LOS NIÑOS DE LA ARENA

>> 28/7/10


Llegan cansados, polvorientos, llorosos, alegres o asustados. Se sorprenden al ver que les estamos esperando y que, como si de jugadores de fútbol se tratara, les hacemos el pasillo y aplaudimos.
Son los niños de la arena que llegan desde el desierto. Vienen de vacaciones, ligeros de equipaje, con algunos regalitos para las familias: pulseras, collares, anillos, tal vez alguna melfha o derrah. Los más mayores que ya saben a dónde van, alguna alfombra e incluso hubo una vez un niño que llegó con una haima. Tuvieron que ayudarle porque era demasiado pesada para el.
Todos y cada uno de ellos son embajadores. Sus cartas credenciales son sus ojos profundos, las miradas más bellas de África, sus sonrisas abiertas y a veces sus lágrimas de añoranza. Pequeños representantes de una república en el exilio que llegan para explicarnos una historia que aún no han tenido tiempo de aprender.
Saben que su Sahara no es el de verdad, que hay un país que les está esperando más allá de la Hamada: dura, pedregosa, inhóspita y terrible, muy lejos, hacia dónde se pone el sol. Pero aún no comprenden porqué no pueden vivir allí, porqué, a veces, no llegan las lentejas o las medicinas, porqué en su tierra prestada no hay montañas de caramelos como aquí.
Invaden nuestros pueblos y nuestras playas, ocupan nuestras casas y nos roban el corazón.
Niños de piel canela con perfume de lebjur y arena en las sandalias. Las madres del Sahara esperan, miran al cielo y piensan en el regreso, las madres españolas llevan pulseras negras y collares de cuentas de cristal.
En las noches de verano, la luna llena nos sonríe amorosa y lejana, viste una melfha de plata cuajada de estrellas que deben ser polisarias porque escriben, en las páginas negras del olvido, la palabra LIBERTAD.


No hace mucho una de estas embajadoras que ya es una mujer me dijo: "mare siéntate aquí en la alfombra y no te preocupes por nada".
Menos mal que estaba oscureciendo y no vio como una lágrima rebelde resbalaba impaciente para perderse entre la arena. Pero sí que sabe que estamos siempre muy cerca, porque la distancia no se mide en Km. Según ella, se siente en el corazón.


Lalia es una niña saharaui que nos explica en unas bellísimas imágenes cómo fue su pasado, cómo vive el presente y qué espera del futuro. Si tenéis unos minutos, apenas un cuarto de hora, sentaos y escuchadla. Es la voz inocente de los que claman en el desierto esperando el día del regreso.



16 comentaris:

Eastriver 28 julio, 2010  

Antonia, benvolguda amiga, como me has emocionado con esta entrada. Estoy de vacaciones, con la opulencia que ello significa. Descansando, en el barco... Muy a menudo los humanos tendemos a olvidar. Si nosotros estamos bien, todo esta bien. Esta claro que no debemos confundir el descanso merecido, la necesidad de ver cosas, de crecer, de disfrutar, con el olvido o con el no compromiso. Pero supongo que por eso leemos, por eso entramos en los blogs, por eso nos relacionamos con gente con inquietudes... porque de esta forma logramos no olvidar lo que es realmente impotrtante. Un gran abrazo.

Jordi Pascual Morant 28 julio, 2010  

Antònia,
m'ha agradat molt com està escrit aquest text, molt sentit, des de dins.
Es curiós veure que tots els nens, o la inmensa majoría, quan son petits tenen la innocència inmaculada, malgrat els seus pares o el seu entorn hagin pogut estar corruptes.
La meva confiança en l'esser humà es saber que quan neixen no han de ser necesariament dolents.
M'agrada aquest món.
una abraçada

