LO QUE SÉ DE LA JUSTICIA

>> 29/1/10

Cuando en los años 80 Pedro Pacheco, alcalde de Jerez, dijo que "La justicia es un cachondeo" levantó una polvareda inusual. Se descubrió entonces que en democracia hay cosas que no se pueden decir. Y se descubrió también entonces que la opinión negativa sobre la justicia, aunque no se pudiese pronunciar en voz alta, era más extendida de lo que se pensaba.

Pero fíjate que yo sigo pensando hoy que la justicia continua siendo un cachondeo monumental. Habría infinitos ejemplos que ilustrarían esta máxima tan mínima. Pero no me pondré a hablar de escándalos políticos que quedan impunes porque el tema ya cansa. Hablaré de otra cosa que admite todavía menos discusión. Porque en política siempre te pueden acusar de parcial, y lo que para unos es claro como la luz del mediodía para otros no tanto. Así pues, dejemos hoy la política y centrémonos en otro tema.

Hace una semanas, durante mi incursión al barrio donde viven mis padres, en lo que yo llamo la visita semanal, entré en la selecta pastelería de la zona justo cuando salía un señor agarrado del brazo de su señora esposa. Era un señor mayor, elegante, con una enorme prestancia. Le miré sorprendido... Él, que se dio cuenta, me miró claramente por encima del hombro. Aquella cara... Busqué en mi mente pero no supe de quién se trataba (siempre he sido muy torpe con la memoria visual). La dependienta se debió de dar cuenta porque me sonrió y me dijo confidencialmente:

- Es el señor Millet. Viene cada tarde a tomar su chocolate con su esposa. - Y añadió convencida - Es un señor encantador.
Miré hacia afuera y lo vi cruzar por el paso cebra, agarrado al abrigo de pieles de su señora, con la otra mano en el bolsillo de su carísimo abrigo y con un pañuelo de seda de cachemir anudado en el cuello. Se cruzaron con una señora que les miró, les sonrió encantada y les dijo algo (no un insulto barriobajero, que es lo que sin duda merecerían). Vistos desde atrás parecían un par de abuelitos millonarios y sin embargo encantadores.

Para quien no lo sepa el señor Féliz Millet es el ladrón confeso de una cantidad nada despreciable: 3,3 millones de euros. No contento con ese dinero robado ha confesado también que pagó con fondos de la Fundación cultural que presidía varios viajes alrededor del mundo y reformas en su segunda residencia. No tuvo empacho en organizar la boda de su hija en una instalación pública que cerró a cal y canto para uso y disfrute privado (boda que por cierto pagaron sus consuegros). Su mano derecha, otro pájaro que volaba alto ("el senyor Montull, dels Montull de tota la vida"), también se aprovechó, y la hija del pájaro ("que n'és de maca la Gemma Montull"), y el novio de la hija del pájaro que, viendo que los vientos soplaban a favor, decidió hacer una reforma a fondo en su casa a cargo de la partida de cultura. Y cuando el órgano musical del Palau de la Música, dependiente de la Fundación presidida por el señor Millet ("dels Millet de tota la vida") se estropeó incentivó una colecta para su reparación. Muchos ciudadanos anónimos que aman la música y las instalaciones artísticas de la ciudad donaron su dinero. Él, Millet, lo que donó es un ejemplo horrible. Cuando me vengan a pedir una ayudita para cualquier instalación del barrio, de la ciudad o del país les daré con la puerta en las narices: están consiguiendo entre todos que no me crea nada.
Veamos. ¿No ha estado nunca encarcelado el señor Millet? Nunca no. Lo estuvo. En 1984 porque ya entonces se dedicaba a lo que más le gusta. Sería fantástico poder viajar en el tiempo, irnos hacia 1984 y esperarlo a la salida de la cárcel Modelo. ¿Quién iría a buscarlo a la cárcel el día de su salida? ¿Algún familiar? ¿Acaso algún político? Es previsible que no cogió el metro ni el autobús. Porque Millet es miembro de una barcelonesa familia de rancio abolengo ("de tota la vida"). Su padre, honorable promotor cultural (qué miedo) presidió también el Orfeó Català, creado a su vez por el tío del padre. Nuestro protagonista no es, como se ve, un don nadie. Los don nadie no llegan nunca a presidir fundaciones culturales.
No sabemos quién fue a recogerlo a la cárcel en aquel lejano 84. Sí sabemos que haber robado no supuso problema alguno para que volvieran a confiar en él. ¿Le debían acaso algún favor? ¿Había dejado dinero generosamente a algún partido político en aquellos primeros tiempos de nuestra democracia? Los Millet siempre han sido democristianos, cercanos a la órbita de Unió (de CIU), pero ya sabemos luego que la ideología no ha condicionado nunca la vida de Millet. Más tarde se supo que dio dinero para paliar deudas de partidos no afines a su ideología. Alguien, o mejor, todos, volvieron a confiar en Millet y así este pudo seguir robando.
Quien lea esto pensará que me estoy quejando de la existencia de seres perversos como del que hablo. Pues no. Mi queja es evidente: el robo de partidas de dinero público, sea de educación, sea de sanidad, sea de cultura es una lacra que nos afecta a todos. Pero mi queja fundamental en este caso es contra la justicia. ¿Cómo es posible que uno pueda robar más de quinientos millones de pesetas y que no le ocurra absolutamente nada? ¿Cómo es posible que uno pueda robar quinientos millones y no ser llevado ante la justicia hasta casi seis meses después? ¿Cómo es posible volver luego a casa como si tal cosa? ¿Cómo es posible convertirse en el mayor chorizo catalán del momento y que no ocurra absolutamente nada? ¿Y cómo es posible que la justicia reivindique que todo se está haciendo bien?

