NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD.

>> 13/12/10

 
Ahora que se acercan las Navidades regalaremos y recibiremos obsequios entre los cuales no va a faltar algún libro. Cuando el regalo es de puro trámite, por ejemplo al amigo invisible, es muy socorrido recurrir a los manuales de autoayuda. En unos cuantos capítulos te descubren todos los secretos de la felicidad. Da igual que tengas una depresión de caballo: la dicha está al alcance de todos gracias a estos autores que han descubierto el filón.
Hace unos años era la maravillosa fluoxetina: si estabas bajo de ánimo, cansado de la rutina diaria, harto de la suegra metomentodo: receta al canto y a ser feliz que son dos días.
En una ocasión le comenté al doctor que ya estaba harta de depender del Prozac y del alprazolam. Me objetó que todo el mundo se toma algo: para la tensión, la diabetes, el colesterol o lo que sea. ¿Por qué usted va a ser diferente?
El caso es que, más que nada para llevarle la contraria, prescindí de las pastillas y restringí los somníferos que sólo tomo cuando estoy verdaderamente desesperada. El insomnio es como una maldición que me persigue desde hace algunos años.
Así estaba cuando recordé un artículo que había leído de jovencita. Un hombre al que todo había dejado de interesarle se lo comentó a su médico de cabecera. Ocurrió in illo témpore cuando los médicos de familia se sentaban en la silla y te decían:
- Cuéntame ¿qué te ocurre?
Porque en la actualidad hay algunos que te miran como si fueras un raro insecto colocado en el portaobjetos del microscopio y lo que te pase o te deje de pasar les importa un pimiento.
Bien, pues el doctor escuchó atentamente y le recetó unos cuantos consejos muy curiosos. Primero le preguntó si había algún lugar en el mundo dónde se había sentido verdaderamente feliz y despreocupado. El paciente le respondió que sí: de pequeño solía ir a la playa y que allí siempre lo pasaba muy bien.
- Pues vete allí, le contestó el doctor, completamente solo. Una vez llegues lees estas hojas, ahí están las pautas.
La primera era: escucha atentamente. Un poco a regañadientes se dispuso a obedecer: el viento, las olas, el roce de las hierbas que crecían entre la arena de las dunas… Acostumbrado a un ritmo de vida trepidante el tiempo pareció detenerse, inmovilizarse. Su mente se quedó en blanco sólo atento a los ruidos que eran más tenues que la galerna.
El segundo: trata de volver atrás. ¿Atrás? Pero si las preocupaciones estaban en el presente y no en el pasado. ¿Hasta dónde de atrás? Casi sin darse cuenta empezó a rememorar tardes de pesca, mañanas de playa, días de feria, de tiovivos y nubes de algodón de azúcar. Volvió a oír la voz de su hermano muerto en la guerra, de sus padres y de compañeros de juegos ocasionales. Se sorprendió a sí mismo sonriendo.
El tercer consejo era más agresivo: revisa tus motivaciones. Esta receta le puso a la defensiva: ¿qué quiso decir el doctor? ¿qué su escala de valores no era la correcta? Sin embargo, a solas con su alma, reconoció que no. Que, en realidad, no quería aquel ascenso que había aumentado su sueldo pero también le había robado muchas horas de asueto y convivencia con los suyos. Tuvo que decidir qué iba a hacer y llegó a la conclusión que lo importante no es lo que comes sino lo que digieres.
El último, ya con el sol hundiéndose en el ocaso: escribe tus preocupaciones en la arena.
Así lo hizo, cerca, muy cerca de la orilla, sabiendo que en cuanto la marea subiera las palabras desaparecerían.
En realidad, continuaba el articulista, primero tenía que estar preparado para el ejercicio de introspección que se avecinaba, de ahí la soledad y la comunión con la naturaleza, después tenía que recordar qué se siente cuando uno es feliz para así poder identificar las cusas del malestar presente, y por último y una vez hecho el diagnóstico encontrar su propio remedio.
Y en este momento, me acuerdo de Rafa que tiene como leit motiv: Compré tiempo a cambio de dinero y juro que no me ha ido mal.

