Animales o mascotas

>> 20/5/10

Como no soy partidario de tener animales urbanos, de los llamados de compañía, domésticos o peor aun, mascotas, y comprobar que la mayoría de mis amistades sí lo son, he decidido investigar los motivos de esa discrepancia.

En un primer momento pensé en hacer una encuesta a los dueños de los animales, pero desconfío mucho de ese tipo de estadística, pues pocos son los que responden con sinceridad, más bien dicen lo que se espera que digan.

Si pudiera espiarlos día y noche en su relación con el animal, seguramente descubriría las auténticas razones de dicha adopción, pero costearme una agencia de detectives privados sería excesivo para mi empeño.

Hasta que se me encendió la lucecita del ingenio, ¡claro! Que mejor espía que el propio animal, quién mejor que él puede conocer las razones que intento encontrar.

Me decidí por el perro, pues es el que por mayoría ocupa las casas de los ciudadanos.

Me costó un montón encontrarlo, no porque no hablara mi idioma, pues suelen ser bilingües, hablan el suyo y el de sus amos, sino porque ninguno tenía el más mínimo interés en enemistarse con ellos por sus declaraciones.

Por fin encontré a una perra ya mayor, a la que no le importaba, a su edad, decir lo que pensaba temiendo posibles represalias de sus dueños. Me gustó esa sabiduría adquirida con el paso del tiempo que auguraba buenos resultados.

Tuve que pedir permiso a la pareja que la llevaba atada con una correa. Estaban sentados en una terraza tomando unas cervezas. Me dijeron que era su hora del paseo, la de la perra, pero más bien debía ser la hora de la cañita, la de ellos. Pero a su edad, la de la perra, tampoco le importaba correr demasiado por el parque al que habían ido, ya había hecho sus necesidades, que era lo importante.

Les dejé mi carné de identidad rogándoles que me permitieran pasearla un ratito. Me dijeron que me tomara toooodo el tiempo que quisiera; al parecer les caí muy bien, pues no me explico tanta confianza.

Lo primero que le pregunté cuando nos alejamos de sus cuidadores fue por su nombre.

_ Pulgarcita -me dijo con expresión resignada-, por lo pequeña que era. Pero al poco tiempo ya me llamaban “Pulga”, es el problema de tener nombres largos. Al menos podían haberme llamado “Púlgar”, que se asemeja a una micro medida científica. Ahí empezó mi preocupación, me di cuenta que no me tenían en consideración, más bien se encapricharon de alguien con quien compartir sus aburridos tiempos de ocio. Desde entonces no he podido deshacerme del diminutivo, tampoco de los pequeños insectos del mismo nombre -decía esto rascándose bajo la oreja con insistencia-.

¿Estás a gusto con ellos?

_ Bueno, no puedo quejarme, pero la comida es cada vez más sintética igual que los programas de televisión, que con el tiempo me he acostumbrado a mirar, lo que ha producido un alejamiento de las caricias entre ellos y hacia mí. Que a mis 12 años esté tirada en el suelo durmiéndome ante el televisor, es comprensible, pero ellos con 37 años deberían tener más actividad, salir, jugar, leer, besarse, en fin todo aquello que yo nunca pude hacer cuando era joven si ellos no lo decidían. Lo de leer, con el tiempo lo he ido aprendiendo, me costó, pues lo hice de forma autodidacta, me ayudaron los subtítulos en los programas de televisión ya que el hijo de ellos es sordo, Mario, se llama, él fue la causa de que me adoptaran, pensaron que eso favorecería sus estímulos de comunicación. Cuando llegué yo Mario tenía 7 años. Fue un martirio para mí, pues debía aceptar todas sus travesuras que superaban el límite de mi paciencia, aunque compensada por sus caricias y afecto. Ahora, adolescente total, está con su música, sus novias, y el fútbol, por cierto, he de decir que soy de los pocos perros que nunca ha ido detrás de una pelota, me quedaba quieta cuando la lanzaban, esperando a que fuera más allá de los limites a los que me estaba permitido salir, cosa que no ocurría nunca.

Parece pues, que eso de ser perro no lo llevas bien.