No entiendo de derecho. Menos de lo que pensaba incluso. Pero mi indignación es radical, visceral, se transforma en odio, en rabia, en grito de lobos descomunal. ¿Qué intereses ocultos hay en este asunto? ¿Qué políticos o jueces están contribuyendo a tapar lo que ya no se puede tapar? ¿Por qué la gente no se tira a la calle armados con piedras y adoquines dispuestos a romper los cristales de todos los juzgados e instituciones varias que nos están tomando el pelo de forma tan miserable? ¿Por qué el mayor chorizo confeso se toma su chocolate en una pastelería cara, la gente le saluda encantada y él te mira con la superioridad de los inmunes? ¿Está loca esta sociedad? ¿Nos estamos quitando todos la careta y ya da igual? ¿Es cierto que es peor robar un suavizante que hacerte millonario a base de dinero desviado? ¿Es cierto que nos hemos rendido a la evidencia de que el mundo es de los tramposos? ¿Se ha llegado alguien a creer que la justicia realmente funciona en este país? ¿Soy el único cabreado hasta la médula por tanto hijo de puta suelto?

14 comentaris:

mariajesusparadela 29 enero, 2010  

No hay derecho, Ramón.

Isabel Martínez 29 enero, 2010  

No eres el único cabreado, querido Ramón.

Este caso concreto no lo conocía, pero sí sé de otros que claman al cielo.

No es preciso saber derecho. Basta el sentido común, que es el más común de los sentidos, ése que olvida la justicia en sus tres vertientes: legislativa, ejecutiva y judicial.
Porque también clama al sentido de la justicia las desviaciones de fondos públicos en las administraciones, la omisión continua y vista gorda del legislador (que no es un ente abstracto, sino esas Cortes que elegimos nosotros y están ahí para defender nuestros intereses, no los de ellos).

Sí hay derecho, pero está claro que para los de siempre.

Susana 29 enero, 2010  

Ramon, estoy contigo, totalmente contigo. Furiosa y con ganas de aullar, pero también de morder. Es una vergüenza sin nombre. Debiéramos meterlo con nuestras propias manos en la cárcel más oscura, y meter en ella a todos sus compinches.

Porque lo verdaderamente asqueroso del tema, querido Ramon, es que detrás de cada Millet hay un poder que 'sabe' y lo coloca como premio a ves a saber qué. De la Fundación salieron muchos millones directos a las arcas de Convergència i Unió. Salieron millones suficientes como para limpiar las deudas del difunto partido Pi, sospecho que con la única condición de que su líder se asociara a CiU y se llevara con él a sus incautos votantes. 'Tú estás ahí; puedes hacer y deshacer, que con la cultura ya se sabe que todo es muy caro; pero a cambio tiene que haber un poco para todos cuando lo necesitemos'. Con nuestras propias manos, digo. A Millet y a los que a pesar de conocer su proceder habitual decidieron nombrarlo para la presidencia de una de las plataformas culturales con más peso de Catalunya. A ellos, y también al resto de Millets de todavía campan a sus anchas sin que los hayan pescado. Al inefable Fabra (muchas F de Fantasma), que es tanto o más ladrón y que tiene bien protegido el PP. A tantos especímenes de la costa valenciana, que han permitido la sobreexplotación constructora a cambio de jugosas comisiones. Y a cuantos jueces permiten que anden libres, presumiblemente a cambio de una porción del pastel o por presiones políticas de alto nivel. A todos ellos, con nuestras manos, llevarlos a la cárcel, sin fianza posible, sin rebaja de pena imaginable. Y limpiar de una vez el indigno funcionamiento de nuestro país para que todos pudiéramos volver a creer en la democracia y en la separación de poderes.

Me sumo sin dudarlo a tu rabia, Ramon. Fantástico aullido. Te aplaudo con mis cuatro patas a un tiempo.