Estoy a punto de volver a la Hamada argelina, uno de los lugares más terribles y más hermosos de la tierra.
Durante el día “bado” con su luz inigualable, por las noches cuento estrellas mientras, desde las dunas, llegan hasta mi, mis propias voces.
Río y lloro con mis amigos saharauis que tienen motivos para estar mal pero que, sin manuales de autoayuda ni pastillas milagrosas, te hacen feliz a base de generosidad y hospitalidad. El desierto es el único lugar del mundo en el que puedo dormir del tirón sin drogas, el único dónde puedo desconectar de todo y cargar mis pilas interiores. He aprendido que se puede vivir con muy poco, que lo que tenga que suceder sucederá, que no puedo controlarlo todo, y que es más importante tener el tiempo que los relojes aunque estos sean suizos.
Releo lo escrito y me parece que he hecho lo mismo que estos autores que criticaba al principio.
Tomadlo como un regalo de Navidad virtual y si os gusta bien y si no, lo dejáis en el cajón de los trastos y asunto concluido.
Si habéis llegado hasta el final es que verdaderamente sois unos santos.

20 comentaris:

RGAlmazán 13 diciembre, 2010  

Antònia, cuando llegues allí, llévales la solidaridad de muchos de nosotros, ya sé que no es suficiente, pero seguro que les estimulará.
El artículo está lleno de verdad, siempre nos agobiamos demasiado, cuando deberíamos también disfrutar más y mejor.
Un beso.

Salud y República

Anusky66 13 diciembre, 2010  

he llegado hasta el final y me ha gustado mucho lo que cuentas , es muy cierteo , que nos dejamos arrastrar por el ritmo marcado desde fuera y cuando nos queremos dar cuenta hemos perdido el tiempo que necesitamos para nuestro crecimiento interior.

Feliz viaje al desierto y feliz reencuentro con tu felicidad!!

Ataúlfa Braun 13 diciembre, 2010  

Pues he llegado hasta el final y me he sentido plenamente identificada con tus palabras. ¿Por qué los médicos de cabecera nos dicen a todos lo mismo y nos recetan también lo mismo? La naturaleza es la verdadera cura del alma y el intercambio verdadero con el resto de seres nuestra verdadera acción. Te deseo un montón de momentos felices.

Antònia Pons Valldosera 13 diciembre, 2010  

Rafa, es cierto. A veces pienso que si me fuera concedido volver a vivir escalaría más montañas, dejaría que la lluvia me mojara, caminaría descalza por la calle, me subiría a más tiovivos, viajaría más y me preocuparía menos, que haría todo lo que es considerado imprudente, no políticamente correcto que pasaría de convenciones y que haría en cada momento lo que quisiera hacer, de verdad.
Les llevaré toda la solidaridad y toda la simpatía que pueda cargar y todo el ánimo de muchos que estamos con ellos.
Un abrazo

Antònia Pons Valldosera 13 diciembre, 2010  

Anusky, a veces nos preocupamos en exceso por cuestiones que, una vez pasadas, vemos que no eran tan importantes. Desde que lo aprendí procuro vivir el presente que es efímero, sí, aunque menos incierto que el futuro y más real que el pasado.
Un abrazo

Antònia Pons Valldosera 13 diciembre, 2010  

Ataúlfa, porque los médicos nos ven como una colección de síntomas y no como a personas únicas e irrepetibles. Quizás tengan más conocimientos pero les falta la empatía con los pacientes porque se limitan a curar el cuerpo y no les preocupa el alma.
Mis mejores deseos para ti también.
Un abrazo.

m.eugènia creus-piqué 13 diciembre, 2010  

Pues sí, tienes razón querida Antonia, no se parecen en nada los médicos de cabecera de ahora con los de antes, vete unos día a tu hamada a disfrutar y descansar con aquellas gentes tan sencillas que todo lo comparten, diles de corazón que les apoyamos.Un petó ben fort.

Eastriver 13 diciembre, 2010  

Bueno, afortunadamente soy un santo, querida Antònia. Porque eso significa que he llegado hasta el final. Estoy totalmente de acuerdo, Antònia.

Yo pienso que no has hecho como los autores que criticabas sino que has facilitado unos momentos de observación, de detención, de análisis (que por cierto, seguramente también consiguen algunos autores criticados, y por eso ya los salvo a algunos... a otros no, puesto que conozco de buena mano gente que escribía los libros de autoayuda de tres en tres, fusilando versiones no traducidas, cogiendo un poco de aquí y otro de allí, y haciendo un collage que se vendía como churros).

