quien más papista que el Papa, se dedica a vetar e impedir, en claro desafuero moral, que cualquier intento de homenaje se realice justo en el lugar en el que debería ser más significativo: la casa de la soberanía popular.

No nos hagamos ilusiones, no esperemos nada de este tinglado tardofranquista con apariencia de democracia parlamentaria. España sólo se liberará de la vergüenza de la dictadura, cuando no quede de ésta ni el más mínimo vestigio, ni de personas, ni de instituciones que la perpetúan.

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EL USURPADOR

>> 29/5/10

Es muy posible que Josep Antoni Durán Lleida tuviera una gran parte de razón cuando hace poco más de 48 horas dijo que lo peor que podría suceder ahora en España es tener que celebrar unas elecciones anticipadas. Pese a que algunos se puedan extrañar, dada mi posición política, estoy de acuerdo con la afirmación del político catalán, aunque también sé que él tiene un interés muy personal en este asunto.

En lo que ya no estoy tan de acuerdo es que sería nefasto que España de quedara ahora sin gobierno, por la sencilla razón de que para los efectos, está ya sin gobierno salvo que se considere que los irresponsables que pretenden ejercer como tal, lo sean en realidad.

Un gobierno, dentro de un sistema parlamentario democrático, se sustenta en la soberanía popular, que se manifiesta a través del sufragio universal. Los ciudadanos elegimos a nuestros representantes que, previamente, nos han propuesto un programa con el que tenemos una cierta afinidad.

Podemos esperar que ese gobierno, salido de la voluntad de la mayoría, ejerza su función de acuerdo con las promesas que ha hecho durante la campaña electoral.

Ahora bien, si ese gobierno, hace dejación de su programa y gobierna al dictado de quienes no le han elegido y manifiestamente en contra de sus electores y de la población en general, deja de ser gobierno para convertirse en una pandilla de usurpadores.

Si a esto le añadimos que ese gobierno recurre al engaño, a la estafa, a la mentira, a la ocultación de datos, a la demagogia y al enfrentamiento sibilino entre las distintas capas sociales, entones, además de usurpador es criminal.

Causa vergüenza ajena, que toda una ministra de Economía mienta deliberadamente al decir que una rectificación sobre la marcha de las medidas de reducción del déficit que prohibía a los ayuntamientos endeudarse de forma inmediata era consecuencia de una errata.

Pero mucho mas estupor causa que horas después el propio presidente del Gobierno y el vicepresidente Manuel Chaves, la descubrieran al decir que de equivocación nada de nada. Que han rectificado tras las protestas de muchos alcaldes.

Causa verdadero pavor que una llamada de Barack Obama haya sido el motivo por el que ZP haya llevado adelante una serie de recortes que no tienen precedente y que hacen recaer sobre los funcionarios y los pensionistas un tijeretazo en su nivel de vida, sin que tengan la más mínima responsabilidad en la causa de todo esto.

Produce verdadero espanto que se pueda decir se estudiará un impuesto “cuando sea oportuno” para que los que más tienen contribuyan algo más al esfuerzo colectivo que a otros se impone por decreto.

Y, por no seguir, resulta indignante acudir a las hemerotecas y ver lo que ZP y Solbes decían hace menos de tres años sobre la economía y el futuro de los españoles, sobre todo de los jóvenes.

Estas y otras razones, serían ya suficientes para desear que esta caterva desapareciera de nuestras vidas cuanto antes mejor y dejara de una vez de ser un motivo de preocupación para la mayor parte de los españoles.

Pero, efectivamente, ahora sería hacerle un favor a ZP sacarle de la Moncloa y eximirle de su tarea como responsable de la gobernación del país. No, tiene que quedarse hasta el final, tiene que asumir su responsabilidad, tiene que cumplir con su obligación. Ya habrá tiempo suficiente para pesarle la correspondiente factura.

Hasta ese momento, hasta que llegue el día en que desaparezca de la política y pase al olvido, tiene que dar la cara cada día, y escuchar las quejas de todos a los que ha engañado. Hasta ese momento no hay que darle ni un minuto de respiro.