_ Envidio a los lobos, de los que descendemos todos, los perros, quiero decir. Su mirada no es tan triste como la nuestra, aun conservan ese estado salvaje que les une más con la naturaleza. Nosotros nos hemos vuelto muy cómodos, no tenemos que buscarnos la vida, pero también somos más infelices. Bueno, a algunos ya les va bien, pero suelen ser los más débiles. Francamente, de joven me hubiera gustado correr por el monte, ser salvaje, fuerte, mejorar mis genes. Debe ser por eso que nos castran, porque nuestra descendencia no merece la pena. Algunos países africanos, lo sé por la tele, tienen la costumbre de mutilar los genitales femeninos, dicen que por razones religiosas, eso a mis “amos” no les parece bien, pero conmigo no fueron tan solidarios. No poder disfrutar de la sexualidad cuando eres joven es muy triste. Tampoco les gusta ver esclavos con cadenas, pero encuentran normal que la lleve yo, la correa que llevo es para que no nos peleemos con otros animales o ataquemos a los niños, pero ya de pequeña aprendí que eso no debía hacerse. Pero insisten en ello. Me sorprende, en cambio, que me dejen mear en la calle, cuando ellos no pueden hacerlo, o dejar mis “muñequitos” en el suelo, aunque luego tengan que recogerlos. Los humanos sois muy limpios, tanto como los gatos, en eso también os parecéis, egoístas ambos.

¿Qué opinas del hombre en la relación con el perro?

_ Los hay que utilizan al perro para competir en luchas caninas o hacer carreras tras un conejo de trapo. Hay que ver en que nos han convertido los humanos, de ser depredadores de ovejas a vigilarlas y mantenerlas unidas. Nos habéis transmitido vuestras propias conductas, no habéis respetado nuestra propia evolución como especie animal. Somos una herramienta más de vuestra propia evolución. Os ayudamos a encontrar supervivientes, perseguir delincuentes, cazar vuestros trofeos, entreteneros en los circos, acompañamos a los ciegos. Al menos en algunas de esas funciones es el perro el que lleva al hombre.

Pero en la mayoría de los casos vivís mejor que muchos millones de seres humanos.

_ Ahí está la cuestión, preferiría que nos dejarais libres y os ocuparais más de vuestros semejantes. Aunque me complace saber que he hecho feliz a Mario y sus padres, en eso los perros no somos nada egoístas.

Sabes, Púlgar, definitivamente me niego a tener animales en casa, aunque he de reconocer que te he cogido cariño y echaré en falta tu compañía.

Después de expresarle mi confesión no pude seguir con el interrogatorio. Me miró con esa cara entre triste y suplicatoria y un trasfondo de gratitud. Le quité la correa y la dejé marchar. Regresó con sus amos echándose a su lado, sin que ellos se apercibieran de su presencia, pues estaban absortos con su Smartphone, los llamados teléfonos inteligentes. A su lado tenían un sabio animal.

18 comentaris:

Antònia Pons Valldosera 21 mayo, 2010  

Bueno a mi no me gustan las mascotas a las que tratan como si fueran juguetes.
Confieso que en casa tenemos dos perros que viven a sus anchas en un amplio espacio, una fue un regalo: una malamute a la que compadezco porque en nuestro clima lo pasa mal la pobre, no puedo sacarla de paseo porque mas bien me saca ella a mi, la otra perra es pequeñita de raza indefinible que se encontró mi hija atada a la verja del instituto.
En el piso tengo dos gatos: una hembra a la que querían abandonar y mi hija pequeña me puso delante de hechos consumados. Es vieja y muy gruñona, conserva aún ese instinto salvaje y egoísta que me gusta, viene a por unas caricias cuando quiere y cuando no, duerme encima del escáner o en cualquier armario que encuentre abierto, el otro es un macho al que encontramos en un container tan débil que apenas podía andar. Es bizco y muy travieso ¡pobre de mi labor de ganchillo si me dejo el ovillo por ahí! Muy cariñoso jamás te haría daño. Tiene buen carácter porque aún es joven. Ya me gustaría dejarle ir suelto por tejados y calles, pero si lo hiciera comería algo envenedado que la gente suele poner y moriría.
Mis gatos me hacen mucha compañía en los momentos en los que he estado sola o enferma, parece que lo saben y entonces se suben a mi falda o en mis piernas si estoy en cama.
Y lo más importante de todo: yo gusto a los gatos, no hay ni uno que se me resista. La de mi hija no es adoptada más bien son ella y su marido los adoptados por ella, se les metió en casa y entra y sale cuando quiere aunque siempre regresa. Pues bien una noche me quedé a dormir en su casa y ella abandonó su lugar habitual para dormir conmigo ¡alos pies de la cama!No daban crédito.