Antonio 29 julio, 2010  

La gran controversia del ser humano está en que por un lado quiere romper fronteras con su solidaridad y por otro las mantiene para seguir disfrutando de sus prebendas. En lo más profundo de nuestro ser está esa visión tuya de universalidad y justicia, de solidaridad, empatía y altruismo. Pero también está la manipulación de esa visión que, desde la opulencia y el egoísmo, nos permite lavar nuestra conciencia ejerciendo la caridad; técnica sublime que nos enseñaron desde pequeñitos. Ejercer la caridad es limpiar nuestras conciencias y seguir manteniendo, aunque sea paliada, la injusticia… porque… ¿Qué sería de nosotros si no nos dieran la oportunidad de dar las migajas que nos sobran al pobre para poder seguir consumiendo lo que hay en nuestra rica mesa? Eso evita la disonancia cognitiva, el conflicto interno… Dar algo más que lo demás es gratificante pues nadie puso el precio, psíquicamente hablando, a mi riqueza. El Domund, Cáritas, Misiones, ONGs, etc… ¡Qué buen detergente para lavar la culpa de nuestra mente!

Yo soy socio de Médicos sin Fronteras y me he planteado muchas veces si lo que busco es la justicia o el lavado, aunque sea un hondeado. Al final, concluyo que solo soy justo si busco la justicia, e hipócrita si busco ese lavado… y creo que, en el fondo, de las dos cosas hay en mi acto.

Ponemos fronteras, distintos idiomas, clasismo y racismo; consolidamos nuestro grupo inmediato y ejercemos la ostentación de nuestra opulencia y poderío material e intelectual, maravillando al pobre que luego ha de volver a su injusta vida. ¡Qué grandes somos, que podemos dar esas migajas al necesitado! Pero seguiremos robando su tierra, su fosfato, su pesca, sus minerales, su petróleo, su… todo. Eso sí, luego le enseñaré por la tele, o en persona, lo bien que yo vivo y lo mal que vive él. Tal vez esa sea una forma de rebelarlo contra esa injusticia, pero una vez rebelado, si no se le da la mano, se estrellará contra el muro del desierto, de la frontera o del idioma y la cultura. Puede que aprenda el camino para llegar a este nivel, pero, claro, siempre que se someta al sistema y rinda beneficio al mismo, a este mundo regido por los poderosos; de lo contrario su miseria está garantizada… al menos en lo material, pues su dignidad no se puede frustrar, puesto que es inherente a su propio desarrollo personal.

Tu magnífica y sentida entrada me ha llevado a esta pequeña reflexión que también, desde otra perspectiva crítica, quiero compartir con todos.

Un abrazo y enhorabuena, no solo por la entrada, sino por ser como eres o, al menos, lo pareces, desde mi punto de vista…

PD: Me hubiera gustado poder escribir en catalán, pues aunque lo lea, hable y entienda, no se escribirlo. Pero, en el fondo, creo que habría limitado mi discurso solamente a quienes lo comprendieran, o a quienes hubieran podido o sabido usar un traductor de la red. De todas formas, muestro mi total y absoluta coincidencia con el comentario de Jordi, si mi traducción ha sido correcta.

RGAlmazán 29 julio, 2010  

Una emotiva y sentida entrada. Real como la vida. Una realidad triste que gente como tú trata de paliar dando asistencia solidaria a estos niños que no lo olvidarán nunca.
Ojalá que no lo necesitaran. Ojalá que un día tengan su Sahara libre y si vienen sea de visita voluntaria o turismo.
Tu sensibilidad me ha emocionado.
Petons.

Salud y República

Antònia Pons Valldosera 29 julio, 2010  

Benvolgut Ramon, aunque España sea la responsable histórica de este conflicto enquistado nosotros no tuvimos la culpa y los saharauis distinguen bien entre gobiernos y ciudadanos.
Vivimos en el mundo en el que vivimos y aunque nos priváramos de las merecidas vacaciones y nos fuéramos a vivir en una haima el problema seguiría allí y nuestro sacrificio sería un gesto estéril.
Somos lobos que aúllamos en contra de la injusticia. Yo no puedo hacerlo en abstracto de una manera aséptica. Estos niños y sus familias me robaron el corazón y ya nunca he pdido recuperarlo. Los sentimientos están ahí y la rebeldía por su sitiación injusta.
Por experiencia puedo decir que estos pequeños necesitan poco para vivir: les basta la inmensidad de su desierto prestado y que lleguen, de vez en cuando, las ayudas.
Cuando crecen las cosas cambian y su visión también.
Dijo una vez un amigo saharaui que ellos deseaban que sus niños fueran ciudadanos del mundo y que tomaran lo mejor de cada cultura con la que entraban en contacto para que el día de la libertad sean capaces de construir una sociedad justa, libre e igualitaria.
No puedo evitar emocionarme cada vez que les veo llegar desde el fin del mundo. Son sólo 3 horas de vuelo pero en realidad el viaje es mucho más largo de lo que, a primera vista pudiera parecer.
Un abrazo. Disfruta del crucero.