(sólo te corrijo una cosa: tengo entendido que la boda la pagó el Palau, pero luego fue el ancianito encantador y le pidió la mitad de lo gastado a los consuegros. Y se lo embolsó tan ricamente. Dicen las malas lenguas que es el segundo padre de la historia que hace negocio con la boda de su hija -el primero fue Aznar-, mientras el resto del mundo hasta se hipoteca para darle algo decente para ese día a sus retoños. Qué bonito ejemplo, el suyo.)

tula 29 enero, 2010  

..desde luego, así como somos capaces de dar lo mejor sale el lado oscuro y somos terribles.

Eastriver 29 enero, 2010  

María Jesús, por eso aullamos, querida amiga, porque no hay derecho.

Isabel, qué desazonador ese "hay derecho para los de siempre", de eso y por eso me quejo. Y a la vista está que afortunadamente no soy el único, aunque sí que es cierto que somos pocos, menos de los que debiéramos. Si nosotros no lo consintiéramos estas cosas no pasarían.

Susana, adapto totalmente tus objeciones: aún és más perverso de lo que sospechaba, todavía el robo es mayor. En fin, sabía que compartirías mi rabia. Lo peor es la gente que dice, sí, tienes razón, pero ya se sabe como son las cosas... Es decir, lo aceptamos. Implícitamente lo aceptamos. Y eso me puede. Petons.

Tula, el lado oscuro debe estar penado para todos. "Que no haya cuartel", que dijo Federico. Que no lo haya contra los ladrones y los estafadores y los corruptos. Quejémonos. Pero a veces los aullidos no bastan. Tengo mi piedra preparada. Besos.

m.eugènia creus-piqué 30 enero, 2010  

Me parece que somos muchos los cabreados por este y otros casos que avergüenzan a la sociedad , no les pasa nada de nada y el tío tomandose su chocolate diario, a mí me daría vergüenza hasta de salir a la calle, pero esta especie, no la han conocido nunca.Petonets.

Jordi Pascual Morant 30 enero, 2010  

Ramon, entiendo tu cabreo que, por supuesto, comparto. Lo que no comparto es la generalización que hacemos siempre de todo. Habría que hablar, creo yo, de jueces aliados con el poder para hacer más fuerte ése poder, de unos cuantos frente a la mayoría. La justícia actua cada día y si lo hiciera tan mal el caos reinante sería insoportable. La justícia que ejercen la mayoría de profesionales mantiene en equilibrio una sociedad compuesta por tal magnitud de individuos dispuestos a esquivarla que no nos damos cuenta de su dificultad. Ya sabemos que hecha la ley hecha la trampa y quienes disponen de más recursos sabrán cómo zafarse de su control. Pensat en un momento que sin la maquinaria judicial éste mundo en el que vivimos sería mucho peor de lo que aveces suele ser. Creo que es de justícia separar jueces de valoraciones judiciales y señalar a aquellos que no actuen segun la ley, pero ante todo debemos defender los pilares que estructuran la convivencia social.

El ser humano necesita esos límites pues sorprende cómo elige a sus héroes. Admira a los ladrones de guante blanco, a los mafiosos, a personajes vulgares que se enriquecen con trampas y abusos. Cuando dices que la dependienta de la pastelería o la paseante que se cruza con el Millet se admiran de lo encantador del personaje, se evidencían cuales son los valores que confunden a las personas.
Prefieren un rico estafador que un pobre honesto. Por eso existen las leyes, para los que no saben diferenciar una cosa de la otra.

Ramon, estoy seguro que aceptarás este desacuerdo que no está en desacuerdo con lo principal de tu discurso.

Un abrazo.

Eastriver 30 enero, 2010  

María Eugènia, yo sé que somos muchos los indignados. No es paa menos.

Jordi, naturalmente que acepto tu opinión divergente, siempre lo hago, y procuro hacer otra cosa: analizar desde el punto de vista del otro el tema, y observar si es posible otro análisis que me convenza. Cambio de opinión, no diré fácilmente porque tampoco es eso, pero sí cuando hay algún matiz nuevo. O aporto ese matiz a mi análisis. Supongo que hay parte de razón en lo que dices: la justicia no va tan mal. Cierto. Por regla general no. Pero cuando la justicia tiene un personaje de peso, cuando las presiones son intensas, no sé yo... Me da que sí, me da que entonces se desmorona toda la coherencia. Ya sea porque somos subjetivos, ya sea por las presiones que decía antes. Sigo pensando que la justicia no es igual para todos porque por mucho que digan no todos somos iguales. Un gran abrazo, y escucha, que me encantan las opiniones divergentes, son las que hacen avanzar el mundo... Una abraçada, senyor Jordi, que fa temps que espero coses noves al teu bloc i res....

