Reflexiones de un iletrado sobre el sentido común y la justicia

>> 25/4/10



Hablar de la justicia siempre es escabroso. A mí los jueces me imponen, pero no es solo respeto, más bien es miedo. Es el miedo a no saber lo que pueden determinar ante un hecho, lo que implica cierta desconfianza a la par que desconocimiento del mundo de la judicatura. El asunto está en que, sea como fuere, se ha de tener un marco legal que articule la convivencia. El problema es cuando ese marco legal es burlado por unos, mientras machaca a otros en función del conocimiento y los recursos de la defensa o de influencias inconfesables. Los errores judiciales son bastante habituales, incluso de organismos superiores. Se ha dado el caso de condenados a muerte que luego se ha demostrado su inocencia, cuando ya no había posibilidad de reparar el error.

Bajo mi punto de vista hay dos vertientes importantes para cuestionar o analizar la impartición de la justicia. Por un lado está la legitimidad que las leyes tienen desde la justicia social y del sentido común, como servicio a la ciudadanía y su convivencia. Hago hincapié en lo del sentido común por entender que las personas nos solemos llevar más por él que por otra cosa. El sentido común es un juicio personal que todos hacemos, fundamentado en nuestro aprendizaje social y al amparo de la concepción infusa que la historia fue fraguando en nuestra forma de entender y ver la convivencia social. Para Trout y Rivkin, el sentido común es una facultad que posee la generalidad de las personas, para juzgar razonablemente las cosas. Esto ya nos da una idea concreta de por dónde deben ir las leyes. Una ley justa es aquella que se adecua al sentido común del pueblo. La justicia se hace aplicando las leyes, pero estas pueden no ser justas. Había, y existen aún, en muchos países leyes injustas. Nosotros lo sabemos por experiencia.

Después está la forma y criterio que usa el juez al respecto. Es obvio que no todos los jueces dictan la misma sentencia ante un mismo hecho. Claro, dirás, es que para eso están los recursos. Cierto, pero eso no quiere decir que en las esferas superiores no se vayan a dar las mismas circunstancias de diversidad de criterio que en las inferiores. Entonces recurren a los votos del jurado y se determina por mayoría. Es decir, es el criterio de la mayoría el que prevalece. Eso quiere decir que, ese criterio, no es justo para los que no votaron en ese sentido.

Una vez, ante un juicio, pregunte a mi abogado cómo veía la posibilidad de ganarlo y me respondió: “Depende del juez que nos toque”. A pesar de todo, tengo que confiar en la llamada justicia, pues es la única forma que tenemos de establecer el orden en un sistema democrático. Eso no quiere decir que no la critique en sus justos términos desde mi libre opinión. Al fin y al cabo, la justicia debe emanar también de la soberanía popular, a través del legislativo elegido en votación universal y directa. Si existe la discrepancia entre los propios jueces (ver: http://www.elpais.com/articulo/espana/discrepo/prevarico/elpepuesp/20100422elpepinac_4/Tes), cómo no entenderla entre los ciudadanos de a pie.

En ese sentido las leyes las elaboran los representantes del pueblo soberano, el parlamento elegido democráticamente. Lo cual tampoco garantiza que sean leyes justas, pero al menos se pueden acercar más al sentido común, en tanto el voto es reversible. Por tanto, bajo mi criterio, el legislativo es el órgano más importante que se da en un sistema democrático, de soberanía popular, y los demás poderes del Estado se han de someter a él.

Andamos envueltos, en los últimos tiempos, en un clima judicial preocupante, que siembra cierta inquietud y desconfianza en el mundo político y ciudadano. Los casos de Garzón, la trama Gürtel, los amiguismos inconfesables, la corrupción política en general, el no querer considerar los crímenes de lesa humanidad del franquismo, el asunto del Estatut catalán, etc…, junto al caso de la “caducidad” de los nombramientos en altas instancias, como el Tribunal Constitucional, dan mucho que pensar al ciudadano de a pie. Acaba uno sin saber muy bien como encajar determinadas actuaciones en la concepción de una justicia ecuánime e imparcial.

