No compro

>> 1/9/10


Si algo hay fundamental para no repetir errores, es no dejar de recordar, airear verdades, cuestionarse versiones. Últimamente he leído con asombro -o quizás no tanto- algunas cuestiones que listo aquí como si fuera una nota de imán de nevera: las medias mentiras ocultas que jamás quiero comprar.

  • En los inicios del nazismo, fueron diversos los apoyos a Hitler, en forma de subvención económica o bien mediante documentos que presionaban al gobierno del momento para que designaran canciller a uno de los mayores asesinos de la historia. Entre esos apoyos destacaban los de empresas como Siemens o Krupp, bancos como el Deutsche Bank, grandes capitales como el de los Thyssen (familia de los baronesitos de los cuadros, comprados con vete tú a saber qué capital) y entidades financieras como la representada por un tal Prescott Bush. ¿Quién era este pieza sin escrúpulos? Pues sí: el padre y abuelo de sendos presidentes estadounidenses; el que los educó en sus ideas conservadoras, en sus intereses personales carentes de toda ética y el que los rodeó de influencias suficientes como para que su ineptitud intelectual no obstara para alcanzar el poder. Esto se oculta o bien carece de importancia, mientras que escandalizan las relaciones sexuales extramatrimoniales con becarias...

  • Es sobradamente conocido que lo que es ahora el mayor desierto cálido del mundo, el Sáhara, fue en otros tiempos una densa selva. Parece que una ligera desviación del eje terrestre bastó para cambiar unos pocos grados (aunque mi memoria no es del todo fiable, recuerdo que eran sobre los tres grados centígrados) la temperatura del planeta; y ésa fue la principal causa de la desertificación dramática de esa vasta zona. Llama también la atención que la temperatura media del planeta varía únicamente entre tres y seis grados durante los períodos que denominamos glaciaciones. Es decir, aunque nos parezca una nimiedad, un cambio de la temperatura media apenas perceptible condiciona drásticamente la naturaleza medioambiental del entorno. ¿Y cuál es uno de los principales causantes de los cambios de temperatura? No se trata precisamente de nuestros modestos viajes en coche, como a veces parece que nos quieran hacer creer. Tampoco lo es la superpoblación del planeta: como nos hizo reflexionar el brillante demógrafo Julio Pérez Díaz en una charla, toda la población del planeta, agrupada en núcleos de cuatro personas cada 100 m2 de terreno, cabría por completo en el estado de Texas. Otro de los “miedos” habituales que no se corresponde con la realidad. ¿Entonces? Pues, además del nefasto efecto de la industria, un temible trastornador térmico es el avión. En tan sólo tres días con el espacio aéreo estadounidense cerrado tras el 11-S, unos investigadores universitarios habían detectado un descenso de la temperatura media del territorio de 1 grado (una vez descartados otros factores). Por otra parte, “gracias” a ese volcán islandés de nombre impronunciable, este invierno pasado comprobamos -algunos, como es mi caso, con gran asombro- que un día “normal” (no vacacional ni de movimientos excepcionales por ningún evento festivo) en Europa se producían unos 30.000 vuelos comerciales. Me pregunto cuántos de esos vuelos eran realmente imprescindibles a estas alturas de avance tecnológico. Cuántos encuentros empresariales no podían llevarse a cabo mediante videoconferencias, por ejemplo. Una vez admitida la importancia que para las miras de todos nosotros tiene el viaje a realidades distintas a la propia, ¿realmente las compañías aéreas no deberían responsabilizarse de buscar otras formas combustibles que no hipotecaran el futuro del planeta? ¿Las grandes empresas no deberían ocuparse de minimizar los traslados aéreos de sus ejecutivos? Mientras tanto, los gobiernos gastan en publicidad para que usemos el metro y no el utilitario para movernos por las ciudades, pero un solo vuelo transoceánico corresponde a las emisiones de unos 80 coches durante toda su vida útil. ¿Por qué nadie nos cuenta de esas herencias para todos de los grandes magnates yendo arriba y abajo para ganar una venta o para conseguir una buena inversión?