Antònia Pons Valldosera 29 julio, 2010  

Jordi, una vegada una noia molt joveneta que va viatjar amb nosaltres em va dir, en retrobar-nos a l'avió, que aquell viatge li havia retornat la confiança en el génere humà. No ho he oblidat mai.
Els nens sahrauís són especials i no et sabria dir ben bé perquè. Tenen tota la innocència del món a la mirada i al mateix temps tota la saviesa ancestral del seu Poble.
Una abraçada.

Antònia Pons Valldosera 29 julio, 2010  

Amigo Antonio, no sé si me gustaría hablar de caridad. No sé si nuestros motivos son en el fondo egoístas, tal vez. Yo no puedo hablar por otros, sólo por mi misma.
La pequeña embajadora que llegó a nuestra casa hace ya, miles de años, en realidad 10, se metió en mi corazón y ya nunca nadie ni nada va a sacarla de allí. Desde entonces, no puedo permanecer indiferente ante la suerte del Pueblo saharaui porque ella forma parte de este pueblo.
No considero a las ONGs detergentes de conciencias, mejor prefiero pensar que palian problemas que corresponderían a otros. Ya sé que muchas veces detrás hay intereses económicos y basura debajo de las alfombras pero ¿quién no guarda algún esqueleto en su armario?
Sin la vertiente política del proyecto éste perdería parte de su sentido. Sería cruel mostrarles un mundo opulento para después devolverles a la antesala del infierno. No, este proyecto sensibiliza a la ciudadanía y despierta conciencias dormidas.
Tampoco quisiera ser dura con las familias que acogen por motivos puramente humanitarios: la ayuda que llega a los Campamentos, la directa de familia a familia, no son migajas de nuestra mesa, es resistencia. El hambre y el derecho a la salud no deberían estar sobre las mesas negociadoras en un conflicto y sin embargo están. El hambre es el arma más poderosa de todas, nadie ha inventado otra igual. Si ayudas a resistir ayudas a vencer. Los proyectos humanitarios y culturales en los Campamentos son armas cargadas de futuro. No necesitan que les demos la mano. Son pobres por la situación de refugio pero saben pescar, cultivar su trigo y hacerse su pan, administrar sus recursos y organizarse politicamente.
No quieren vivir en otra parte que no sea su Sahara en paz y liertad y tienen suficiente capital humano, adecuadamente formado para desarrollarse en todos los sentidos.
Hay ingenieros, médicos, maestros, tecnicos en informática, en sanidad, arquitectos con licenciaturas y doctorados que están esperando a que la Legalidad Internacional se cumpla y si no lo hace van a ser todos soldados de un ejército pequeño pero decidido a vencer. Son hombres libres que luchan para seguir siéndolo y para que lo sean sus descendientes.
Los Campamentos son campos de refugiados atípicos y únicos. Cuando viajas allí comprendes muchas cosas que antes sólo podías entrever.
Sin embargo te agradezco tu sinceridad y el ejercicio de introspección, yo suelo actuar por impulsos y me muevo más por sentimientos que por raciocinio. Que alguien equilibre la balanza es de agradecer.
Gracias por tus amables palabras. Un fuerte abrazo.