Isabel Martínez 30 enero, 2010  

Ay, Ramón querido. La gente de bien y corazón justo usa la ley con rigor, pero la ley es una hidra de mil cabezas y, para nuestra desgracia, siempre existen rabulillas que ocultean por los pasillos ignotos que casi nadie se atreve a transitar.

En roman paladino, amigo mío. El derecho es como un poema. No es una ciencia exacta como las matemáticas. Depende de cómo lo interprete quien lo use. Si es justo, huirá de la injusticia. Si es opaco o turbio, le importará poco ennegrecerse.

Grandes abrazos.

JUAN 31 enero, 2010  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JUAN 31 enero, 2010  

Que la Justicia es un cachondeo, toda España lo piensa y admite. Pedro Pacheco dijo lo que cualquier ciudadano no podía decir porque lo machacaban si lo insinuaba.
¿No es un cachondeo estudiar tanto para condenar a un hombre a mil años de cárcel sabiendo que no vivirá mas de cien años, que ya es decir?.Pues a algún etarra lo han condenado a esas penas.
No es más cachondo aún dejarlo libre a los pocos o años, dejando la condena sin cumplir?
Pues si miramos en las hemerotecas, se han dado casos.
Las cárceles para condenados de guante blanco(si es que se ven abocados a encerrarlos) son distintas a las que acojen a los otros. Alcalá Meco, al parecer, es una residencia de lujo comparada con las celdas de los otros. Véase al ex-alcalde de Marbella viviendo como un rey, o a Mariano Rubio, Mario Conde, o el del GAL.
Si embargo la Justicia es cruel e inmisericorde con los delincuentes de pacotilla.
Recuerdo a un joven que había sido liberado en la Semana Santa de Málaga por el Cristo ese que levanta el brazo y señala a uno de los condenados que le colocan delante.
El hombre, se arrojó a los pies de la imagen, agradecido.
Pues apenas había pasado un mes volvieron a encerrarlo para cumplir una condenar algunos años por robar un pantalón vaquero en un centro comercial. Un delito cometido varios años antes, cuando era drogadicto. La sentencia no tuvo en cuenta que desde entonces el chico había dejado la droga, se había casado y tenía una hija. Le destrozaron la vida a él y a su familia.
Ante las críticas de la gente, hubo quien dijo en los medios que "las sentencias están para cumplirlas".
Y pregunto: ¿Por qué a los grandes ladrones, como ese sujeto que citas, no las cumplen?

Un tema espinoso éste,eres muy valiente al sacarlo, pues eso de que gozamos de plena libertad de expresión...
Creo que la la Justicia es, despues del desempleo, lo que causa más desaliento y malestar en la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Saludos

Antonio 02 febrero, 2010  

A mí me hace pensar mucho estas cuestiones. En primer lugar creo que estamos en un país cuyo deporte nacional es el latrocinio. He dejado un comentario por ahí, que traigo a colación; se trata del refrán que dice: “No me des dinero, ponme donde haya”. Por eso digo que el nepotismo y el latrocinio son los dos grandes deportes nacionales. Claro que el poder vive y convive en alianza. No dudo de los jueces y magistrados legales y justos, pero todo se tapa cuando son grupos de poder los que está metidos en el ajo. El legislativo, el ejecutivo y el judicial se dan la mano. Se pueden atacar en el debate, pero en el fondo se tapan los unos a los otros, pues saben que las tornas se cambian y mañana les puede tocar a ellos.
Hay otra cuestión muy interesante, propia de mafiosos, que es el consabido dossier, con información muy comprometida, para tener cogido por los mismísimos al susodicho. O bien la amistad, el amiguito del alma, o el algo más que un hermano… ¿Qué más da quítame allá unos trajes, que unos millocejos? si todo queda en casa.
La justicia, injusta, no se justifica. Siempre vamos con miedo ante el juez, no por lo que hayamos hecho, sino porque depende de su arbitrariedad la interpretación de la ley y puedes salir ileso o hundido.
¿Estará pensada la justicia para someter ejemplarmente al pueblo y permitir sus devaneos a los de arriba? Al fin y al cabo la justicia la hacen y dirigen los de arriba…
Saludos

Antonio 02 febrero, 2010  

Se me olvidaba esta anécdota que viene a colación: Un sujeto que fue al dentista, al que le tenía mucho miedo, y cuando se sentó en el sillón le agarrón la entrepierna, la apretó los cataplines y le dijo: “Doctor, usted y yo no nos vamos a hacer daño… ¿verdad?”. Yo me pregunto: ¿A quien tendrá cogido el Millet por los cataplines?

J 18 febrero, 2010  

Te saludo, estoy contigo, gracias por tus palabras.

Abrazos.

Publicar un comentario

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP