Rebela que revela…

>> 19/3/10



Permitidme este juego de palabras con el uso de la b y de la v. Ya sabéis que rebelar es sinónimo de incitar, agitar, tramar, desobedecer… mientras que revelar alude a descubrir, destapar, desvelar… Son las cosas de nuestro idioma, que con una sola letra, sin trascendencia fonética, cambia todo un significado.

El caso es, queridos lectores, que la señora Esperanza Aguirre, en un mismo hecho, ha dado validez a ambas expresiones. Su intento de rebelar a las masas revela su talante político. No es de extrañar su continuo protagonismo intencionado, reclamante de atención y sembrador de expectativas de futuro como alternativa a su jefe.

A mí me parece que los políticos deben saber en que circunstancia están en cada momento y, como servidores públicos, actuar en consecuencia. Cuando se habla desde el partido, desde el rol de partido, se exponen los proyectos y las ideas que se defienden en su programa ideológico, contrastándolos con los otros para mostrar la bondad del propio y evidenciar las deficiencias o inadecuaciones de los demás, pero sobretodo que el nuestro es mejor. Cuando se habla desde el rol de oposición se procura dar mejores alternativas a las decisiones del gobierno pensando en el bien colectivo, pero entendiendo que es a él a quien competen las decisiones finales y que la oposición está para criticar constructivamente esas decisiones, lo que implica ver cuales están bien y cuales están mal. Pero cuando se forma parte del complejo que gobierna el Estado, sea la administración local, regional o estatal, la cosa cambia. En este caso se está para servir al conjunto de la ciudadanía, sin delimitaciones partidistas, con el más absoluto respeto a las leyes que nos rigen. Por tanto, se ha de anteponer los intereses generales a los del partido, procurar coordinarse con las estructuras del Estado para hacer un mejor gobierno en su conjunto. Eso lleva a un conflicto de lealtades, pues si bien cada presidente de comunidad o alcalde forman parte de un partido político, está ejerciendo una labor gestora del Estado que les condiciona y exige una lealtad a los otros entes que conforman el conjunto de la administración pública y, por ende, el respecto más absoluto a las leyes que nos rigen.

Creo que todos somos conscientes del componente histriónico de muchas conductas políticas y, especialmente, en algunos/as sujetos/as que ejercen esta actividad. La señora Aguirre viene manifestando, desde mi modesto entender, algunas conductas de componente histriónico con relativa frecuencia. Esa excesiva búsqueda de protagonismo y de aprobación, el descontrol emocional, llamando hijo de P. a uno de su propio partido, su sonrisa inconsistente con cierto tinte de cinismo, su prepotencia y arrogancia, completan una conducta histeriforme, en muchos casos, que la alejan de su rol de persona responsable en la gestión de un organismo integrante del Estado Español, como es la Comunidad de Madrid.

Al parecer, en el mundo político, caben diversas varas de medir según de quien se trate. A los míos se le permite todo, pero a los demás se les ha de exigir al máximo. Tal vez ello tenga su fundamente en la convicción de que mis planteamientos son los adecuados y los demás se han de eliminar por el bien de la Patria. Cualquier cosa que haga uno de los míos está bien hecha pues su fin, u objetivo, siempre es el mejor… estamos antes el sempiterno hecho de la aceptación del mal al servicio del bien, o el fin justifica los medios.

Qué habría pasado si el señor Griñán, presidente de mi comunidad autónoma, hubiera llamado a la rebelión del IVA; o, lo que es peor, el señor Motilla. Montilla sería catalogado de separatistas, desleal, y traidor a la constitución y sus leyes, insubordinado e irresponsable, descalificado como presidente de una comunidad autónoma y un largo etc. que nos hubiera enfrentado a una situación de crisis institucional de primera magnitud. Esto sería lo que faltaba, después del conflicto orquestado por el PP para descalificar y deslegitimar el Estatut, mientras se acepta el de otras comunidades dónde se mantienen similares posiciones.