Jordi Pascual Morant 21 mayo, 2010  

Me alegro por esos animales a los que un día la fortuna les sonrió al encontraros.
Deben ser sabios, también, porque han sabido elegir.
Un beso Antonia.

Eastriver 21 mayo, 2010  

Muy bueno, Jordi, una verdadera meditación perspectivista de nuestra relación con los animales. A mí sí me gustan, o quizá más que gustarme los respeto. O ambas cosas. Mucho, además. Respecto a lo de tenerlos en casa volveré a pensármelo mucho. Si los tienes has de cuidarlos hasta el final y ello puede ser sacrificado por la vida que llevamos (y que de momento no queremos dejar de llevar).

Quienes me conocen saben de mi debilidad por los gatos más que por los perros. Me gustan todos los animales pero los gatos me fascinan por su inteligencia y su personalidad, y me divierten.

Con lo que no puedo es con el abandono. Están acostumbrados a una serie de cosas, no diré que ello esté bien, lo único que digo es que es así: si no les das alimento muchos no saben procurárselo. Abandonarlos es condenarlos por ese motivo y por el abandono emocional en que caen, ellos que son tan dependientes. Me bulle la sangre con el abandono porque eso sí que significa tomarlos como un juguete, actuar de forma desmesuradamente egoísta.

Y finalmente pienso que si tenemos la sensibilidad suficiente podemos aprender tanto de los animales... Por eso me gustaría volver a tener un gato, para seguir riéndome con él y siendo ambos cada día un poco mejores.

Jordi Pascual Morant 21 mayo, 2010  

Ramon,
Hoy, más que nunca, hace falta esa reflexión sobre la tenencia de animales domésticos, creo que hay una saturación, con los problemas que ello conlleva. Entre ellos el abandono del animal, triste por la insensibilidad de quien lo hace y por la debilidad en la que se le deja.
No tengo ninguna duda que hay mucha gente que ofrece su cariño al animal y éste, agradecido, nos enseña muchas cosas de la vida. Sólo una reflexión más, ¿aprendemos lo mismo de un animal doméstico que de uno salvaje?
Una abraçada.

Susana 21 mayo, 2010  

Jordi, querido, ahora que ya nos has dejado a la altura del betún a cuantos compartimos nuestra vida con un animal -somos, como poco, necios y crueles-, permite que te diga que opino que no sólo no tienes razón -o no toda la razón-, sino que sólo puede hablar así quien nunca ha amado a un animal.

Y dicho esto, añadiré que cuanto expones de terrible sometimiento al pobrecito perro que sufre horrores acompañando a sus amos a tomar una cerveza, o bien pastoreando las ovejas (sabías que hay muchas razas de perros de instinto pastor? reunificador?), es el sino que le espera también al niño. Nuestra vida se aleja trágicamente del mundo natural.

Por suerte, el espíritu de niños y animales (de algunos niños y animales) nos mantienen levemente en contacto con lo que debiera ser nuestro medio común.

Pero, por si acaso, le preguntaré a mi perro, abandonado por dos veces, si era mucho más feliz en su medio "libre". Por sus reacciones, adivino que no...