Como un botón de muestra me quiero referir al caso del Estatut Catalán. Hace cuatro años que está funcionando y aún no se han pronunciado el Constitucional. Lo primero que me planteo es si el asunto debió ir allí. Si un parlamento autonómico, previo estudio de juristas de reconocido prestigio y el apoyo en referéndum del pueblo soberano, y un parlamento nacional, con arreglo al sistema de funcionamiento establecido, elaboran y aprueban un Estatuto, pasando este por el visto bueno de los letrados de las cortes… ¿no deberíamos otorgarle la máxima legitimidad sin necesidad de someterse al espectáculo que se está produciendo en el Constitucional? Máxime cuando el Constitucional debería haberse renovado hace años y todo el mundo sospecha que no se ha hecho por ser, los nombramientos, motivo de confrontación política. Lo que lleva a pensar que puede haber intencionalidad en los partidos políticos para ejercer influencia en este organismo.

El hecho en sí, bajo mi punto de vista, es que el legislativo ya le da la legitimidad suficiente para que no tenga que pasar por el Constitucional. Y menos manteniendo ese “empate técnico” que parece darse entre los miembros de este.

Hay otro hecho preocupante. Cómo el PP, que es de vocación legisladora y en consecuencia aspirante al ejecutivo, recurre al Constitucional para que anule una resolución del legislativo, ninguneando las reglas funcionales del parlamento democrático. ¿Eso no es tirar piedras contra su propio tejado? Y, en todo caso, ¿Por qué no recurren otros artículos similares de estatutos que votó favorablemente en su día? Solo cabe la explicación del perverso juego político partidista en función de la representatividad que se tenga en esa comunidad.

Hace unos años se voto el Estatuto Catalán, el Andaluz, el Valenciano, etc. Están funcionando y no se ha roto nada, pero de seguir así conseguirán enfrentar a la ciudadanía de las diferentes comunidades. Eso es desmembrar España, romperla deshaciendo voluntades solidarias. Se habla mucho y sin fundamento de los privilegios y de las prebendas de unos y de otros, pero no se percatan de la miopía política, que no ve el mal que se hace a la convivencia interterritorial. Gritan: “Los catalanes insolidarios ponen en sus supermercados que se consuman productos de la tierra…” pero en Andalucía también se encuentran banderitas andaluzas indicando que se consuman los nuestros. Eso es una estrategia de marketing. Así, nuestro infantilismo e inmadurez política queda atrapada en un discurso malévolo, dejándonos llevar por las estupideces de unos cuantos.

Yo me atrevería a pedir algunas cosas. Al Partido Popular que retire la demanda ante el Constitucional, el alto tribunal se lo agradecería. Al Constitucional que se declare incompetente, dado que es el legislador el que se ha definido. A los medios de comunicación agitadores, responsabilidad. A los ciudadanos, que entiende al ser humano por encima de estos localismos de mayor o menor dimensión, que no se deje influir por actitudes de confrontación y que sigan trabajando por un proyecto integral de concepción universal, derribando fronteras y labrando el acercamiento entre los hombres y mujeres que pueblan este jodido mundo, que crearon los poderosos a través de la historia sin contar con el pueblo. Y a todos, un poco más de sentido común, ese sentido común que lleva a una visión holística, totalizadora, de un mundo socialmente interactivo, que enriquezca con su diversidad, que sume y no reste. Nuestra gran nación es la humanidad, nuestra patria le mundo. Los estatutos son, al fin y al cabo, una forma doméstica de organización para hacer funcionar las cosas desde la visión cercana de los pueblos. Creemos, pues, estatutos, pero rompamos fronteras

24 comentaris:

