ROBESPIERRE Y LA MEMORIA HISTÓRICA

>> 30/6/10

Maximiliano Robespierre en un discurso pronunciado el tres de diciembre de 1792 ante la Convención con motivo del proceso a Luis XVI, dijo que si se juzgaba al rey y se le declaraba inocente de sus crímenes, entonces, era la República la culpable y en qué lugar quedaba la misma revolución.

Evidentemente, han pasado muchos años y nuestra perspectiva de la justicia ha cambiado a tono con los tiempos. Hoy nos parecería, como espíritus alejados de cualquier dogma que intentamos ser, indigno condenar a alguien sin las suficientes garantías procesales, por muy claros que nos parecieran sus crímenes y, desde luego, rechazamos con razón la crueldad de la pena de muerte.

Sin embargo lo importante no está tanto en el cambio de las formas, sino en el fondo de la cuestión que. a mi juicio,  permanece sin alteración, ya que de la Revolución Francesa, proceden buena parte de los principios cívicos que hoy nos son tan caros a los demócratas.

Vene esto a cuento de que en el pasado fin de semana, el estado español con su jefe a la cabeza, ha rendido homenaje a las víctimas del terrorismo. Esto es algo encomiable, justo y necesario en cualquier sociedad civilizada.  Incluso,  aunque entre esas víctimas,  estén torturadores indignos que fueron esbirros de una terrible dictadura.

Pero, con ser esa circunstancia indeseable, lo es mucho más que, de nuevo, se ha homenajeado sólo a una serie de víctimas, mientras que otras muchas, o sus descendientes, siguen esperando el correspondiente reconocimiento. Y,  es aquí,  donde esto enlaza directamente con esa parte del discurso del gran líder jacobino y que me parece que aún es valida.

Porque si el actual régimen español, con sus primeras autoridades al frente, hiciera un tributo histórico y declarara con contundencia la injusticia a la que se sometió a las víctimas del franquismo,  que lo son tanto como las de ETA o el Grapo,  por ejemplo,  se estaría condenando a sí mismo.
Y,  es este y no otro su gran problema; esta y no otra su gran contradicción y, es este y no otro, su pecado original: este régimen es ilegítimo porque procede de una dictadura sanguinaria que no ha sido condenada por muchos de los que hoy son los representes del pueblo soberano y, si reconoce la injusticia con las víctimas del régimen del que procede, está admitiendo su culpabilidad. Asi que reconocer la inocencia ajena es, en este caso, admitir la propia.

Porque si las más altas magistraturas del estado repudian el régimen franqista, reconocen implicitamente que caulquier acto,  por muy envuelto que venga en presuntos acuerdos constitucionales,  está contaminado por un crimen inicial,  que no se limpia con el pacto o el silencio, sino con la condena, como poco moral y necesariamente pública y explícita,  de ese mismo regimen.

De ahí que, hasta ahora, cualquier intento de dignificar, que es una manera muy sencilla de rendir homenaje a las víctimas del terrorismo franquista, haya sido destinada al más absoluto de los fracasos, haya llevado a un juez, al margen de otras actitudes suyas, al una especie de exilio voluntario, y en muchas ocasiones se convierta en actos aislados de personas que tienen que actuar casi en el silencio de la clandestinidad.

No puede quedar la condena del franquismo sólo con declaraciones privadas, tiene que exisitr una delcaración inequívoca, clara y absoluta. 

El régimen monárquico del 18 de julio tiene, para salvarrse,  que condenar a Garzón porque de lo contrario sería él mismo el condenado por la evidencia de su origen que es un golpe de estado, una guerra civil y 40 años de totalitarismo.

Claro que todo esto no pasa de ser una cuestión de ética que no va a alterar para nada el statu quo actual, en el que prevalecen intereses ajenos a la justicia histórica que, eso sí, aplicamos a los demás con tanta severidad.

El ejemplo más despreciable de todo esto es, sin duda, el presidente del Congreso de los Diputados, quien más papista que el Papa, se dedica a vetar e impedir, en claro desafuero moral, que cualquier intento de homenaje se realice justo en el lugar en el que debería ser más significativo: la casa de la soberanía popular.

No nos hagamos ilusiones, no esperemos nada de este tinglado tardofranquista con apariencia de democracia parlamentaria. España sólo se liberará de la vergüenza de la dictadura, cuando no quede de ésta ni el más mínimo vestigio, ni de personas, ni de instituciones que la perpetúan.

18 comentaris:

Ataúlfa Braun 30 junio, 2010  

Muy interesante Txema tu reflexión. Recordemos que el crimen fraticida constituye un acto fundante, profundamente anclado en el imaginario judeo-cristiano. Ahora bien, ¿fue sólo un fraticidio? ¿Cuántos intereses internacionales habían también en juego previa guerra civil, durante, post, transición, democracia? Si las instituciones españolas declararan una condena rotunda al franquismo, ¿qué diría/haría Europa?
Como siempre, aunque nos haga daño, no se trata únicamente de una cuestión "local", sino de algo que traspasa fronteras.
¡Salud!