  • De una forma brusca y con una información mínima, como denunciaron las propias asociaciones de ginecólogos en todo el país, nuestro gobierno, que tanto se preocupa por nosotros, administró indiscriminadamente en las propias escuelas la vacuna antipapiloma a todas las niñas de 5º curso cuyos padres no hubieran expuesto por escrito su oposición justificada. Ya comentamos que la vacuna en sí tenía poco sentido -todos los estudios corroboran que el papiloma se extiende fundamentalmente por la falta de control ginecológico de las afectadas, mientras que las niñas se quedaron con la idea general de que de esa forma quedaban “protegidas” de enfermedades de transmisión sexual, e incluso de que era menos importante acudir a las citas periódicas ginecológicas-. Además de los efectos indeseables que produjo en algunas niñas la propia administración, había un “pequeño” efecto colateral (los puñeteros colaterales de siempre) al de la vacuna del papiloma, y es que se administraba paralelamente la de la hepatitis B, a la que apenas se daba ninguna importancia. Nosotros, pobres ignorantes por la gracia de la desinformación administrativa, no éramos conscientes de sus riesgos, pero ellos sí: estaban poniéndoles a nuestras niñas el mismo fármaco que en Francia se había retirado tiempo antes por mostrarse relacionado con la extensión de enfermedades desmielinizantes, como la esclerosis múltiple. Si tenemos en cuenta que cada pinchazo costaba al erario público unos 400 euros, que no nos digan que allí no había alguien beneficiándose a costa de nuestra salud comunitaria. Con qué cara se le dice después al neurocirujano que hace turnos de 12 horas que ha de cobrar menos porque el gobierno se ha quedado sin dinero. Al modesto bedel, apenas mileurista. O incluso al paciente que espera una intervención indefinidamente aplazada porque han “tenido” que despachar otro cirujano de los interinos.

  • Pero si hemos visto el dispendio con que se adquirían vacunas tan irracionales como la de la gripe A (no vale la pena insistir, ¿verdad?) o la del papiloma, siempre con el consejo de la sacrosanta OMS -de la que ya entonces muchos desconfiábamos aunque no sabíamos aún que en su comité de emergencias había varios miembros en “conflicto de intereses” (ese eufemismo con el que se indica que alguien obtiene beneficios de emitir una opinión, un consejo o incluso una obligación, como lo son en buena parte las declaraciones de la entidad)-; si hemos visto cómo los que decidían medidas de ese tipo, e incluso muchos otros que hacen ver que deciden alguna cosa, como saben todos cuantos trabajan para una u otra administración, cobran sueldos astronómicos gracias a amiguismos o como compensación a favores o silencios; aunque hemos visto ya tantas desviaciones presupuestarias varias, lo que desde dentro se vive con la mayor de las impotencias es el cinismo con el que la administración da su versión a los medios y, por tanto, es la información que se difunde. Dice la administración que los trabajadores más modestos no quedan afectados por los recortes que, supuestamente, impone la crisis. Primera de las mentiras. Que dice también que la disminución del sueldo es proporcional. Ésta es la segunda y más grave: la proporcionalidad (de lo más suave, ya que oscila entre casi el 4% del modestísimo celador y poco más del 6% para los altos cargos -aunque llega hasta el 8% para el sufrido titular de departamento-) únicamente afecta a un par de conceptos de la nómina: el resto es para todos de un 5% (el complemento de destino de 2000 euros de un VIP y el de 300 de cualquiera de los pringados mayoritarios, se verán disminuidos en la misma proporción); y, finalmente, lo que no sale a la luz en ningún lado, es que a los humildes funcionarios se les va a descontar un 30% de las pagas extras. Este factor, sumado a otros descuentos múltiples que se sacan de la manga los pensadores gubernamentales, en forma de objetivos u otras cosillas “sin importancia”, hace que el descuento real del sueldo sea próximo a un 20%. Bastaba con tomar el año completo en lugar del mes. Pero ¿para qué?
  • Algunos de esos trabajadores han dedicado media vida a estudiar la carrera que hoy ofrece sus servicios a la comunidad; otros muchos han invertido un tiempo y un dinero que no tenían a preparar unas oposiciones con las que, al fin, tener un trabajo seguro. Pero si se oponen a que rebajen presupuestos pésimamente administrados a costa de sueldos en su mayor parte modestos, los trabajadores son “insolidarios”. Teniendo en cuenta que, en épocas de “vacas gordas”, la administración ha subido el sueldo como mucho un 2% a sus empleados, su nivel adquisitivo con estas medidas ha retrocedido como mínimo una década. Esos jefes intermedios que proliferan llenando los despachos de grandes ideas (es de esperar), diarios variopintos y pequeñas siestas, colocados todos ellos “a dedo”, y que cobran como la suma del resto del departamento (de verdaderos trabajadores), creen que deben solidarizarse con el país (el que ellos representan) y aceptar esa mínima rebaja de su sueldo.