Antònia Pons Valldosera 29 julio, 2010  

Rafa, asistencia solidaria y política, quizás más de lo último que de lo primero. Necesitan ayuda, desde luego, pero lo que más necesitan es Justicia. En este caso solidaridad es resistencia. Ayer mismo en la recepción del ayuntamiento pronuncié palabras de legítima reivindicación, agradeciendo toda la solidaridad pero diciendo que sin su País los síntomas persistirán. Que los miren, que los vean, que la prensa se haga eco de su visita, que sepan a qué vienen y porqué. Que algunos políticos que practican la hipocresía en este tema se avergüencen.
Y que conste que no hablo por IU que siempre ha reivindicado y apoyado a esta justa Causa, ya lo sabes.
Saludos y república, esta vez árabe, saharaui y democrática.
Un abrazo.

Montserrat Sala 29 julio, 2010  

Mª antonia Valldosera. He vist el video i he llegit les teves paraules, que m'han emocionat. El mon de refugiats, es quelcom que no deurie d'estar permés. DE primer semble que sigui un lloc c'aculliment, que es té que agrair al que t'el ofereix, pero despres passen els anys, i aquell sentit de provisionalitat es converteix en una obsesió insuportable.

Camino a Gaia 30 julio, 2010  

Creo que lo mas hermoso de tu post es la incidencia que haces, no tanto sobre lo que podemos darles, sino lo que estos niños de la arena nos dan. La caridad y la condescendencia se curan con el intercambio. Cuanto menos tenemos, mas importancia adquiere lo que somos. Es cierto que siempre podemos hacer mas. Pagar una cuota en una ONG no nos exime de resistir activamente la injusticia. Pero lo mas importante es hacer algo, la inacción es el peor de los males.

Ciberculturalia 30 julio, 2010  

Querida Antònia es muy emocionante ver estos "campos" de los niños de arena que viene gracias a la solidaridad de muchos pero que nos dejan plenos de agradecimiento. Es mucho lo que nos dan y ellos tienen la oportunidad de mejorar su esperanza en el futuro. La historia de Lalia así lo confirma. Su voz es universal. Es la voz de los que claman justicia y compromiso.
Buenísima entrada. Enhorabuena.
Un beso

Antònia Pons Valldosera 31 julio, 2010  

Montserrat, el refugio es amable porque es refugio y es amargo porque es exilio. En el caso de los campamentos saharauis en Argelia la sensación de provisionalidad está buscada y promovida. Además los saharauis nunca se han dejado asimilar. Quieren regresar a su país.

Antònia Pons Valldosera 31 julio, 2010  

Camino a Gaia, así lo creo yo. Es mu fácil de desprendernos de unos euros mensuales para tranquilizar nuestra conciencia todo y que las cuotas y los socios de las ONGs y otros movimientos solidarios ayudan mucho.
La acción ya sea cooperativa o sensibilizadora es fundamental. A veces parece que una simple exposición de fotos o una charla sirve de poco lo mismo que compartir tu verano con un niño refugiado. Pero todos los "pocos" conforman un muchísimo.
Hoy en día mucha ayuda que es resistencia que llega a los Campamentos lo hace directamente de familia a familia y la solidaridad vecinal entre los saharauis funciona, lo he visto con mis propios ojos. Y lo más importante: el boca a boca funciona muy bien. Un gran poeta saharaui dijo:
Mírame siempre
nunca dejes de mirarme,
siente mi destino como el tuyo
No dejes de miranos
porque si lo haces
habremos desaparecido.
Un abrazo.

Antònia Pons Valldosera 31 julio, 2010  

Ciber, si ya es emocionante verlo en imágenes, vivirlo en directo es demoledor. Ya nada vuelve a ser lo mismo cuando has compartido la hospitalidad de una haima o contemplado la dignidad y la entereza con la que viven su refugio.
Las mujeres sobre todo nos dan una lección de fuerza y compromiso. Los niños con sus sonrisas y su inocencia hacen que el viajero emprenda una ruta hacia dentro de su propia conciencia. Un viaje que ya no tiene retorno. Una parte de nosotros se queda allí.
Estos niños de la arena llegan sin nada y se van con una maleta llena de ayuda aunque por mucho que se leven siempre es más y más valioso lo que nos dejan.
Un abrazo.

