Mostrando entradas con la etiqueta Antonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio. Mostrar todas las entradas

Zeitgeist o el espíritu de los tiempos

>> 28/8/11



La palabra Zeitgeist, es una expresión que proviene del alemán “zeit”, que significa “tiempo” y de “geist”, que equivale a “espíritu”. Se refiere, específicamente al clima intelectual y cultural dominante de una época. Recabando en Internet, me apoyo en algunas definiciones y apreciaciones que encontré y que comparto en el siguiente párrafo.

En este sentido, “es un término que se refiere a los caracteres distintivos de las personas que se extienden en una o más generaciones posteriores que, a pesar de las diferencias de edad y el entorno socio-económico, una visión global prevalece para ese particular período de la progresión socio-cultural. Zeitgeist es la experiencia de un clima cultural dominante que define, particularmente en el pensamiento hegeliano, una era en la progresión dialéctica de una persona o el mundo entero. El espíritu de naciones individuales representa un segmento del Espíritu Mundial del que emerge un espíritu universal ilimitado”.

Ese espíritu, que lo forman las posiciones, idearios, creencias, voluntades, principios, actitudes y conductas que prevalecen en los sujetos de una sociedad, es el que conforma el conglomerado o la argamasa que sustenta el sistema social y su proyección de futuro. Por ende, el control y manejo del mismo es de gran valor para predecir y reconducir a las sociedades hacia los objetivos previstos.

Pero hay algunos otros aspectos que me gustaría resaltar. Bajo mi opinión, existe una escala de gradación que va desde el grupo de la familia, a la comunidad, la nación o el estado, hasta llegar a uno mayor, de componente mundial o universal, que abarca a todos los seres humanos. No es más que la aplicación de la teoría sistemática, donde el gran sistema lo forma el cosmos, el universo amplio, mientras que lo demás no deja de ser subsistema, en mayor o menor nivel, de otros sistemas superiores que lo entrelazan todo.

Si somos coherentes, deberíamos establecer prioridades para sostener y mantener el sistema superior, que es el que nos garantiza la supervivencia de los otros subsistemas que lo integran. Estos nos llevaría a identificar cuales son los intereses comunes que comparten los distintos subsistemas para hacerlo prevalecer sobre cualquier otro interés de grupo inferior. Pero la realidad es que hay un juego de poder, donde se procuran beneficios para el poderoso, sin considerar lo lesivo de sus actos para los otros grupos que forman los subsistemas.

En cierto sentido, nuestra sociedad y cultura se desarrolló desde esta miopía. Encapsulados en los principios, creencias e ideologías del grupo, se procuró bogar contra viento y marea hasta hacer prevalecer los intereses de grupo sobre los generales. No importa que el mundo se vaya a la mierda si yo saco beneficio y me salvo, aunque sea de momento y en esta generación. Claro, todo ello tiene relación con el acumulo de poder y la capacidad de decisión.

Hay algo que es una constante en nuestra cultura, como ya he comentado, el que cada grupo sostenga y mantenga la prevalencia de sus intereses sin considerar los generales, los de la sociedad, los de la humanidad en su conjunto. Han obviado los intereses transversales, o sea, aquellos que afectan al conjunto de la sociedad en sentido universal, para defender los de su aldea, perseverando en la línea egoísta y miope de su grupo. Ese ha sido el espíritu de los tiempos, el Zeitgeis, que se ha cultivado desde el poder clásico y tradicional de nuestra sociedad y estados. Lo curioso es que, sabedores, como decía antes, de la necesidad de controlar y dirigir el tránsito de ese espíritu de los tiempos, se ha ido imponiendo un sistema de comunicación, educación y manipulación de la gente para dominar y orientar ese proceso hacia los intereses del grupo dominante. Es decir, cultivar el Zeitgeist que le interesa al poder.

El peso de la masa popular es inmenso, por lo que es imprescindible buscar su adhesión mediante la creación de principios y valores que les convenza, por una u otra forma (de ello habría mucho que hablar) para dejar en manos de unos cuantos el poder de decisión. Para ello contamos con el proceso de socialización mediante el cual se establece un sistema de aprendizaje de los principios y valores que priman en esa sociedad, como qué es el bien y el mal, la moral, ética y conductas aceptables y reprobables o rechazables. Esta es una de la cuestiones que justifican la oposición de determinados grupos de poder, como la propia formación desde la religión, a aceptar un sistema de formación que incluya la Educación para la Ciudadanía calificándola de adoctrinamiento, mientras ellos la han practicado desde tiempos inmemoriales. Es por tanto, el miedo a perder las riendas y el control del Zeitgeist lo que les lleva a esta oposición.