  • Aunque nada de esto debiera asombrarnos, así se funciona siempre -al menos en este país-. Es más fácil prohibir que se fume en el bar que prohibirle a las tabacaleras que añadan al producto los aditivos que convierten la planta del tabaco en un veneno (para aumentar beneficios, para aumentar adicciones y todas esas cosillas). Es más fácil quejarse de la falta de solidaridad de los controladores aéreos porque se niegan a que se les rebaje de un día para otro la mitad del sueldo, que admitir que durante años el gobierno les ha concedido por convenio exactamente eso que ahora tanto les escandaliza sin decir ni mu. Con nuestros impuestos, claro. Es muchísimo más fácil “castigar” al médico que receta un medicamento que no aporta ninguna novedad, salvo en el precio, que plantearse por qué narices la Agencia del Medicamento del país aprueba para su comercialización -y para su subvención por las arcas públicas- muchos más fármacos de los necesarios (países como EE.UU. ya tienen aprobados unas 35 veces más medicamentos de los que la OMS, que no es ningún modelo de integridad, considera necesarios; pero en nuestro país parece que necesitamos mucha más variedad que en el resto del mundo -ya se sabe: Spain is different-, ya que tenemos la friolera de un 7.000% más medicamentos aprobados). En fin que, como siempre, somos todos nosotros los que tenemos que pagar por los 'errores' (léase beneficios irregulares) de esas organizaciones políticas.
La lista de mi no-compra sería interminable, precisaría de un imán tamaño aeropuerto. Creo que, en definitiva, como se hace con los contratos sospechosos, al leer versiones “oficiales”, deberíamos poder acudir a la “letra pequeña”.



7 comentaris:

Eastriver 01 septiembre, 2010  

Me quedo con ese imán tamaño aeropuerto. Lo que nos falta es espacio para tenerlo siempre visible, de lo grande que es. Pero yo tampoco compro. Y celebro poder leer, bien claro, aquello que tampoco compro y los motivos. Agotado por tanto despropósito, me quito el sombrero.

Ataúlfa Braun 01 septiembre, 2010  

Estás bien enfadada, Susana, y no es para menos, aunque me parece que hacia el modelo que vamos cada vez va a ser más difícil disentir de las versiones oficiales (al menos oficialmente, ya me entiendes). Todavía son muchos los que han de aprender a cuestionar esas verdades absolutas difundidas por el poder.
En cuanto a la subvención de regímenes monstruosos por parte de empresas, jajajjajaja, entramos en un terreno quite complicated. La misma Siemens de la que hablas parece, según otras versiones, que también subvencionó los golpes de Estado en la zona sur de Latinoamérica. Lo mismo hicieron otros tantos bancos (que si uno observa bien verá que son prácticamente los mismos metidos en el actual desfalco mundial). Al respecto se están realizando estudios a la espera de interponer denuncias ante la justicia internacional.
Por lo que respecta al tema de los aviones y en referencia al intercambio business entre ejecutivos, hemos de pensar que si se quedaran en sus respectivas empresas manteniendo una videoconferencia no cambiarían de lugar y por consiguiente no podrían hacer de las suyas. Piensa que de este modo estos ejecutivos acaban movilizando el mercado y fomentando el intercambio: qué sería entonces del cierre de contratos en lujosos lupanares, del aporte previo a las clínicas de desintoxicación por consumo de sustancias diversas, las fiestas, etc.
Vacunas, farmacéuticas...Sólo hay que indagar un poco y ver las múltiples relaciones que existen entre grandes corporaciones. Es como un trío de ases o como un trévol de cuatro hojas...
Por otra parte, me gustaría que cuando se habla del tema de los sueldos de este país nuestro, se hablara de la generalidad y no de la particularidad de los sueldos funcionariales. Porque a mi modo de ver constituye un estadio más de aquello que se propuso en los happy 90's (véase Consenso de Washington y Tratado de Maästrich), de tal suerte que primero se estancó y bajó el sueldo a los trabajadores de las privadas y ahora le toca a los funcionarios. No estoy de acuerdo con que le toquen el sueldo a nadie, pero va siendo hora ya que se hable de trabajadores en sí y no se diferncie entre unos y otros, pues estamos en el mismo barco, saco, mierda. ¡Mierda!
Bueno, parece que yo también estoy enfadada.