A esta señora se le tolera todo por parte de su partido. Posiblemente cuente con fuerzas ocultas que la protegen y, cuando no, la orientan. Para mostrar su idoneidad como líder nacional, anda litigando en todos los asuntos que implican al Estado en su conjunto y se hace contestataria ante los movimientos que surjan en otras comunidades para contrarrestarlos. Ejemplo es el caso del debate sobre los toros en Cataluña y su catalogación, en contraposición, como bien cultural en Madrid.

No deja de ser un caso, cuanto menos, curioso. Se adivina experta en los movimientos subterráneos de la política, en el empleo de artimañas y manejo de estrategias ventajosas para sus intereses personales y de partido. Su historia reciente anda jalonada de circunstancias y hechos oscuros que, casi siempre, consigue neutralizar. Llegó al poder por el Tamayazo que soltó un tremendo tufillo antidemocrático, retó a su jefe, confrontó con Gallardón, se produjeron casos de espionaje “interiguales” en su comunidad cargados de intencionalidad política o de control del poder, la corrupción del caso Gürtel la acosó y cayeron algunos de los suyos en el envite, calificó de hijo de P. a un compañero de partido y se alegró de que quedara fuera del Consejo de Caja Madrid y de que lo ocupara otro de otro partido, aceptó a Rato a regañadientes en dicha caja… y un largo etc. de nubarronos respecto a los intereses personales y de partido. Defensora de la gestión privada a ultranza, como buena liberal que se define, andamos sospechando de su interés por cargarse la sanidad pública y colocarla en la órbita privada, a la vez que la educación y todo lo que se mueva y sea privatizable. Subyace una filosofía de quitar poder al Estado y darlo al particular, defendiendo su eficiencia, cuando lo que se pretende es controlar el negocio y hacerse con los beneficios reduciendo el Estado a servicios mínimos, a la mínima expresión. Mientras más protagonismo tenga lo privado, más poder podrá ejercer en el gobierno del país.

Yo creo, bajo mi modesta opinión, que a los políticos, a nivel general, hay que recordarles algunas cosas:
  1. El poder que ejercen no es suyo, sino delegado por los ciudadanos que le votaron.

  2. El político representa a sus votantes y merece el respeto que, por extensión, se le ha de dar a sus representados.

  3. El político está para servir al pueblo en general y no a grupos de poder ocultos entre bastidores.

  4. Las ideas del contrario no deben ser rechazables porque sí, sin por un proceso de razonamiento lógico.

  5. El adversario político no es el enemigo a eliminar sino el representante de otras ideas que cohabitan en el conjunto del Estado y, por ende, complementa nuestra propia visión.

  6. La función del político no es denostar al contrincante, sino presentar una mejor oferta para la gestión y el desarrollo social de la ciudadanía.

  7. El debate se sustenta en la argumentación de sus bondades y de las debilidades del programa contrario.

  8. Su oferta política debe ser la mejor y no la menos mala. Es decir, al ciudadano se le ha de pedir que elija la mejor entre las mejores opciones y no la menos mala entre la peores. La diferencia está en presentar las cosas en positivo o en negativo.

  9. El político ha de ser un sujeto ejemplar. Si es corrupto justifica la corrupción entre los ciudadanos de a pie. Si pide que se abrochen el cinturón debe empezar por sí mismo. Si quiere un pueblo educado, ha de actuar con educación.

  10. La idiocia hace que muchos políticos no se percaten que con su forma de actuar, no solo agreden al contrario, sino que está tirando piedras contra su propio tejado. Se están desprestigiando como clase y eso lleva a la desconfianza del pueblo en ellos… Cuando anden por los suelos vendrán salvadores patrios como mal menor. A eso no queremos jugar.

15 comentaris:

m.eugènia creus-piqué 19 marzo, 2010  

Hola a todos, he pasado once días sín ordenador, al final me he tenido que rascar el bolsillo y comprar uno de nuevo, pido disculpas por no haberos podido visitar.
Antonio la señora Espe-rancia me pone de los nervios, es la anti todo, creo que la Comunidad de Madrid se merece alguien mejor que esta impresentable como Presidenta.

Txema 19 marzo, 2010  

Antonio estoy en líneas generales de acuerdo contigo, salvo en alguna apreciación.

La más significativa es la referente al respeto a las ideas, algo que parece que a todos nos parece bien.