Ahora se está librando uno de los combates más importantes de la historia. Un combate para establecer y gestionar un Zeitgeist que beneficie a cada grupo en litigio y/o a sus aliados, en contraposición a otra línea de concepción universal que aglomera todo lo que integra el sistema de vida del planeta. Hay grandes grupos identificados e identificables, como son las religiones, el capitalismo, los estados, las ideologías políticas, los propios políticos, etc… Todos ellos medran en beneficio de un sector, pero es poco habitual encontrar a grupos que objetiven el bien del ser humano en su globalidad, identificando los valores e intereses transversales que los unen. Más bien al contrario, manipulan, tergiversan y crean tendencias y opiniones para desligarnos de esa visión global. Para ello se visten de humanistas, defensores de derechos universales, de ONUs y demás, pero solo hay que ver como evolucionan los organismos internacionales para darse cuenta de que están al servicio del poder de las grandes potencias.

Por tanto ese es el gran reto, bajo mi modesta opinión. Crear un movimiento tendente a modificar ese espíritu de los tiempos para orientarnos hacia una gobernanza de interés mundial, donde prevalezca el desarrollo de las personas sobre las cosas, el ser sobre el tener, el espíritu sobre la materia, puesto que la materia es un instrumento para facilitar el desarrollo del espíritu, o intelecto, que se sustenta en parámetros vitales de la vida animal como continente. El cuerpo es soporte de la actividad intelectual y para ello deben estar cubiertas sus necesidades básicas, de lo contrario su actividad primordial sería procurar el sustento para evitar la muerte, en detrimento del desarrollo intelectual. De eso saben muchos los que controlan los recursos para hacer posible la nutrición, pues si el sujeto se ha de dedicar a conseguir el sustento con dificultad, evitamos que su actividad se oriente al desarrollo de sus potencialidades como ser humano en evolución, dejándolos recudidos, de esta forma, a meros instrumentos de nuestros intereses como grupo dominante.

Visto está que tenemos un sistema obsoleto. Que nuestros partidos políticos, nuestra democracia y los grupos de poder, a los que aludí anteriormente, no saben, pueden o quieren cambiar las cosas. Habrá que reconsiderar el papel de las religiones, de los estados, de los partidos políticos, de los propios políticos, del capitalismo, de la democracia, del sistema en sí mismo, hasta llevarlo a garantizar la cobertura de las necesidades básicas mínimas para la subsistencia del ser humano en todos y cada uno de los lugares de la tierra, solo por el hecho de vivir se tiene derecho a comer y disfrutar de lo que la tierra genera como madre nutriente.

Por tanto, el ser humano, por definición, está en un proceso evolutivo, en una revolución continua, que le hace crecer y desarrollarse, para lo que necesita incluir, en ese espíritu de los tiempos, el concepto de cambio continuado para adaptarse al incremento del conocimiento y al desarrollo tecnológico, con objeto de hacerlo más grande y más sabio.

Os propongo la creación de un Zeitgeist donde prevalezca y se garantice, como macro objetivo el alimento, la vivienda digna y cubrir todas las necesidades básicas de la ciudadanía, para darle a cada cual la oportunidad de ejercer su propio desarrollo intelectual. Potenciar un espíritu sustentado en la idea del ser humano, en su conjunto universal, como elemento central de la preocupación del sistema. Se ha de entender que el desarrollo no es tal si no es sostenido y sostenible, inmerso en un contexto que considere la naturaleza, el planeta y las especies que lo puebla; que el progreso no es tener más, sino ser más como sujeto humano, intelectual, pensante... Y por qué no, clarificar los conceptos de maldad y bondad, revertir el concepto de propiedad hasta dejarlo en aquello que cada cual sea capaz de producir desde sus propios medios sin sustraer el producto de los demás, y un etc. digno de debate, que dejo abierto…

Read more...

Un grito y un poema

>> 8/6/11


Hace algún tiempo compuse este poema. Ya se divisaba la aplastante acometida que el sistema estaba realizando. La crisis estaba siendo gestionada en beneficio de unos pocos, curiosamente quienes la protagonizaron, sus causantes. Era su crisis y se sintieron con derecho a resolverla enfocada a sus intereses, sin pensar en los cadáveres que quedaran en el camino, en las familias rotas y arrojadas a la miseria. Si alguien se enriquece, alguien se empobrece cuando no se crece.

Pensé que el mundo había caído en manos de una mafia terrible. Una mafia que se había adueñado de los medios de comunicación y los usaba para manipular opiniones de la gente, que había colonizado los partidos políticos mediante el arma terrible de la deuda bancaria y la acomodación de sus instintos corruptos, por lo que los hacía bailar a su son. Una mafia que controlaba el flujo del dinero, de la banca y las finanzas, de la bolsa y la especulación, que se había apropiado y ajustado las leyes para atrincherarse en su poltrona y dominar el sistema. No tenía escrúpulos y, día a día, se adueñaba de todo lo material, las empresas, los servicios públicos, la educación, la universidad, la sanidad, los medios y vías de comunicación… todo, absolutamente todo, en base a una cacareada libertad del dios mercado que todo lo puede y lo regula. Era la ley del más fuerte. Donde cabe el chantaje, la mentira, la manipulación y el juego sucio. El sistema había fagocitado las ideologías políticas, la democracia había sido adulterada hasta convertirle en un mero rito del voto en plan pantomima, donde los programas y promesas no se cumplen, donde se vota para huir del más malo y no para apoyar al más bueno. Donde la ilusión se pierde y se grita sálvese el que pueda.