P.D. Llevo un par de meses sin abrir la boca en un blog, pero sigues sabiendo hacerme saltar... Hay que ver cómo te las gastas!

mariajesusparadela 21 mayo, 2010  

Firmo tu escrito ,querida Susana.
Jordi debes haber tenido poca suerte con la gente que tiene perros. (O no has hecho la entrevista imparcial, ni al número de sujetos suficiente)

Jordi Pascual Morant 21 mayo, 2010  

Susana,
Me alegra volver a verte por aquí, esa es la Susana guerrera que añoraba.
Aunque mi intención no era molestarte ni molestar a los que compartís vuestra vida con una animal, como dices. Pretendía una reflexión sobre la domesticación del animal salvaje. En como el ser humano lo ha utilizado para su interés personal, llegando a ser también un medio para compartir su cariño, como no. No estoy en contra de tener animales, simplemente no lo comparto, creo que es una diferencia importante.
Si lees bien el texto verás que también reluce afecto entre el animal y el ser humano. Que Púlgar aparezca más inteligente que sus cuidadores es una muestra que admiro al animal por su intuición. Me llevo muy bien con los gatos y los perros, siempre se acercan a mí, se acuestan a mi lado y los noto muy relajados, me gustan mucho, pero no los tendría en un piso, de una casa, de una calle, de una ciudad. Es simplemente una elección.
No os considero necios ni crueles, en absoluto, porque vosotros nunca abandonaríais a un animal, al contrario los protegéis de quines no saben cuidarlos.
Pero aprecio tu comentario, me ha hecho reflexionar.
Un abrazo

Jordi Pascual Morant 21 mayo, 2010  

Mariajesus,
Precisamente la gente que conozco y tiene perros son muy cariñosos con el animal y lo respetan. Pero lo que veo en las calles día a día creo que merecía otra reflexión, tampoco las noticias de abandonos demuestra que todo el que tiene un animal merece tenerlo.
Los padres de Mario pensaron que era bueno para él la compañía de Púlgar, quieren lo mejor para su hijo y encontraron un perra sabia, ¿son por ello necios o crueles?
Gracias por tu comentario, por cierto, yo también comparto muchas de las ideas de Susana.

ANET DUNCAN 21 mayo, 2010  

Entre la teoría y la practica. You have always expounded extensively on subjects that you haven't lived. A rigid and frigid approach (albeit with humour), in this case on domestic pets, simply reflects your lack of contact with animals. I agree that the city is not the place for animals for all the obvious reasons but the incredible understanding, trust and intuition that evolves between humans and animals brings into question levels of communication that aren't yet fully understood. When I lived in the country and would arrive home at odd hours...my dog would get up and sit at the front door ...and my car would drive in within three minutes. HOW did he know I was on my way back?

Jordi Pascual Morant 21 mayo, 2010  

Anet,

En mi respuesta a Susana, podrás leer que lo que admiro en los animales (y concretamente en los perros) es ese sentido de la intuición, cuando saben que estás llegando a casa a una distancia de kilómetros, como dices, o reconocer si quien está a su lado es bueno para él sin conocerlo. Tú aun conservas ese instinto salvaje de la intuición.

Por otro lado, que no tenga animales no quiere decir que no tenga ojos para ver a los que sí tienen. Sabes lo mucho que quería a Nela y lo contento que me sentía sabiendo que tu hija la había recogido del abandono en el que se encontraba. Me acuerdo de Nela con mucho cariño y me hacia mucha ilusión al verla, era tan respetuosa, tan inteligente, la añoro.

Gracias por tu comentario, pues me ha hecho pensar en ella y en Luti, a la que enterramos en una colina en Llança.

petons

Eastriver 22 mayo, 2010  

Yo no he entendido el texto de Jordi desde ese punto de vista que comentaba mi amiga Susana (sé que no te enfadas por no estar de acuerdo...). Lo entiendo más como un divertimento crítico, como una mirada diferente e incluso provocativa, como una forma de mirar desacomplejada, como una manera de plantearnos algo de forma diferente. Yo pienso, Jordi, que te paras en el momento justo: si hubieses ido más allá seguramente hubieras herido más susceptibilidades. La ironía también ayuda a que ello no haya sido así. La mía no la has herido. Pienso que está siempre bien plantearnos nuestra particular relación con los animales, cuestionarla. Los tratos no son solamente buenos o malos: pueden ser inapropiados. Está claro que estamos todos contra los malos tratos. En mi caso concreto sí me he planteado a veces si el trato que he dado a mis animales ha sido el correcto en tanto lo que son: animales. Yo lo he entendido así.