Pues no, querido Antonio, no. En mi opinión son las personas, hasta que demuestran lo contrario, las que merecen respeto, no necesariamente las (o sus) ideas.

Si aplicáramos ese concepto, por extensión, tendríamos que respetar ideas tan repelentes como el nazismo, el stalinismo y el salafismo, sin ir más lejos.

¿Crees que esas ideas deben ser respetadas? ¿Crees que sus representantes son "sólo" contrincantes en el terreno del pensamiento?

mariajesusparadela 19 marzo, 2010  

Yo creo que me quedo con todo y me apunto a ese final."no quiero jugar a que vengan los salvapatrias"

Antonio 19 marzo, 2010  

Geni, me alegro de que vuelvas a disponer del recurso informático. Se te echaba de menos tanto vía bloguera como e.mail.
Es curioso como esta señora sigue teniendo muchos adeptos en su comunidad. Saben hacer marketing para neutralizar las razones en su contra.
Besos

Antonio 19 marzo, 2010  

Txema, lamento que se pueda desprender de mi escrito la más mínima tolerancia hacia las ideas a las que aludes. Posiblemente no he sabido expresar mi posición de forma adecuada, pero agradezco tu comentario que me lleva a intentar clarificarla.

En el punto cuatro digo: Las ideas del contrario no deben ser rechazables porque sí, sino por un proceso de razonamiento lógico. Con ello aludo a la necesidad de desmontar cualquier idea desde la argumentación y no desde el rechazo sin más. Es necesario descalificarlas con razones objetivas para que no prosperen en cualquier mente. A mí no me gustan los “ismos” pues no les veo permeabilidad.

En el cinco aludo a las ideas políticamente aceptadas como democráticas y representadas por los partidos legales. En ningún caso a las ideas antidemocráticas, que defiendan la violencia y cualquier práctica no aceptada por las leyes establecidas con base en el espíritu democrático.

En todo caso, sí creo que es bueno conocer todas las ideas y posicionamientos que se dan en una sociedad, incluso las antidemocráticas, para poder contrarrestarlas con la argumentación necesaria y convincente y evitar su propagación, neutralizando movimientos que vayan contra los principios básicos de convivencia pacífica y democrática.

Un saludo

Antonio 19 marzo, 2010  

María Jesús, tengo un cierto temor a que el desprestigio del mundo político encierre estrategias para deteriorar la vida democrática y llevarnos al desencanto. De ahí a la entrega sin condiciones a cualquier dictadorzuelo salvapatrias hay menos camino. Por eso hago un llamamiento a los políticos para dignificar el ejercicio de esta actividad imprescindible hoy por hoy.

josep estruel 19 marzo, 2010  

Hola A todos.
Antonio, si que es cierto de que esta señora sabe muy bien vender su producto.Creo que hasta consigue lo que dice Txema, o sea que haya gente que respete sus ideas. Pienso que los dos lo habeis explicado bien.
Este tipo de hacer política tan corrosiva nos hace a todos mucho daño. Y como dice Mª Jesús, yo también estoy seguro que no necesitamos ni héroes ni salvapatrias. Ya lo conocemos.

Saludos.
Saludos.

Ramon.Eastriver 19 marzo, 2010  

Antonio, estoy totalmente de acuerdo contigo. Son tantas las cosas que dices en tu artículo. Por un lado la meditación que haces, al principio y al final sobre la política entendida como algo cívico. Estoy de acuerdo, lo veo igual, aunque a vecees es difícil zafarse de los planteamientos partidistas. Pero es cierto que debería ser como tú dices. Dejando de lado cosas que pueden no gustarme, lo que más me gusta de Montilla, a quien citas, es justamente esa seriedad alejada del espectáculo, esa forma de llamar al pan pan y al vino vino, esa contundencia y esa falta de demagogia. En eso estoy totalmente con él, en el sentido de que esa forma de comportarse políticamente es la que me gusta. El político no debe ser protagonista, si busca serlo, como Esperanza, mal vamos. (Luego, obviamente hay muchas cosas que no me gustan de Montilla, pero bueno, seamos positivos y citemos también lo que nos aproxima en lugar de citar solamente lo que nos aleja).

