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La resignación y la democracia

>> 28/11/10

Vivimos momentos convulsos. Crisis económica, crisis social. Sin embargo no se puede decir que esta crisis provoque cambios, que parecería lo normal. Esta crisis no solo no modifica nada sino que además está sirviendo para consolidar las situaciones injustas, donde quienes la han provocado salen ganadores de la misma.



La respuesta de la ciudadanía ante el momento que se vive no puede ser más limitada. Después de unos recortes como los que han recibido los ciudadanos, vemos cómo los causantes de las crisis son los que reciben las ayudas estatales, mientras que los que la han sufrido, ven recortados sus salarios, desplazados del mercado de trabajo, desposeídos de su vivienda. Sin embargo, casi nadie parece mover un dedo para protestar.



Durante mucho tiempo, los gobiernos y la mayoría de los medios de comunicación han estado mandando mensajes que han anestesiado a los ciudadanos. Nos han ido inoculando la idea de que: “nada se puede hacer”, “las cosas son así”, “es inútil tratar de cambiar nada”, “no estamos tan mal”, “no depende del gobierno”, etc.



Y parece que ha cuajado en gran parte del personal. Así, sólo nos explicamos que ante lo que estamos viviendo, no haya una respuesta colectiva que ponga en jaque al gobierno, y al mismo sistema.



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Por otro lado han intentado decirnos, primero con la globalización –de esto ya hace bastantes años— y ahora con los famosos “mercados” que el gobierno no tiene margen de maniobra, que le transcienden las decisiones, que hay órganos mundiales que imponen las condiciones.



Y yo, ingenuamente, me pregunto. ¿para qué votamos, si nuestros representantes siguen las pautas que les viene de fuera?



No, nos quieren hacer el famoso truco del almendruco. Nos están engañando. Están tratando constantemente de que aceptemos una situación mala y nos resignemos a sufrir las consecuencias que, según ellos, nos vienen de fuera y no tienen solución. Y no es así. Votamos para que nuestros representantes nos defiendan y no para que sigan dictados externos que nos empobrezcan y que siempre perjudican al ciudadano de a pie.



Hay alternativas, otra cosa es que no se hagan visibles. Y desde luego, la única manera de que se puedan tomar otras decisiones es con la movilización. El mundo ha ido cambiando, en los últimos tiempos, porque la gente se ha concienciado y se ha movilizado. Ahora, anestesiados, también en parte los sindicatos, nos encontramos con que a lo único que parece que recurrimos es a la resignación.

No termino de entender a los que se resignan a vivir peor pudiendo evitarlo, o al menos intentarlo. Es acomodaticio si no masoquista. Ese narcótico que nos han ido administrando no sé si por vía oral o anal, está produciendo estragos de desmovilización. No es posible mantener tanto pasotismo, so pena que queramos que en muy poco tiempo se carguen el “modesto” Estado del bienestar que ha costado construir cien años.



Hoy, una de las mayores rémoras que tiene el progreso es esa actitud de resignación que deja manos libres para que quien puede y debe decidir, lo haga a sabiendas de que decida lo que decida no va a encontrar oposición de la sociedad civil.



¡Basta!, o empezamos a movilizarnos y aparcamos esa resignación o lo lamentaremos. Las asociaciones, las ONG, los sindicatos, los intelectuales, todos los afectados y todos los que quieran solidarizarse han de unirse para parar este atropello.



Y qué decir de nuestros gobiernos sometidos, voluntariamente, al arbitrio de esos entes llamados “mercados”. Hay que revalorizar la democracia, conseguir cauces de participación, además del voto, que hoy no tenemos, como puede ser facilitar más las Iniciativas Legislativas Populares, los referéndums, la posibilidad de recusar al gobierno con ciertas reglas. Esto unido a una ley electoral más justa podría incentivar la participación, hoy limitada a votar cada cuatro años un sistema que nos aboca imperativamente a un obligatorio bipartidismo pactado, convirtiendo las posibles alternativas en meras alternancias.



Mucho es lo que hay que arreglar, pero empecemos por nosotros mismos, movilicémonos y exijamos instrumentos democráticos más cercanos. Tenemos que salir de esta resignación en la que nos quieren encasillar para siempre.



Salud y República

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Mañana: Huelga General

>> 28/9/10

Mañana tendrá lugar la sexta huelga general de este país en treinta y dos años de democracia. Mucho se ha hablado y se está hablando de esta huelga. Desde todas las partes.



Desde aquí quisiera lanzar mi grito de lobo a favor de la huelga.



Ya sé que hay muchos detractores. Alguno, por ejemplo Montoro del PP, ya dijo que habría que ilegalizar las huelgas generales por estar “obsoletas”, otros hablan de la inutilidad o de la inoportunidad de la misma, algunos les da por criticar a los sindicatos –estoy de acuerdo en que ha habido errores en la gestión que han hecho en los últimos tiempos, los grandes sindicatos de clase— y otros hablan de que es una huelga política para derribar al gobierno socialista.



Lo de Montoro, que también comparten otros miembros del PP, es propio de regímenes dictatoriales. El derecho de huelga es uno de los más importantes que recoge cualquier constitución democrática, como hace la nuestra. Naturalmente entiendo que al Sr. Montoro le salga sarpullido cuando se habla de huelga, puesto que para él, todavía parece seguir vigente el sindicato vertical.



En cuanto a la inutilidad o la inoportunidad, se trata de una crítica de carácter general que siempre hace quien no está de acuerdo con cualquier acción. Recuerdo estas mismas críticas en las dos huelgas generales más importantes de este país, la de 1988 y la de 2002, y sin embargo tanto González como Aznar tuvieron, después del éxito de la huelga, que dar marcha atrás en transformaciones que parecía ya definitivas.