Ramon.Eastriver 26 abril, 2010  

Entre las muchas ideas que rescataría de tu artículo, además de la imperfección de la justicia, de los errores y de las parcialidades, aquella que enuncias así: "el legislativo es el órgano más importante que se da en un sistema democrático, de soberanía popular, y los demás poderes del Estado se han de someter a él", en el sentido de que efectivamente el legislativo es quien construye las leyes que luego serán buenas. Imposible resumirlo todo y no es necesario porque tú lo dices muy bien. Estoy de acuerdo en todo, incluso en ese final que apuesta por suprimir fronteras. Soy internacionalista por convencimiento. Esa es una vieja aspiración que solamente podrá darse cuando todos opinemos lo mismo. Eso es válido cuando haya un consenso general. Mientras tanto apuesto por el respeto entre naciones, por la no ingerencia, por las decisiones multilaterales en casos de conflicto, etc. Brillante y completo, Antonio. Y actual por desgracia.

Camino a Gaia 26 abril, 2010  

Supongo que todo lo estudian siguiendo las encuestas, pero siempre me pregunto por qué desde el poder se tiene en tan poca estima la inteligencia del ciudadano. La manipulación resulta a veces tan clara que casi podemos predecir lo que nos van a decir ciertos políticos.

Parece muy claro que el nombramiento de los jueces no es una cuestión sin importancia. Ellos interpretan la ley, pero a veces solo escuchamos un réquiem por la justicia. ¿Cuales son los mecanismos democráticos a través de los cuales pueden los votantes influir sobre uno de los tres poderes del estado de derecho? ¿Solo debemos acatarlo, sin más? ¿Acaso por eso han puesto sus ojos en el poder judicial las fuerzas mas reaccionarias de este país?
Me parece preocupante que mientras sobre aquellos que son elegidos por los votos se puedan realizar todo tipo de descalificaciones, sobre aquellas instituciones como el poder judicial y la corona, ajenas al control democrático, se reclame un acatamiento ciego. El prestigio de una institución, que como cualquier otra se paga con el dinero de todos los contribuyentes, no debe presuponerse, por ser inaccesible al votante. En todo caso debe ganarse con la honestidad y la eficacia en el cumplimiento de sus funciones.
El sentido común sirve para muchas cosas, entre otras, para evitarnos comulgar con ruedas de molino.
Estoy por tanto de acuerdo contigo, Antonio, en tu exposición.

mariajesusparadela 26 abril, 2010  

Pues sí, yo me uno a tu petición de que el PP retire la demanda.

m.eugènia creus-piqué 26 abril, 2010  

Yo tambien tiemblo con los jueces.Lo del Constitucional con el Estatut es aberrante y si se ponen al final de acuerdo en algo será tan distinto al aprobado por el pueblo y por todo quisqui que mejor tirarlo a la basura.Todo ello me parece de pena.

CAROLVS II, REX HISPANIARVM 26 abril, 2010  

Buenos dìas, me paso por su blog para decirle que desde ahora serè su seguidor pues me parece de lo màs interesante lo que escribe. Espero que igualmente pueda disfrutar con el mio dedicado al reinado de Carlos II de Espana: http://www.reinadodecarlosii.blogspot.com/

Un saludo.

Antonio 26 abril, 2010  

Pues sí amigo Ramón, yo pienso que si el pueblo es soberano la judicatura debe estar al servicio del pueblo. Si el pueblo se define por las urnas, los representantes salidos de ellas están por encima de todo y la judicatura debe someterse a ese designio y no entrar en conflictos con ellos sin base justificativa concluyente. Este equilibrio interpretativo de la constitucionalidad del Estatut pone de relieve que la justicia es interpretable, pero cuando habla el pueblo debe callar ella; en este caso no hay base concluyente.
Puede ocurrir que los jueces interpreten que son ellos la justicia, y ellos son funcionarios que han de interpretarla bajo el espíritu de la ley, al servicio del ciudadano. Un caso reciente de libre interpretación de la ley es el caso Calamita, el juez que hizo de su capa un sayo y determino lo que en conciencia creía debía hacer, saltándose a la torera las leyes establecidas e imponiendo la ley propia.