A medida que iba leyendo iba siguiendo las pautas... Me voy a C. (ja saps), al C. de cuando mis siete años, y trato de recordarme entonces, esencial (porque básicamente es eso, la búsqueda de lo esencial). Pero al llegar a la frase del amigo Rafa he sabido que yo, por suerte, no necesitaba ese ejercicio. Porque hace tiempo que sigo ese dictado, el del corazón. No quiero cargos, no quiero responsabilidades que no tengan por objeto el bienestar común (de esas aún podría asumir alguna, creo), no quiero mandar, no quiero prestigio, no quiero ruido... Quiero lo contrario, silencio, esencialidad, tranquilidad, amigos, abrazos, ganar lo suficiente para vivir bien y viajar de vez en cuando sin mayores aspiraciones... en fin... yo también cambio dinero por tiempo porque creo que eso lo tengo claro. Así es, Antònia, que pertenecemos al mismo club.

Un abrazo a tus amigos de las estrellas, a esos olvidados por todos... También ellos nos dan lecciones (de dignidad, de lucha, de compromiso) a pesar de nuestro olvido.

Un texto muy bonito. I Bon Nadal.

Ciberculturalia 13 diciembre, 2010  

Querida Antònia, estupendo regalo navideño. Es siempre necesario recordar la esencia, y tu lo has hecho de forma admirable. Lo esencial son esos consejos que recibió aquel hombre de su médico de cabecera. A veces la solución a algunas de nuestras preocupaciones están ahí, fáciles de entender, difíciles de seguir por olvidadizos.
Buen viaje y todo nuestro respeto al pueblo saharaui. También nuestro cariño.
Para ti un fuerte abrazo

Camino a Gaia 14 diciembre, 2010  

Antonia, ya me gustaría vivir un tiempo el la hamada. Se puede vivir con muy poco. En esta sociedad de propaganda, publicidad y consumo, que crea necesidades absurdas, acabamos convencidos de que la felicidad siempre la tienen otros, los que tienen mas.
Y lo mismo que las palabras adquieren un nuevo valor sobre un fondo de silencio, también nuestra humanidad se desvela en la vida sencilla.
Un abrazo.

Caminante 14 diciembre, 2010  

Yo venía a comunicaros que hoy he publicado este texto de Culturalia y publicado aquí hace SÓLO 6 meses...

*diciembre 14, 2010. Tiempos extraños... (+ gritodelobos)

Publicado por Ciberculturalia en 14/06/10 en gritodelobos.blogspot.com/ (...)

... en cuanto a la reflexión final que nos haces sobre qué hacer con tu texto... me has recordado una de las últimas canciones grabadas por Mercedes Sosa en su álbum colectivo Cantora. Algo así como: "que me escuche el que quiera escucharme... " No es literal, la letra en labios de Mercedes Sosa es mucho mejor ¡seguro!

Un abrazo desde Getafe y... sí, hay determinados lugares en que uno entiende mejor qué es lo esencial, entre otras cosas:
que tu casa está donde estás con tu familia
y que lo fundamental en la vida es estar a gusto contigo mismo. Lo demás es engañarse.

PAQUITA

Caminante 14 diciembre, 2010  

Me acabo de fijar en tu 2º apellido. Ya lo sabrás -quizás-. En Huesca, zona de la sierra de Guara, hay un valle que se llama San Martín de la Valldosera.

Antònia Pons Valldosera 15 diciembre, 2010  

Geni,los antiguos médicos de familia, en los pueblos, hacían un poco de todo. No miraban a los pacientes comoa una colección de síntomas sino como a personas completas.
Hace un par de años tuve vértigo y visité a un otorrino especializado. Tuve la impresión de que le interesaba más mi vértigo que yo que me sentía muy asustada. No volví, no volveré allí.
Petons.

Antònia Pons Valldosera 15 diciembre, 2010  

Eastriver, a mi no me gustan demasiado las Navidades, me ponen triste y no me gusta alegrarme en fechas fijas. Para mi el mes de Diciembre está lleno de aniversarios tristes y alguno alegre. Si exceptúo el paréntesis de cuando las niñas eran pequeñas, nunca he disfrutado de la Navidad. Ahora que ya son mayores constituye un agobio porque, si bien me alegra tenerles a todos en la mesa, me supone un agobio pensar en un menú que satisfaga a todos y seguidamente: las compras y la cocina. A mi no me gusta demasiado cocinar, lo hago por pura obligación. Y si lo hago sola me aburre mortalmente.
No soy una ama de casa demasiado diligente, al contrario.
A la hamada me voy en enero, el día 14 si no hay cambio de planes.
Lo estoy deseando ya que les echo de menos.
Bones festes per a tu també.