Porque ese es el otro núcleo de tu artículo. El esperpento en que se erige esta señora cada tanto. Recordamos todos momentos emblemáticos y fácilmente parodiables. Es por eso que pienso que no llegará a la cima de su partido, porque es demasiado demagógica y populista. Pero bien pensado, ha llegado con estas armas muy arriba. ¿Quién asegura que no pueda subir más aún?

Y finalmente hablas de ese doble rasero en el momento de medir las cosas. Es horrible. Es el gran mal del país. Excelente ejemplo, si lo dice Aguirre es una patriota rebelde. Si lo dice Montilla un separatista. Y ninguna de las dos cosas son verdades. Pero para mucha gente sí lo es. O como el tema de los toros. Pueden gustarte los toros, no lo critico, pero desde un punto de vista democrático lo que se ha hecho en el Parlament catalán no es criticable: se ha citado a todas las partes, se ha dado voz a todo el mundo, y además se ha atendido una iniciativa popular, que es lo que deberían hacer todos los parlamentos. Pero eso es criticable porque no interesa. Lo cual significa que la democracia es criticable cuando no interesa. Lo cual es lo peor que puede pasar: que yo me llene la boca hablando de democracia pero me indigne que otros la apliquen como a mí no me gusta.

Y finalmente el papel de esa señora en esa guerra interna del Partido... Y seguramente me dejo algo por el camino. Son tantos las teclas que tocas en esta sinfonía, Antonio, que no alcanza un mero comentario para englobarlos cabalmente. Sí alcanza para felicitarte por un texto tan redondo. Huyes de la demagogia que tanto le gusta a la señora y eres preciso y ácido en la justa medida, pero altamente razonable. Y bravo por el decálogo final que suscribo punto por punto.

Txema 19 marzo, 2010  

Veamos:

Creo que en lo básico estamos todos de acuerdo. Es decir, aceptamos no rechazar a priori las ideas de otro, por que sean del "otro" y repudiamos, como apunta María Jesús, los políticos salva patrias, del tipo Aguirre o Rosa Díez.

Pero, a fuer de ser pesado, insisto en lo que he enunciado antes.

Aclaro que no es que te hayas expresado mal querido Antonio, todo lo contrario, te has expresado estupendamente.

Lo que sucede es que estoy en desacuerdo con tu razonamiento. No necesitamos (ni debemos) rebatir con argumentos al nazismo porque estaríamos dándoles carta de naturaleza en el campo de la ideología.

Lo que quiero deecir es muy simple. Si el nazismo se moviera en el territorio de las ideas, sería posible el "combate ideológico", el dialéctico.

Pero, y por eso sostengo que no se trata de un partido, sino de un movimiento, se mueve es en el terreno de la acción, por lo que no hay posibilidad de debate.

Y tranquilo que no se desprende en absoluto de tu escrito la más mínima tolerancia hacía el totalitarismo en cualquiera de sus formas. Lo que ocurre es que te "pasas" de demócrata y estás dispuesto a la confrontación de la idea con quienes no las tienen.

Antonio 19 marzo, 2010  

Txema, voy a intentar ser más preciso.
El asunto de las ideas tiene, para mí, en este caso, dos perspectivas o visiones de análisis. Por un lado está la cuestión política y por otro la sociológica. Desde la valoración política existen ideas impresentables, combatibles con todos los medios necesarios y rechazables sin más. Son aquellas que van en contra de mis principios más elementales, contra los derechos humanos, y que su argumentación se realiza sobre falacias e injusticias reprobables. Ideas que ya han demostrado su maldad e impertinencia.
Desde la perspectiva sociológica, sí me interesan. Quiero conocer su génesis y qué estructuras de pensamiento social las sustentan. Qué mecanismos manipulativos, de clase, asimétricos y jerárquicos pueden potenciarlas o tolerarlas. Cómo se instaura la alienación de los sujetos para que apoyen, o toleren, conductas reprobables y criminales basadas en modelos convivenciales de autoritarismo, desigualdad, jerarquía, imposición y sumisión. De aquí se desprenderán estrategias de descalificación y evidenciaremos su malignidad. Es una forma de neutralizarlas con éxito a largo plazo y de instaurar procesos educativos capaces de erradicarlas y evitar su propagación.
Esa es mi línea de pensamiento donde conjugo mis planteamientos políticos y mi interés por la sociología y los mecanismos de interacción social. De todas formas no deja de ser un posicionamiento personal y subjetivo, pero coherente, en función de mi propia personalidad.
Un abrazo