Un abrazo

Antonio 26 abril, 2010  

Amigo Camino, pienso que hay un punto indefendible en el ejercicio de la crítica y es el que se sometan los políticos únicamente a ella. La cuestión está en que entre ellos se descalifican por competir por el voto y les lleva a denigrarse y a denostarse. El campo de batalla debe estar en quien es el mejor, pero lo han convertido en quien es el menos malo.
Mientras tanto preservan a otros estamentos, como es la judicatura y la monarquía. Si el pueblo es soberano cualquier elemento que dependa de él ha de ser sometido al debate para que este lo conozca, corrija y oriente en el sentido de esa soberanía.
La justicia en este país no goza de buena salud, porque hasta ahora tiene demasiados fallos interpretativos, demasiadas sospechas de mal funcionalidad y, en algunos casos, anclaje en la ideología del pasado o en la influencia religiosa. Si un juez puede hacer uso de su ideología o de sus concepciones religiosas, por encima del espíritu de las propias leyes, debe ser apartado de la judicatura. En el caso de la judicatura la libertad de pensamiento choca con la justa interpretación de las leyes.
Por suerte aún tenemos profesionales que luchan por el prestigio de la justicia e imponer el sentido común. Harían falta más para que retomaran ese prestigio.
Un abrazo

Antonio 26 abril, 2010  

María Jesús, yo creo que nunca debió presentarla. El PP cada día me defrauda más con una actuación cínica. Creo que la educación y formación del espíritu nacional de los tiempos del caudillo ha dado su fruto y hay demasiados defensores del planteamiento fascista disfrazados de demócratas. La larga mano del caudillo se posó en ellos y solo ven por los suyos, tapan sus vergüenzas históricas y elevan a su santoral a los llamados mártires de la causa, de su cruzada asesina. No deja de ser curioso que unos asesinos mataran a otras personas acusándoles de rojos asesinos. Es la reversión de la prueba, igual que hacen con Garzón.
Un abrazo

Antonio 26 abril, 2010  

Geni, si le damos al juez el poder de decidir también se le ha de exigir el máximo de sensatez y de interpretación del sentido común. Hay algunos bajo sospecha razonable por su baja calidad como profesionales asépticos.
Un beso

Antonio 26 abril, 2010  

Carolvs II, me pasaré por tu blob para ver como tratas el tema del hechizado. No es un ejemplo de rey y mucho menos de transición, pues significó una guerra donde la España diversa se diluyó y pasó a ser un Estado totalitario en lugar de uno federal. Donde se perdió Gibraltar y empezó el gran declive de este país de parásitos nobioliarios y chupasangres monárquicos, bloqueadores del progreso y predicadores del “Vivan las caenas” en lugar de la libertad. Un drama de historia perniciosa que nos acompaña aún.
Saludos

Pablo D. 26 abril, 2010  

A mí también me dan miedo los jueces. Pienso que su falta de imparcialidad hace que la justicia no sea equitativa y eso es de las peores cosas que le pueden pasar a un estado democrático.

Enhorabuena por tu blog.

Un saludo!

Jordi Pascual Morant 26 abril, 2010  

Antonio, podríamos decir que: “Con la justicia hemos topado”.
A pesar de ello, la justicia es imprescindible para la convivencia humana, aun sabiendo que la ejercen personas y como tales con sentimientos que los dominan y errores propios de la naturaleza humana.

No tengo ni idea de cuantos miles de casos pueden estar en trámites de juicio, con sentencia dictada o en recursos solicitados. Quiero pensar que en la gran mayoría los procesos y las resoluciones deben ser justas, pues muy pocas salen a la luz de la polémica. Cuando eso ocurre suelen ser casos tan llamativos e “importantes” como el Estatut, los de corrupción política, o Garzón. En estos casos la justicia nunca podrá actuar libremente, pues están implicados por intereses partidistas los grupos políticos mayoritarios. Aunque la justicia pretenda ser para todos igual, no deja de ser una herramienta del Estado para solucionar conflictos que también le impliquen a él, el partido que gobierna. Hoy nos gobierna el partido socialista, al cual no le interesa adelantar una solución del Estatut, ni insistir en corrupciones políticas, mas allá de las necesarias, no sea que también ellos sean salpicados, y por supuesto mantenerse alejado de las iniciativas de Garzón, por el que no tiene muchas simpatías que digamos.