Un abrazo a todos.

Jordi Pascual Morant 22 mayo, 2010  

Ramon,
Aprecio que amplíes un poco más el significado de mi escrito. Yo también creo que es bueno reflexionar sobre aquellas cosas que hacemos de forma cotidiana y que afectan a otro, sea una persona o un animal. Respetar la naturaleza no es enjaular a un periquito, pero es un hecho normal y aceptado por todos. A mi me angustia ver un pajarito dentro de una jaula, la naturaleza le ha dado alas para volar. Entiendo otras conductas de utilización del animal para enriquecer el conocimiento del hombre, pero ¿qué puede aportar un pajarito enjaulado? La cuestión sobre la que reflexiono es la domesticación, y si se quiere leer entre líneas voy más allá de la relación animal-humano, para exponer la propia domesticación del hombre. En Púlgar, he querido ver a un ser limitado en sus deseos más instintivos y naturales para adaptarse a las exigencias de una sociedad donde unos ejercen control sobre otros.
Pero en todo caso, en este espacio de reflexión común, cuando opinamos o llamamos la atención sobre ciertos comportamientos injustos, no los dirigimos sobre nosotros mismos, sino sobre otros a los que observamos. Los miembros de éste blog no somos ultraderechistas, ni terroristas, ni pederastas, ni jueces o políticos corruptos ni banqueros incompetentes, pero hablamos sobre ellos y nadie se siente aludido. La mayoría de los que participáis en este blog tendréis animales y estoy convencido que seréis sus mejores amigos y los cuidáis lo mejor que podéis, pero lamentablemente hay otros que no deberían tenerlos, a ellos va dirigido mi relato.
Ramon, te llamaré el mediador de conflictos.
Un abrazo.

Antonio 22 mayo, 2010  

Amigo Jordi, interesante entrada, digna de reflexión más allá de donde tú mismo planteas. A mi me sugiere la más amplia meditación sobre la relación del ser humano con le mundo animal.

Desde un principio, en la cultura Judeo-cristiana, el ser humano ha sido el rey de la creación, lo que le ha llevado a entender que todo el mundo, incluido sus seres, estaba a su servicio y que tenía carta blanca para hacer y deshacer a su antojo. Así nos va…

La relación con el mundo animal no ha sido diferente. Incluso la propia relación humana ha estado sometida a los intereses de grupo, llegando a esclavizar al enemigo. Por tanto, estamos hablando de una actitud vital que trasciende a la relación con el entorno.

El ser humano, pues, busca la sumisión y el provecho que le dé el otro. Somete a los propios seres humanos, a caballos, perros, vacas, ovejas, gallinas, etc. Al hacerse sedentario busca que la caza anterior sea una crianza en cautividad para sacar provecho al animal, bien como alimento, bien como instrumento. En ese sentido es capaz de meter en prisión, condenadas a cadena perpetua, a las aves, que son el símbolo por antonomasia de la libertad, para verlas y escuchar su trino… Qué egoísmo…! Con aquellos otros animales que no le eran útiles, o le resultó demasiado costosa su sumisión por la bravura, siempre demostró, en última instancia su dominio mediante la domesticación circense, la caza deportiva o el espectáculo, como en el caso de los toros. Lo importante es dejar constancia de su supremacía.

Con relación a perros y gatos siempre fue la búsqueda de alianza sometiéndolos a un trabajo provechoso de vigilancia, caza, etc… Ciertamente, esa alianza pasó, y pasa, por diferentes estadios en función de la cultura de los pueblos y de la propia evolución y sensibilidad del ser humano.