Antònia Pons Valldosera 15 diciembre, 2010  

Ciber, yo creo que la educación no consiste en "saber muchas cosas de algo" sino tener clara tu propia escala de valores. Y en tener sentido crítico, cosa que desde hace un tiempo se está olvidando en nuestras escuelas.
Los saharauis saben muy bien que gozan del apoyo, el respeti y el cariño del Pueblo español aunque nuestro gobierno les haya traicionado en innumerables ocasiones.

Antònia Pons Valldosera 15 diciembre, 2010  

Camino, vivir allí es muy duro pero también muy gratificante. La Hamada es dura y terrible y el viento se lo lleva todo. Sin embargo la sensación de libertad que se tiene cuando vas en un coche destartalado por en medio de la llanura, completamente solo no es comparable a ninguna otra sensación.
Las noches con o sin luna son las más hermosas.
Cuando quieras ir que sepas que mi haima bien podría ser la tuya. No necesito pedir permiso puedo llevar conmigo a quien quiera y sería todo un placer que te animaras.

Antònia Pons Valldosera 15 diciembre, 2010  

Caminante, cierto, el hogar no es un lugar concreto está donde puedes cerrar un puerta o bajar una cortina y sentirte en paz.
No sabía lo del valle oscense. De hecho es la primera vez que lo oigo. No es un apellido demasiado frecuente en Lleida, mi abuelo era del Camp de Tarragona, allí es más común aunque no muy abundante.
Gracias por decírmelo. Me gustaría visitarlo y tampoco estamos tan lejos.

Antònia Pons Valldosera 15 diciembre, 2010  

Gracias a todos por vuestros comentarios y mis mejores deseos para todos vosotros.
Un abrazo.

Antonio 17 diciembre, 2010  

Querida Antonia, ando excesivamente ocupado, y llego algo tarde a tu entrada. Pero, de tu mano, he recorrido, hasta el final, todo tu escrito sin cansarme, bebiendo las palabras como agua que alimenta.

Es cierto que la medicina se ocupa de las enfermedades y no de los enfermos, de que se apliquen los costosos productos que enriquecen a los laboratorios, de que la cura no sea total y se cree dependencia para el negocio.

Luego llegamos los psicólogos y se escriben libros de autoayuda, cuyo primer autoayudante es el autor que se va forrando, sin entender muy bien que cada uno es cada cual y que no es aplicable todo a todos de la misma forma. La autoayuda la ejercemos desde que nacemos mediante la propia reflexión y el aprendizaje del día a día, sin necesidad de grandes maestros desde la distancia, sino desde la cercanía de lo cotidiano y próximo, de los modelos que nos rodean, de introyectar la esencia de la vida en interacción con le entorno.

Nos agobia esta sociedad, nos enferma del alma, del corazón, de la mente y nos engancha en un complejo de dependencia que nos ata a su propio sistema como esclavos de una vida presentada como de bienestar y resulta de malestar continuo, de enfermedades del alma que nos deshumanizan. Luego nos dan prozac y demás para subir al caballo del progreso y de la felicidad ficticia del conformismo dependiente.

Por eso es bueno esa válvula de escape de tu Hamada, donde seguro que uno se encuentra con uno mismo, con el interior y con la naturaleza que nos dio la vida y nos permite, con su silencio leer la verdad de la propia esencia humana. El ruido del desarrollo no nos deja pensar, nos interfiere y nos idiotiza…

Finalmente, dices: “He aprendido… que lo que tenga que suceder sucederá, que no puedo controlarlo todo…” Es cierto que no todo es controlable, pues la pluricausalidad rige el mundo, pero no creo que haya que caer en el determinismo, sino en el justo sentido de las capacidades de cada cual para incidir en la propia vida y en el entorno.

Gracias por tu regalo de Navidad y mil besos para ti y tu gente de la Hamada.

Antònia Pons Valldosera 17 diciembre, 2010  

Antonio, no te preocupes por llegar tarde o pronto, lo importante es llegar y si no se llega tampoco pasa nada.
Reconozco que soy fatalista, desde que nací, que siempre he pensado que lo que nos sucede está ya escrito desde el primer instante de nuestra vida. Y sé también que no es racional el pensar así. Mi padre lo explicaba con un refrán muy de casa, nostrat que decimos en Cataluña: Amb el fat i amb el mal fat ajuda-t'hi la meitat.
El equivalente sería a Dios rogando y con el mazo dando, la traducción literal sería: Con el destino y en el mal destino ayúdate en la mitad.
Un abrazo y mis mejores deseos para todos los tuyos.

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