Si cuestionamos la justicia libremente, cosa que ahora podemos hacer, también deberíamos cuestionar los referéndum, opiniones de miles de ciudadanos que, como el caso del Estatut, dudo mucho que los que lo votaron se lo hubieran leído, así pues, la opinión del vulgo en temas tan importantes es más que dudosa, pues el sentido común no es el que hace hipotecarse a la gente, consumir más de lo necesario, mal alimentarse, fumar y beber tóxicos, o respirar la contaminación del propio vehículo. El linchamiento físico o moral es la justicia que muchas veces ejercería una parte de la población si no fuera por la justicia.

Dicho esto, creo estar en total acuerdo con lo que dices. Sólo he querido aportar alguna reflexión más al tema que planteas, que por otra parte me ha parecido muy bien razonado, como nos tienes acostumbrados.

Txema 26 abril, 2010  

Querido Antonio, planteas tantas cosas y tan interesantes que, cada uno de ellas, para consestarla como debería, merecería un espacio excesivamente largo. Me limitaré a unos apuntes.

Lo del sentido común del pueblo me parece que no siempre funciona. El sentido común que, en este caso podríamos equiparar a sentido de lo justo, es muy cambiante.

Lo que un pueblo soberano juzga aceptable en un tiempo determinado puede pasar a ser injusto años más tarde. Hay casos a mansalva.

Este es un tema en el que los juristas se han enfrascado en discusiones interminables.

Porque, en el sitema francés (napoleónico) que es el que sigue España, prácticamente está todo codificado, se pretende prevér cada posibilidad legal, con el consiguiente riesgo de que las leyes queden obsoletas.

El legislador no puede siempre ir al compás de la evolución de la sociedadd y de ahí los desfases que se producen.

Los anglosajones que se fían mucho más de la iniciativa de los jueces tienen un sistema bastante más interpretativo y flexible que les permite adecuarse mejor a las circunstancias cambiantes pero, por contra, hay demasiadas lagunas que se tienen que resolver por analogía y a veces ni se resuelven.

Te voy a poner un ejemplo espantoso: las leyes raciales de Nuremberg. Eran del todo "legales" y contaban con el apoyo del parlamento alemán dominado por los nazis que habían arrasado en las elecciones.

Los jueces alemanes tenían que aplicar la legislación racial y, aunque hubieran querido, no podían hacer nada, salvo, claro está, abandonar la carrera judicial.

El Estatut es aprobado por los óranos lesgilativos correspondientes, cuantan con el beneplácito del pueblo en refrendo. ¿La da esto carácter de legalidad?

Obviamente parece que sí, pero puede ocurrir que todos los grupos más interesados en sacar adelante un texto con claras connotaciones políticas hayan pactado incluso en contra de la constición española.

Personalmente creo que no es así, me da la impresión de que el Estatut se queda muy corto y es un insulto a las aspiraciones de Catalunya, pero eso no significa que supeditados como estamos a la legislación española pueda chocar desde esa perspectiva.

Lo ignominioso es que sea cual sea el texto a examiar, la opinión técnica de los jueces esté sujeta no a la propia constitucionalidad, incluso siendo esta discutible desde el punto de vista político, sino que esté mediatizada por quienes les han nombrado.

No sirven al derecho, sino al partido que les ha colocado en ese sillón.

Perdonad por el rollo.

Antonio 26 abril, 2010  

Gracias, Pablo D. Entiendo que los jueces son humanos y debe ser muy difícil desprenderse del aspecto emocional e ideológico, pero debería hacerse sin ninguna duda. Tal vez sea el miedo, que los sabemos humanos, como nostros, y sometidos a presiones e intereses.
Un saludo

Antonio 26 abril, 2010  

Jordi, es cierto, a pesar de todo debo aceptar el ejercicio de la justicia, pues es la menos mala de las soluciones para garantizar la convivencia en relativo orden y respeto. Pero, como todo, es manifiestamente mejorable. La justicia debe ser fría y aséptica para evitar que se actúe por linchamiento como tú dices. Ocurre que está sometida a presiones y a veces dilaciones tremendas. Yo ando en un pleito desde 2005 y aún no se ha emitido sentencia, a pesar de que el juicio ya se celebró hace bastantes meses; no sé si es por falta de medios materiales o humanos, por apatía del juez, o por lo que sea, el hecho es que seguimos esperando.
Creo que es bueno cuestionarlo todo, pero sin descalificar sino corrigiendo y orientando la cuestión hacia una mejor solución. La participación en un referéndum es importantísima para legitimarlo, otra cosa es el nivel de delegación que la gente haga hasta en la propia opinión del político y no se lea el texto a votar o el propio programa. La grandeza de la democracia es esa posibilidad de cuestionar y criticas todo para hacerlo mejor.
El sentido común al que aludo no es el que se puede desprender de la opinión del colectivo social, pues ese sentido común puede estar ausente en esa decisión que se toma bajo las emociones, los prejuicios y la ideología política. Por tanto, no entiendo que se ejerza siempre, ese sentido común, cuando se vota. De lo contrario no habrían salido elegidos los nazis o los fascistas de Musolini, o los gobiernos que atentan contra la convivencia mundial y declaran guerras, o el propio Berlusconi en Italia.
La manipulación de los medios de comunicación y la orientación del voto mediante procesos de marketing conducen a la mediocridad social al voto carente de ese sentido común.
Un abrazo

Antonio 26 abril, 2010  

Gracias Txema por tan interesante y amplia aportación. Paso a clarificar algo más mis posiciones. Lo primero es llamar la atención sobre el significado de la imagen de la justicia que coloqué. Es una balanza, pero está inclinada hacia el dominio, entendiendo que el poder ejerce una influencia determinante sobre ella.

En segundo lugar remarco la definición de Trout y Rivkin del sentido común: “…el sentido común es una facultad que posee la generalidad de las personas, para juzgar razonablemente las cosas”. El empleo del sentido común no es lo habitual y se acaba delegando en los políticos o representantes para evitar comerse el coco. Por tanto, no todo lo que decide un pueblo es de sentido común, que a veces es el menos común de los sentidos. Así se lo manifestaba a Jordi en el comentario anterior. Lo interesante es que el voto es reversible y mañana puede aparecer o descubrirse ese sentido común.

La evolución de los pueblos es un proceso dinámico y también, por tanto, es cambiante su cultura sus principios y sus valores, en una u otra dirección, incluso su moral y ética, en función del espíritu de los tiempos. En eso creo que estamos de acuerdo.

Bajo mi opinión, la ley se establece para dar respuesta a una convivencia social determinada en un punto y suele ir detrás de la demanda social que evoluciona más que la propia ley. El caso Garzón es un ejemplo. En la transición se quiso dar carpetazo al asunto de los crímenes del franquismo, se aceptó en ese momento por conveniencia para sacar adelante el proceso de cambio y ahora, tras la evolución social y al amparo de cómo han ido las cosas, el sentido común que exigió el procesamiento de Pinochet y la dictadura argentina, exige también que se reconsidere aquel acuerdo de amnistía.

Sostengo dos caracteres para que la judicatura sea fiable; que las leyes sean justas y que los jueces las apliquen con justicia.

El caso del Estatut lo defiendo desde la aplicación de tres principios básicos de la democracia, la aprobación por el Parlament como representante del pueblo catalán, el referéndum aunque no haya sido con participación masiva, y finalmente y concluyente, la redacción final y aprobación por el Parlamento del Estado Español, todo ello amasado por informes de juristas de las cortes que lo dan como constitucional. Eso creo que le da legitimidad. Si no hubiera pasado por alguno de los tres pasos no le daría esa legitimidad. Sobre su cortedad o no, el asunto es relativo y en función de la visión de cada cual.

No dudo de la intencionalidad política de los partidos para influir en la justicia, eso se demuestra por el sistema de elección de los magistrados del Constitucional y del CGPJ. La cuestión está en valorar si los partidos políticos que, en teoría, son los representantes del pueblo soberano están a la altura de las circunstancias y ejercen esa representatividad con garantía y dignidad y no anteponen su visión partidista en lugar de la estadista.

Creo que también me pasé en el texto sobre tu comentario, la cuestión es que haces un alto nivel de aportación al debate y eso es muy interesante.

Un abrazo

Sonia 27 abril, 2010  

Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dice, y es buena la polémica y mezclar opiniones para que salga algún tipo de verdad diferente o nueva. Pero no estoy de acuerdo con todas. Por ejemplo con las de Pascual Morand, porque si dudamos de ciertas cosas mejor ya ni movilizarnos, que hagan ellos lo que quieran, y luego hay algunas trabas que dice Antonio al Estatut que tampoco estoy del todo de acuerdo, porque pienso que los pueblos han de poder ser libres para manifestarse sin tantos juristas que le vayan enmendando la plana. Pero me encanta esta pagina porque es enriquecedora en su debate y en síntesis y a grandes rasgos estoy de acuerdo con todos.

Antònia Pons Valldosera 27 abril, 2010  

Buenos días, yo creo que cuando un partido político usa el poder judicial para cercenar leyes aprobadas en referéndum están pervirtiendo la esencia misma de la Justicia.
Nuestra constitución reza que la soberanía reside en el Pueblo y este ya se ha pronunciado.
Lo que ocurre es que primero deberían, deberíamos ponernos de acuerdo en la concepción del estado español. Admitámoslo: el estado de las autonomías fue una chapuza y como dicen en mi pueblo: al cul del sac hi trobareu les engrunes.
¿Somos una nación de naciones o una sola nación? Porque ahí radica el fondo de la cuestión.
Me gustaría terminar este comentario con unos versos de Machado:
"Castilla miserable, ayer dominadora
envuelta en sus harapos desprecia cuánto ignora".
Un saludo.
Ps/ Os pongo en el facebook.

Antonio 27 abril, 2010  

Gracias, Sonia, por tu visita y comentario. Estoy de acuerdo en el hecho de que los pueblos han de poder ser libres, pero habría que matizar que es el pueblo geográficamente hablando y dónde ponemos los límites del respeto a esa voluntad. ¿La totalidad de ese pueblo es el catalán, el de los antiguos reinos de Aragón, incluimos Valencia y Mallorca, el de España, la Península Ibérica… por otro lado son los habitantes de Girona, o de San Sadurní de Noia o Figueres, o una pedanía cualquiera…? Supongamos que en L’Hospitalet, por poner un ejemplo, deciden no sumarse a una hipotética independencia… ¿Los obligamos o respetamos las islas que se dieran en la comunidad en plan Treviño?
El asunto está, bajo mi punto de vista, en que partimos de estados conformados, que las leyes se han fraguado en función de la convivencia en dichos estados y cada zona del estado está integrada en el mismo. Otra cuestión es cómo se fraguó el estado a lo largo de la historia, si fue por imposición de intereses de clases, por alianza, por conveniencia regia o por las armas. Cada zona de España se adhirió de una u otra forma.
La cuestión está en el presente, donde hay una constitución votada y aceptada de la que emanan parlamentos autonómicos y las cortes generales, donde se define un sistema funcional que estable trámites como los que yo indico, un acuerdo parlamentario en la autonomía, un referéndum y un acuerdo en las cortes generales, dentro del respeto a la constitución establecida.
En ello estamos. Yo planteo si una vez superados esos trámites de los tres pasos que refiero, es o no necesario que se defina el Constitucional a demanda de una de las partes, como es el PP, e imponga un criterio en contra de informes de juristas de los parlamentos, que definen el Estatut como constitucional, máxime cuando andan a la gresca, incapaces de ponerse de acuerdo y dejando en evidencia que si se aprueba algo será porque uno o dos señores magistrados así lo establecen. O sea, que la voluntad interpretativa de dos magistrados pesa más que un referéndum de un pueblo, aunque su participación esté limitada, y los acuerdos de dos parlamentos legislativos de representación soberana. Creo que el fallo tiene poca solidez, cuando ya ha pasado por los trámites referidos, a la par que sostengo la primacía de la soberanía popular y sus representantes por encima de la judicatura. Eso sí, lo digo desde la lógica y el sentido común mío, que se enmarca en mis propias ideas y la aceptación de unas normas de juegos criticables, ejerciendo mi libre opinión, que puede no ser compartida.
Un saludo afectuoso