Antonio 03 agosto, 2010  

Querida Antonia, mi reflexión, incluso mi introspección, como una forma de entender las conductas humanas desde la propia, es un acto de toma de conciencia, de confrontar las diversidades que se dan en nuestra sociedad y conocer los mecanismos intrínsecos que motivan a los seres humanos en sus actos. La complejidad del ser humano estriba en esa forma tan amplia de conductas y posicionamientos, sustentados en los principios del sostenimiento de las especies. El abanico de conductas está inclinado hacia el egoísmo y no hacia la solidaridad… Así nos va….
Soy consciente de que esta injusticia que nos atenaza, que nos ha llevado, y nos sigues llevando, a una sociedad indigna e insolidaria, es el producto de los instintos y formas que los individuos y los grupos ponen en práctica en un planteamiento evolutivo darviniano de competencia y de imposición del más fuerte sobre el más débil.
El ser humano, por su inteligencia y capacidad de razonamiento, por su elevación intelectual, debería tomar como camino de evolución universal el que tu planteas, la solidaridad, la justicia y la lucha por hacer más digna la vida de todo ser viviente.
Alabo tu planteamiento y ojalá esa semilla sea fructífera, pues solo desde la conducta de unos se crea escuela, se establecen planteamientos y principios que lleven a un mundo más justo. Nuestra cultura hay que cambiarla desde la base, por toma de conciencia a posicionamientos más humanistas, integrados en el entorno, en comunión con todos los seres vivos.
Con este artículo y los videos que presentas dejas de manifiesto dónde está esa puerta, esa ruta donde se empieza el camino hacia esa otra posición desde la toma de conciencia colectiva, el camino a los valores reales que deben regir en la vida de los seres humanos. Pero la tarea no es fácil, existen esas otras formas que yo refería y que se han ido fraguando y consolidando en las conciencias humanas, desde las cultura que tutelaron las propias religiones, como elementos de prevalencia de un grupo sobre otro, siendo la caridad la pieza clave en la disonancia cognitiva, para seguir ejerciendo la injusticia y el expolio de los pueblos más pobres.
Querida amiga, el tema da para mucho debate y el asunto del Sahara es una más de tantos que hay en este jodido mundo, pero que nos coge más de cerca por la implicación que nuestros gobiernos han tenido en su evolución.
Reitero mi felicitación y tu ejemplaridad en esa toma de conciencia a que me refería.
Un gran abrazo

Antònia Pons Valldosera 05 agosto, 2010  

Antonio, yo como Rousseau, prefiero creer que el individuo nace bueno y que la sociedad le acaba corrompiendo.
La caridad entendida como limosna me ha repugnado siempre porque degrada a quién la recibe pero más al que la otorga.
Era muy desagradable ver las señoras del ropero parroquial envueltas, como decía la canción, en seda y pieles pasar por los hogares de las "familias necesitadas" y dóciles para repartir sus dádivas por Navidad. Y no voy a explicar ahora el porqué.
Mi padre intentó educarme con arreglo a sus ideales: no des nunca lo que sobra, esto no tiene mérito, da lo que tienes, reparte con los que no tienen. ¿Tienes dos patatas? Da una, no la que tengas que tirar. No ofrezcas nada de lo que tu no aceptarías.
El asunto del Sahara es uno más.¡Hay tantas situaciones injustas! es cierto, y a veces me pregunto el porqué es esta y no otras causas las que me toca el corazón. Y no podría responderte. O sí, tal vez la motivación se base en el amor. Acoges a una niña, la quieres muchísimo y entras en la rueda, ya nunca puedes inhibirte aunque quieras.
En ocasiones me gustaría recuperar mi vida de antes pero esto es imposible. No puedo aunque, confieso que lo he intentado por razones que no vienen al caso.
Tienen muchísimo más mérito los que luchan contra las injusticias en general que aquellos que lo hacemos por una en particular. Aunque cada gesto, por pequeño que parezca ayuda a hacer este mundo más habitable, más justo, más hermanado.
Los seres humanos somos capaces, incluso, de dar la vida por un amigo. Imagina todo este caudal bien encauzado. Sin duda sería la palanca que buscaba Arquímedes para mover el mundo.
Un abrazo.

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