En nuestra cultura, donde ya no es necesario el concurso de tantos animales, al haber sido suplidos por las máquinas, se les ha dado otra función o se intenta evitar su extinción conservando la especie. Véase el caso del burro y la creación de reservas.
Creo que es muy difícil generalizar una actitud respecto a las llamadas mascotas, pues las motivaciones son muy personales, pero hay una tendencia a usar al animal como elemento de compañía, cuando el ser humano se está deshumanizando en el trato social. Sorprende el amor que algunas personas tienen a sus animales, cómo los cuidan y llevan al veterinario, cómo responden estos y hasta qué punto hay una simbiosis en la convivencia y en la satisfacción de necesidades. Son sus compañeros, que le profesan afecto, respeto y sumisión, en un mundo deshumanizado.
.
Creo, finalmente, que la relación de muchas personas con sus animales, es comparable a la de pareja, donde su estadio es distinto y se ajusta a la personalidad y al proceso de formación que tuvieron ambos desde su nacimiento. En función de ello se fraguó la relación, que es singular y no generalizable, salvo a grandes rasgos.

Siento haberme explayado tanto, pero se me fue la pinza en cuanto empecé a escribir.
Un abrazo y gracias por tu interesante reflexión.

Antonio 22 mayo, 2010  

Por cierto, se me olvidaba. Tengo dos gatos. Uno de ellos cuando me siento en el sillón se acerca, me toca con la pata en el brazo y me maulla pidiendo que le acaricie.
Saludos

Jordi Pascual Morant 22 mayo, 2010  

Antonio,
Tu reflexión es mucho más pedagógica que la mía, a ti se te va la pinza, a mi el pincel, una mancha por aquí, una caricatura por allí, una invención más allá.
Pero coincidimos paralelamente en nuestras opiniones, al menos en lo básico.

También debemos reconocer que muchas culturas han adorado a los animales, los han tenido como muestras y ejemplo de fuerza, inteligencia y amor. Creo que en general (las diferentes culturas en la historia) hay una gran admiración y respeto por el animal, pero también nos avergonzamos de los crímenes que sobre ellos hemos ejercido y ejercemos.

Insisto en referirme a la domesticación como conducta asociada únicamente a las sociedades humanas cuya interacción prolongada y mediante selección deliberada obtiene determinados beneficios a través de modificar caracteres morfológicos, fisiológicos o de comportamiento, por lo cual una población de una determinada especie, pierde, adquiere o desarrolla dichos caracteres.

Te envío “carentoñas” para tus gatos, como dice mi amigo Cifuentes en el programa radiofónico, “Jazz entre amigos”.

Jordi Pascual Morant 23 mayo, 2010  

Quisiera aclarar una expresión que, contestando a un comentario de Anet, pueda ser interpretado erróneamente y con razón. Le decía a Anet que recordaba el día que habíamos enterrado a Luti, pues bien, aunque yo no estuve en el entierro sí la acompañé otro día para estar en el lugar donde la enterraron y despedirme simbólicamente de ella.
Se me fue el pincel.

fritus 24 mayo, 2010  

Me ha encantado este post y también el debate que ha generado. Y coincido en muchas cosas con lo que señala Jordi, el autor de la entrada. Aunque también me han parecido interesantísimas la aportaciones de Susana e Isabel.
Creo, sobretodo, que tener un animal doméstico es un ejercicio de responsabilidad, muy similar al que pueda conllevar la paternidad, y ese, entre otros, es el motivo por el cual no tengo animales domésticos...porque no quiero un plus de responsabilidad en mi vida , ni quiero hacer infeliz a ningún pobre animal con mis despistes, mis olvidos o mis irresponsabilidades.

Y bueno,...cada vez que veo a un Husky Siberiano ( más de uno y mas de dos) muriendose de calor en Eivissa en agosto pienso en que hay algo que no funciona bien en el cerebro de su amo. Mientras tanto hay muchos perros callejeros , o includo podencos ibicencos, abandonados en la perrera.
Un abrazo.

Jordi Pascual Morant 24 mayo, 2010  

Fritus,
Coincidimos. Ayer estuve paseando, precisamente, con un podenco ibicenco de una amiga por el parque Güell, ¡lo veía tan feliz husmeando y curioseando entre arbustos, pinos y piedras! Los animales domésticos nunca dejan de ser como niños para los que los tienen, siempre han de estar educándolos y los cuidan y quieren como desamparados de la vida que les rodea. Lo digo con cariño. Al menos los hijos, cuando son mayores de edad o cuando lo deciden ellos, se independizan de los padres, el animal doméstico nunca lo hace.
Gracias por participar en el debate.

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