Txema 30 junio, 2010  

Pues es de esperar Ataulfa que adoptaran la misma actitud que con situaciones semejantes.

¿Alguien cree que no es posible una condena radical del nacionalsocialimo, el fascismo o el estalinismo?

Y en épocas mucho más cercanas Videla, Pinochet, Pol Pot.

Por qué el borbón no condena tajantemente el franquismo? Me remito a Robespierre quien añadio que no se puede reinar (en esas condiciones) y ser inocente.

Creo, sinceramente, que este es el fondo de la cuestión. Si declaran la inocencia de los ajusticiados reconocen su complicidad, su culpabilidad.

saludos

RGAlmazán 30 junio, 2010  

Hace un par de días toqué el tema y me parece indignante. El embudo funciona y de qué manera. Para las víctimas republicanas de la dictadura franquista nada de nada. Se les niega el pan y la sal.
Y es que hay víctimas de primera y otras de tercera regional.

Salud y República

Txema 30 junio, 2010  

Vi tu comentario D. Kabi. Hay que insisitir en la indignidad de este régimen propiciado por franco.

saludos

Antonio 30 junio, 2010  

Estoy bastante de acuerdo con los argumentos e inquietudes que planteas en tu escrito. No se comprende cómo pueden hacer un homenaje a las víctimas del terrorismo sin hacer otro a las víctimas del franquismo, donde no fue solo terror lo que practicó sino tortura y secuestro de los derechos del pueblo. Si no se condena algo se transmite que se está de acuerdo con él y eso, a estas alturas, es terrible; que todavía quede gente que apoyo la conducta del franquismo es la engañifa más grande que se puede plantear en política democrática. Europa lo venció y condenó hace años, nosotros lo vivimos y algunos (los ganadores) lo disfrutaron mientras otros lo soportaron y padecieron.
Es un tema que me indigna y ya he dedicado varias entradas en mi blog al mismo, como “Quiero saber la verdad” (http://antoniopc.blogspot.com/2010/05/quiero-saber-la-verdad.html) o “La larga mano del caudillo” (http://antoniopc.blogspot.com/2010/04/la-larga-mano-del-caudillo.html). Lo sorprendente es que hablar de esto y exigir reparación ante esa injusticia, indigne a determinados colectivos descendientes del régimen, léase algunos religiosos, partidos de extrema derecha y al propio PP, que queda retratado con esta posición, pues si no condena expresa el apoyo al franquismo. ¿Estaremos en una sociedad tardofranquista?
Un abrazo

Eastriver 30 junio, 2010  

Txema, como sospechas aplaudo de la primera a la última línea. Seguramente en todo ello está la raíz de mi descontento e incomodidad con España. Puedo enumerar mil cosas, la más reciente el Estatut. Son todas ellas epidérmicas. En el fondo late la raíz de un estado manifiestamente de corte franquista. (Hoy en TC ha admitido a trámite el recurso pepero sobre la ley del aborto... es ese tribunal de las esencias que se carga sistemáticamente aquello en lo que creo, aquella visión de España que facilitaría que yo y muchos otros nos sintiéramos cómodos. Es un tribunal de las derechas que aleja toda posibilidad de un estado de tipo federal, respetuoso con las diferencias que, quieran o no, existen. Pero como digo todo ello es epidérmico: la raíz es la monarquía del 18 de julio como tú dices).

Ciberculturalia 30 junio, 2010  

Txema querido, estoy contigo en todos tus argumentos que ya también lo expuso Rafa en su blog. Es inaudito, aunque visto lo visto no debería llamarnos la atención, la doble vara de medir ante las víctimas. Todos de acuerdo con el acto en homenaje a las víctimas del terrorismo. Indignados sin embargo con la actuación en el Congreso ante el visionado de "Cultura contra la impunidad". Eso demuestra como en nuestro país la transición se cerró en falso. Y también muestra la calidad democrática de nuestro parlamento.
Estupenda entrada que a todos nos sensibiliza, al menos los que frecuentamos estos barrios.

Un abrazo

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI 30 junio, 2010  

Francia tuvo República porque guillotinó al rey. Francia fue vanguardia de los derechos del hombre porque guillotinó al rey. Con Francia se da carpetazo al antiguo régimen porque guillotinó a su rey. Francia inaugura la modernidad porque guillotinó a su rey. El pueblo ruso ganó la revolución porque ajustició al zar. Los grandes cambios de la Historia siempre sa han hecho sobre la sangre de aquello que simbolizaba el statu quo anterior. Lo demás han sido remedos, continuaciones, adaptaciones del poder a las coyunturas para seguir manejando el cotarro.
¿De verdad alguien se cree, alguien espera, que el Borbon (papá o hijo) dirá algun remoto día, por mucho que le dé al whisky, una sola palabra en contra del franquismo o en homenaje a sus víctimas?
¡Salud!