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CALDO DE CULTIVO DEL MAL

>> 10/4/10

Somos muchos los que vemos, con una mezcla de profunda preocupación, no exenta de asombro, el paulatino avance de la extrema derecha en Europa, tanto en el este como en el oeste, lo mismo en unas elecciones generales, en unas comarcales, regionales o locales.

Y, sin embargo, a poco que nos molestáramos un en recordar la historia, llegaríamos a la conclusión de que, en estos últimos años, se ha ido preparando un caldo de cultivo que permite que hoy percibamos el avance de partidos que recuerdan a los fascistas y nazis de tiempos pretéritos que, justo es decirlo, jamás pensábamos que podrían retornar.

Evidentemente, no se trata de organizaciones, salvo minorías folclóricas aunque, eso sí, muy violentas y peligrosas, que reproduzcan miméticamente el discurso hitleriano y toda su parafernalia. Al menos por ahora.

Pero, el fondo, es el mismo. Han cambiado el objetivo, la víctima: ayer era el judío y hoy es el inmigrante; ayer era la preservación de la raza aria y hoy es la salvaguarda de los valores occidentales en riesgo. Ayer había que lograr más espacio vital y hoy debemos empezar a arrojar a los inmigrantes fuera de nuestros países.

¿Cómo es posible haber llegado a esta situación? No es tan difícil la respuesta o, mejor dicho, las respuestas porque, evidentemente, hay más de una.

En los últimos años ha se ha venido generando una crisis, cada vez más clara por la presencia de inmigrantes en los países europeos. Algunos llevan ya mucho sumidos en ese problema. Como es el caso de Francia y Alemania y otros, como Italia y España se han incorporado más tarde pero con igual problemática.

Además, durante los últimos dos años, se ha venido a sumar un enemigo terrible: la crisis económica que deja en el desempleo a millones de ciudadanos en toda Europa con la consiguiente desesperación y, sobre todo, miedo.

Recordemos un hecho que aparentemente no tiene mucha relación con lo que se plantea ahora. La República de Weimar, precedente democrático del nacional socialismo. Muchos se preguntan cómo fue posible que eso pasara en la culta y preparada Alemania donde los trabajadores estaban muy bien organizados.

La situación era entonces (1929-1933) en Alemania muy similar a la que se viven ahora. Crisis de 1929, desconfianza en los partidos del sistema (como lo llamaban los nazis), presencia de un enemigo interno (judío), perdida de valores del Volk y presencia indeseable de todo tipo de untermenschen y degenerados.

Qué tenemos hoy según las organizaciones derechistas extremas? Inmigración incontrolada que quita empleo a los nacionales, camas en los hospitales y puestos en las guarderías y colegios públicos que, a su vez, pierden calidad por su presencia. Además son los causantes de la mayor parte de los delitos y de la inseguridad ciudadana.

Perdida de valores: ya no hay respeto por nada ni por nadie. Los jóvenes se emborrachan en los botellones de fin de semana y son la generación ni-ni. Esto ocasiona que se dedique a la drogadicción y al delito. Se quiere cambiar la Ley del Menor y bajar la responsabilidad ¡a los 12 años!

Y por último no hay que olvidar a los homosexuales, lesbianas, bisexuales, pacifistas, ecologistas, etc. y todos los anti-sistema que con sus posiciones degeneradas devalúan la sociedad y hacen que pierda virilidad y fortaleza.

Todo esto, bien aprovechado por algún avispado populista, envuelto en el papel de celofán de la Constitución, la vuelta al respeto, a la tradición, nos lleva directamente y paso a paso a la derechización extrema de la sociedad.

Se piden ya cadenas perpetuas, pena de muerte para determinados delitos, mano dura con los inmigrantes y, en resumen, recorte de las libertades individuales y colectivas.

Y se sienta en el banquillo de los acusados a quienes pretenden investigar, sólo investigar, los crímenes del franquismo.

Puede parecer que exagero pero lo mismo pensaron muchos alemanes y cuando quisieron reaccionar fue tarde. Weimar no está tan lejos y si lo olvidamos estamos condenados a que se repita.



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