Un beso, ánimo y resistencia!

Jordi Pascual Morant 01 septiembre, 2010  

Lo peor de todo es pensar que estamos colaborando todos sin saberlo a la decadencia del sistema.
El avión que todos hemos usado, el coche que nos ha llevado, los acondicionadores de aire domésticos, nuestro dinero depositado en los bancos, el consumo de los productos de las grandes multinacionales, las propiedades privadas adquiridas con el esfuerzo de inmigrantes mal pagados, el descuido de nuestra salud, confiando en los milagros medicinales que aumentan la salud financiera de unos pocos, etc, etc. Y de eso se aprovechan los que tienen los medios para arrastrarnos a la esclavitud de sus consignas.
Si hay alguna solución no deberemos esperarla de los que mandan, sino de nuestros actos diarios que no ayuden a engrosar sus beneficios. No comprar sus productos, que es como no comprar sus ideas.

Susana, como siempre ha sido un placer leerte, por tu seriedad en contrastar la información y la valentía en exponer tus ideas en beneficio de todos. Siempre consigues remover la reflexión.

Un beso

Eastriver 01 septiembre, 2010  

Sí, Jordi, todos contribuimos y es horrible, pero... ¿En serio no ha sido posible descubrir una energía más limpia? ¿O no ha interesado? El otro día leía que el calentamiento global hace que las grandes petroleras estén comenzando a buscar petróleo en zonas en que antes no podían buscar (deshielo y eso...), contribuyendo de esta forma que el mal siga creciendo. Si está claro que necesitamos energía (imposible detener el mundo a estas alturas) ¿por qué no apostar de verdad por la sostenibilidad?. No, es una falacia. A nosotros nos dan las bolsitas de colores para que reciclemos y mientras tanto los aviones siguen volando de la misma forma altamente contaminante. Por eso, yo me siento responsable de lo que ocurre sólo hasta cierto punto. Su estrategia es asquerosa. Repsol, que es quien está agujereando ya el polo norte frotándose las manos por el deshielo terrible, hace luego esos anuncios ecológicos. Es perverso. Vivimos en el mundo de la impostura, en que etiquetar un yogur como postre de la abuela es delito, pero que Repsol vaya de ecologista no sólo no lo es sino que algunos se lo creen. Cualquier cosa para adormecer las conciencias que, en el fondo, son menos culpables de lo que, astutamente, nos quieren hacer creer.

Susana 01 septiembre, 2010  

Vaya, menudas aportaciones las vuestras! Es lo fabuloso de esta casa: una abre la boca y le multiplican por veinte los tributos. Además de agradeceros cuanto decís (qué valiosas las informaciones que llegan por los cauces de la "letra pequeña" y no del 'poder'), os confirmo que no puedo estar más de acuerdo con cuanto decís. Las vergonzosas artimañas empresariales, a las que se refiere Ataúlfa (de arrebato 'enfadoso', desde luego!), la reflexión de Jordi sobre nuestras propias contribuciones (involuntarias?) a que el proceder indigno sea un pez que se muerde la cola, pero cada vez mayor; y también firmo con Ramon su repulsa a la doble cara de las repsoles de este mundo. Es un placer leeros, y resulta en un aprendizaje formidable, un estímulo continuo...

Ya sabéis que últimamente os lo digo poco; mejor dicho: digo poco, en general. Esta vez debía ratificaros lo que ya sabéis: cómo me interesan vuestras aportaciones; cómo me quedaría 'tertuliando' con vosotros hasta que nos venciera la madrugada. Quién sabe! quizás, un día...

Y ahora me despido por unos días. Estaré fuera, así que no podré contestar ningún comentario, si los hay. A la vuelta os leeré, impaciente...

Un abrazo!

Camino a Gaia 02 septiembre, 2010  

El mundo nunca pareció tan difícil de cambiar. Y sin embargo, cuando decimos "no compro" se preocupan hasta las multinacionales.
Un saludo

Isabel Martínez Barquero 03 septiembre, 2010  

Te aplaudo con ganas, Susana, que no te andas con chiquitas y cantas verdades como puños.
Contigo, "no compro".
Un beso.

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