Camino 01 julio, 2010  

Como bien dices Txema, las formas evolucionan, por eso hay que agudizar los análisis. Básicamente estoy de acuerdo contigo. Añadiría de todas formas algunas cosas. La corona no puede condenar contundentemente la dictadura puesto que es su heredera. Rechazo como casi todos la violencia, pero he de reconocer al Pobrecito Hablador de Siglo XXI, que una democracia concedida no es una democracia propiamente dicha. No sé si esperábamos que con el tiempo esta democracia se consolidaría, pero lo único que se ha consolidado es la impunidad, y los herederos del franquismo se han hecho fuertes tomando aquellas instituciones del estado que no son representativas. La corona o el tribunal superior de justicia, como lo hicieron en su día con el ejército.

Hablar de justicia en este país, empieza a resultar vomitivo. Con los herederos del fascismo y sus cómplices, presidiendo el mas alto tribunal, la interpretación que se haga de las leyes se puede convertir en algo inmundo.

Tenemos la memoria que nos ha legado el franquismo, esa que nos dice que en este país hubo mucha gente que empezó a pensar por sí misma, y que una institución no representativa como es el ejército, tuvo que simplificar.

El nuevo terrorismo es económico, quién compensará a las víctimas.

Un saludo

Txema 01 julio, 2010  

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Evidentemente estoy de acuerdo con lo que apuntaís y, desde luego, incluso con el hecho de que la eliminación de un sistema implica "guillotinar" reyes y zares.

Tendremos algún día, muy en serio, que plantearnos y plantear ante la ciudadanía la legitimidad de este régimen tardofranquista.

saludos

Jordi Pascual Morant 01 julio, 2010  

No sé como expresar en palabras mis dudas respecto a las alabanzas que hacéis a la Republica francesa. Me viene a la mente que de ella surgió uno de los dictadores más sanguinarios de la historia de ese país, Napoleón, proclamado rey de Italia en 1805, curioso “republicano”. No solo se guillotinó a su Rey, también bajo aquel ingenio mecánico de decapitación política, murieron ciudadanos por tener ideas diferentes, o simplemente porque impedían el acceso al poder de otros ciudadanos mas inteligentes, sin escrúpulos, pero con mucha ambición. Entre ellos Robespierre. Y muchas de las sentencias a muerte fueron para contentar al pueblo que pide venganza bajo la apariencia de justicia.
Stefan Zweig nos hace reflexionar sobre el enigma de la política, cuando nos dice: “Los gobiernos, los sistemas, las opiniones y los hombres cambian, todo cae y desaparece en ese vertiginoso remolino de finales del siglo XIX, sólo una persona permanece siempre en el mismo lugar, haciendo todas las funciones y sirviendo todas las ideas: Joseph Fouché”.
La historia de ese personaje, misterioso, calculador, inteligentemente peligroso, fue determinante en la historia de Francia, así es la política. No nos extrañemos de las hipocresías de nuestros gobernantes.

Sonia 02 julio, 2010  

Iba leyendo y estaba cada vez mas de acuerdo, coincido totalmente, pero sobre todo me ha gustado lo bien articulado que has puesto el texto. La verdad es que entro poco ultimamente en los blogs y veo que me estoy perdiendo cosas muy buenas que me hacen pensar. Ha sido una casualidad afortunada que hoy haya decidido entrar justo aquí. Queria felicitarte.

Txema 02 julio, 2010  

Pues muchas gracias Sonia por tu amabilidad y espero que nos sigas visitando.

saludos

Txema 02 julio, 2010  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Pobrecito Hablador del Siglo XXI 05 julio, 2010  

Leyendo el comentario de Jordi me he acordado de la gran novela de Francisco Casavella "Lo que sé de los Vampiros". Muy muy recomendable: alta literatura en el marco revolucionario francés. Una gran historia repleta de ángulos contra los que como yo, postulamos a veces a máximas grandilocuentes sin atender a los rincones, a los matices, a las personas...
¡Salud!

Txema 06 julio, 2010  

Hablador, no tiene que justificarse. Personalmente su comentario me agradó.

En todo caso, mi cita a Robespierre sólo fue para introducir el tema central que es la memoria histórica y no un juicio sobre la revolución francesa.

saludos

Txema 06 julio, 2010  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Pobrecito Hablador del Siglo XXI 06 julio, 2010  

No es justificación, de verdad, y tampoco quería retractarme. Creo que el comentario de Jordi hay que tenerlo muy en consideración para no dejarse llevar por el primer impulso ideológico y atemperar un poco la bilis. Sigo pensando que hay cosas que no pueden cambiarse sin trauma, y que tomar segun que decisiones implica valentía y riesgo, sobre todo para ponerse sobre los hombros segun qué responsabilidades históricas
¡Salud!

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