De los sindicatos todos podemos hablar y seguro que se han equivocado en muchas cosas, pero, independientemente de que se hubiera podido convocar la huelga antes, o de que hayan sido demasiados benevolentes con este gobierno –críticas que han recibido y que comparto, en parte—, la huelga es necesaria y no hacerla significaría que los trabajadores de este país se entregan sin más a las políticas ultraliberales que campean por todas partes. Por lo tanto, esta huelga es a favor de los trabajadores y en contra de una determinada política económica que es perjudicial para ellos. Es verdad que muchos se preguntan ¿qué han hecho los sindicatos por ellos? y a mí me parece que también habría que preguntarse ¿que he hecho yo por los sindicatos? porque los sindicatos no son sino conjuntos de trabajadores.



De los que dicen que la huelga es política, yo les diría que sí, que naturalmente, casi todo es político. Ahora bien no es una huelga personal, ni pretende cargarse un gobierno. Simplemente quiere que cambie su rumbo y que desarrolle políticas progresistas.



A aquellos que hablan de que no ha habido más remedio que tomar esas medidas, obligados por “los mercados”, les recomiendo que lean al catedrático Vicenç Navarro, quien con argumentos sólidos lo explica muy bien aquí y aquí.



Se ha jugado sucio desde los medios de comunicación que, casi de forma unánime, han denostado esta huelga. Y qué decir del gobierno de la CAM, desde donde se ha criticado la enorme cantidad de liberados sindicales (existen exactamente los que se han pactado entre empresa y trabajador, ni uno más, y son personas votadas en su centro de trabajo, olvidándose que la lideresa ha multiplicado por cuatro el número de altos cargos y que los liberados políticos los pone a dedo y son 1521), o se ha dinamitado el acuerdo de los servicios mínimos.



Por último, quisiera hablar de la coacción que se utiliza en las huelgas. Siempre se habla de los piquetes violentos de trabajadores que actúan ese día, y casi siempre se olvidan las prácticas coercitivas que están utilizando durante este periodo muchos empresarios que, utilizando su poder, amenazan a aquellos que se atrevan a seguir la huelga.



Enfrentémonos a esta realidad. La huelga debe triunfar, por el bien de los trabajadores actuales y futuros. Nos jugamos mucho.



Mañana estaré de huelga, no me pasearé por la blogosfera. Así es que, con su permiso, si hay comentarios los contestaré el día treinta. Gracias y que la huelga sea un éxito, por nuestro propio bien.



Salud y República

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Nuestras carencias democráticas

>> 1/5/10

Es un honor para mí, que desde Grito de Lobos me hayan invitado a unirme y compartir ideas y formas de pensar. Gracias Ramón por la invitación que me has hecho, encantado de encontrarme entre vosotros. Y aquí queda mi primer Grito de Lobos. democracia-mafalda1

A estas alturas de la película, dicen que España es un Estado Social de Derecho. Y perdónenme --no es por llevar la contraria a los que de verdad se lo creen, que también, sino sobre todo por combatir a los que lo dicen sabiendo que no es verdad--, yo no lo veo.

Es verdad que desde la dictadura se ha avanzado. Negarlo sería negar la realidad. Ahora bien, desde que se produjo la llamada transición hasta ahora el balance no ha sido muy positivo. Por lo menos para los que de verdad creemos en que deberíamos vivir en un Estado Democrático, donde la soberanía residiera, realmente, en el pueblo.

La transición no terminará y no completaremos esta democracia parcial hasta que no seamos capaces de superar ciertas rémoras del pasado dictatorial:

  • Elegir la forma de Estado (la Monarquía es una herencia franquista, no convalidada democráticamente)
  • Convertir a este Estado en un Estado Laico, lejos de la herencia eclesial que nos ha dejado el Nacional-Catolicismo.
  • Hacer justicia con quienes fueron indigna y criminalmente tratados durante la dictadura. Hablo de honrar y dignificar, de verdad, a las víctimas del franquismo: La Memoria Histórica.

Además, de las corrección sobre la herencia recibida, es menester jugar con cartas limpias, no trucadas, para ello hay que:

  • Elaborar una nueva Ley electoral que se ajuste a un principio democrático irrenunciable: Un hombre, un voto. Que no haga que a unos partidos le cueste siete veces más votos conseguir un diputado que a otros.
  • Introducir en la Constitución, como ocurre en la Constituciones Iberoamericanas, medidas participativas desde el pueblo soberano, que permita la decisión directa de los ciudadanos en asuntos importantes y el mandato de revocación de sus representantes, en caso que así lo considere el pueblo soberano. No podemos conformarnos con votar cada cuatro años y dejar en mano de los partidos representados nuestros intereses. Eso más que una democracia es una partitocracia.
  • Conseguir una Justicia profesional independiente, que no dependa de los partidos políticos. Hoy más que nunca puede verse cómo una Justicia politizada sirve a unos intereses bastardos.

Sé que hay más medidas que se deberían tomar, sin embargo yo ya me conformaría con una regeneración democrática que tuviera en cuenta las anteriores. Pero, mientras el pueblo no se preocupe y los partidos mayoritarios tengan como fin su perpetuación en el poder, esto no se moverá, con el consiguiente desprestigio democrático in crescendo. Y es que no están dispuestos a renunciar a sus privilegios y a ponerle el cascabel al gato.

Salud y República

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