Txema 19 marzo, 2010  

Evidentemente Antonio en el campo de la sociología yo no me muevo nada más que a un nivel muy primario y, por tanto, me resulta difícil establecer criterios en ese sentido. Parece que lo que dices está dentro del sentido común.

Cuando he dicho que tenía una discrepancia de apreciación quería decir exactamente eso aunque, posiblemente, debería haber aclarado que parto del terreno de la política, donde me muevo. dentro de mis muchas limitaciones, con más soltura. Es una discrepancia en la sustancia política.

Es ahí, y sólo ahí, donde discrepo en cuanto a la necesitad de establecer lo que llamaría un "diálogo" ideológico con determinadas ideas porque, insisto, rechazo la mayor. No estámos tratando con ideas.

Pero, efecivamente coincido en el interés por conocer la génesis de esos movimientos y, de hecho, llevo muchos años en ello.

un saludo y perdonad todos por el rollo.

Antonio 19 marzo, 2010  

Txema, espero que algún día me pueda sentar contigo a tomar una cerveza y charlar un rato. Seguro que será un placer intercambiar ideas sin este artilugio por en medio.
Un abrazo

Txema 19 marzo, 2010  

Pues mira quedamos emplezados y me paece uina excelente idea.

Camino a Gaia 21 marzo, 2010  

Una buena prevención contra una política convertida en reality show, con estrategias mediáticas efectistas de la que has puesto un claro ejemplo.
Llego un poco tarde al debate -estoy bastante liado- que por otra parte me parece muy interesante.
La desarticulación ideológica de los totalitarismos creo que es una tarea fundamental si no queremos repetir de un plato de mal gusto. Pero sus ingredientes se siguen encontrando mas o menos disfrazados en estados y políticas que puedan parecer respetables.
Me viene a la memoria, en el caso del nazismo, los últimos ataques de Israel sobre la Franja de Gaza. Sus bombardeos a la población civil con fósforo blanco y un asedio enfocado al exterminio.
Supongo que el pueblo judío se considera libre de sospecha de nazismo, y sin embargo su visión de pueblo elegido, su prepotencia y su comportamiento tiene demasiadas similitudes, con esta ideología. Puede que en su aplicación de la ley del Thalión, acaben ejerciendo la misma conducta y en ese mimetismo termine fecundándose, la misma ignominia con distinta bandera.
No creo que una ideología nazi pueda volver a triunfar usando los mismos símbolos y la misma parafernalia, pero no creo que estemos a salvo de ideologías que propugnen de forma mas o menos soterrada sus mismos valores.
Estoy pues con Antonio, en su interés por desmontar, desde el terreno de las ideas las nuevas formas de un antiguo monstruo.
Un saludo

Antonio 21 marzo, 2010  

Amigo Camino, yo creo que el ser humano es capaz de las conductas más sublimes y de las más viles, solo se le ha de dar la ocasión, bajo las circunstancias que las justifiquen, para hacerlo. Es más, las más viles pueden entenderse como adecuadas en un momento dado, según el espíritu de los tiempos que corra. No es espacio y lugar para entrar en una cuestión tan interesante. Pero si no se neutralizan los movimientos y las ideas que favorezcan una ideología nazi, volverán a aparecer con fuerza los grupos que la potenciaron en el pasado. La defensa de mi pueblo, de mi grupo, de mi nación, de mi raza, está por encimo de todo y si se ha de matar y exterminar se extermina en nombre de mi libertad y bienestar. Solo se ha de identificar al enemigo para aglutinar a la gente en su propia defensa. El fin con el enemigo es su exterminio. Pero si desmontamos el concepto enemigo y lo suplimos por el de concurrente, con el que compartimos existencia y con quien debemos cohabitar, la cosa cambia.
Un abrazo

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