Antonio 27 abril, 2010  

Antonia, estoy de acuerdo contigo. Estamos inmersos en un sistema de conveniencia que se estableció para la transición, donde se hizo dejación de derechos y se renunció a algunas cosas que luego se está viendo ilógicas, como es el caso de la ley de amnistía.
España, por definición histórica, es un Estado Federal, como demuestra su gestación. Castilla y sus anexos y Aragón y los suyos se unen respetando sus fueros, al igual que el reino de Navarra y el País Vasco. Finalmente y tras largas conquistas de la España musulmana, Andalucía es tomada por las armas y sometida por la fuerza.
El gran cambio se da cuando la guerra de sucesión en el conflicto entre herederos al trono, que no tienen nada que ver con las Españas, como son Felipe de Ajou y el Archiduque Carlos de Austria. Es aquí, con el decreto de nueva planta dónde se somete la periferia al centralismo y prevalece Castilla sobre el resto.
Las monarquías tienen mucho que ver con esta situación y la evolución histórica del Estado Español. No olvidemos que la soberanía era del rey y boi de los ciudadanos, hasta que se establece el espíritu democrático.
Un saludo

www.leycosmica-gieb.ning.com 28 abril, 2010  
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Antonio 29 abril, 2010  

Apreciados comentaristas del GIEB lamento decirles que su comentario está dirigido únicamente a la propaganda de su proyecto, cuando debería ir, en pura lógica, sobre el tema de la entrada o al menos aludir al mismo, aunque lo entrelazaran con su información como complemento si hubiera relación.
Por tanto me veo en la necesidad de eliminarlo indicándoles que siempre será bien recibido cualquier comentario que verse sobre el tema expuesto, pero nunca utilizar nuestro blog como plataforma de propaganda.
Un saludo

Cheli 01 mayo, 2010  

Todo es parte de esa falsa libertad, falsa democracia.....

todo es una gran mentira....y los que no tenemos ni dinero, ni poder, ni influencias.....no somos nada para ellos.....
y para que se oiga nuestra voz.....intentas abrirle los ojos a otros, y te das contra la pared una y otra vez....porque para perpetuar toda esta mentira utilizan como medio la NO EDUCACION, es el primer paso en mi opinion, para ser libres y tomar luego desiciones, y a los que tienen el poder no les conviene, tenemos que empezar desde abajo CON LA EDUCACION DE NUESTROS NIÑOS...

Antonio 02 mayo, 2010  

Gracias, Cheli, por tu visita y comentario. Yo creo que el asunto está jodido, y perdona la expresión, pero el sistema es impermeable a los grandes cambios, se apresta a su defensa y rechaza aquello que implique modificar los parámetros y la ostentación del poder por las clases dominantes. El dinero sigue siendo el rey de la creación. Tienen los medios y controlan el proceso de socialización de los chavales y jóvenes mediante la educación y los medios de comunicación. Por tanto, introyectan los principios y valores que lo sustenta. Su base está en la necesidad imperiosa que todos tenemos de pertenecer a un grupo de referencia y aceptamos la cultura del grupo, aunque sea alienante, antes de quedarnos fuera.
El cambio por la educación será un cambio lento, penoso y muy conflictivo al chocar con la clase dominante y sus aliados, como la religión con sus principios éticos y morales. Pero no desesperemos.
Un saludo

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