Para ello fueron creando al hombre y la mujer mediocres. La tele se encargó de desvirtuar la esencia de los debates, de la denostación sistemática, de la invasión en la vida ajena y dinamitar un concepto, viejo y apreciado concepto, como es el respeto. Presentadores histriónicos fueron tomando protagonismo hasta convertirse en estrellas de la tele, en hacedores de mitos, de héroes y modelos, destrozando valores y principios y entrando en el todo vale. Dios los confunda!!!

Entonces vi con claridad que bogábamos en un mar cargado de negrura, una noche tenebrosa que no nos dejaba ver el horizonte ni el mañana, la luz que da la vida con el amanecer de un sol. Nos querían confundir y atrapar en sus redes hasta someternos a una nueva dimensión, una situación donde perdíamos la esencia de un Estado gobernado por votación popular, por políticos éticos y honrados, en una democracia real, para ser dominados desde la empresa y la banca, desde la economía y la especulación financiera… Ellos dicen: Yo tengo el dinero, yo invierto, yo creo trabajo, yo decido… Los gobiernos, en lugar de afrontar la situación con reformas de leyes más justa, que hicieran patente que su dinero había sido producido por el colectivo social, y que debían revertir en el bienestar común, le apoyaron y los salvaron, cagados de miedo, acojonados ante la amenaza de quiebra del sistema… Eso ya se sabe y no insistiré…

Y aquí danzaban a la par políticos, capital y banca, empresas y multinacionales, religión adoctrinadora, justicia y gobierno… Al pueblo solo le quedaba indignarse. Muchos lo hicieron, pero los acomodados mediocres, no solo no rechazaron el sistema sino que vieron en él la salvación en una huída hacia delante suicida. Las políticas neoliberales se fueron imponiendo, con sus agencias calificadoras, su valoración de riesgos, su juego interesado hasta doblegar al opositor y llevarse el gato al agua… Muchos se cegaron, no quisieron ver más allá, ni los programas ocultos, ni estrategias serviles a intereses bastardos y espurios; en suma, no adivinaban la tendencia y objetivos que se planteaban determinados políticas neoliberales y acabaron prefiriendo la sumisión, dejando de ser soberanos de un Estado para convertirse en súbditos de una empresa… Desmontan, pues, el Estado, que es nuestro, y lo venden a privados para que sea suyo…

Yo, hoy, quiero hacer mi grito de lobo, mi aullido desde la montaña al amparo del bosque de la vida, con este poema como réplica a estos tiranos que forman la “mafia” conjurada que nos amenazada… Perdonen que le llame mafia, pero cuando hay un grupo organizado que trata de defender sus intereses a costa de otros, creo que es un término adecuado para definir la mafia del poder…

Negra y tenebrosa noche


Y tú, tirano, me dices:

“No mires en tu interior,
sino mírame a la cara,
que soy quien tiene el poder
de decidir tu mañana”.

Y yo, rebelde, respondo:


Negra y tenebrosa noche,
noche negra
amenazante y soberbia,
que amedrentas desde el mar
al amparo de la sombra.

Viento bronco y desalmado,
viento frío, viento helado
que me gritas al odio,
que me espantas e intimidas
dejándome en desamparo.

Mar retador y bravío,
mar vigoroso y osado,
orgulloso y altanero
de oscuro abismo cargado
con amenazas de muerte,
hacia el fondo sepultado.

Ola asoladora inmensa,
soberbiamente dotada,
coronada por espumas
que me lanzas a la cara
para cegarme los ojos,
para acobardar mi alma.

Oscuridad ofuscadora
que bloquea mi mirada,
que no deja vislumbrar
el horizonte perdido,
la suerte de mi mañana.

Al fondo vislumbro algo,
los confines de otra vida
si venzo tanta patraña,
si lanzo mi vela al viento,
si remo con mucha saña.

Ahora voy comprendiendo
por qué se da esta alianza
entre la noche y el viento,
entre la mar y las sombras
junto a esa ola espumada.

Quieren cambiarme mi barca,
que navegue sobre el miedo,
que abandone la esperanza,
que convierta en bajel viejo
la ilusión que me acompaña,
que abandone mis ideas
y me preste a su doctrina,
a su credo y su enseñanza.

Aunque navegue en un bote,
aunque sea insignificancia,
flotaré como la espuma
sobre las aguas bravías
al amparo de mi barca.

Así no podrán conmigo
y aguantaré sus bravatas
hasta las claras del día
que me abra las ventanas
y poder mirar al frente
y poder buscar con calma
el horizonte perdido
que me lleve a la esperanza.

Gritad, malditos jodidos,
clamad vuestras amenazas
que por mucho que gritéis
el miedo no me hace mella,
el miedo no me atenaza,
el miedo a viejos fantasmas
erradiqué de mi vida,
lo lancé al fondo del mar
sepultándolo en la nada.

Políticos y vampiros,
cardenales de gran panza,
saprofitos y banqueros,
ladrones, desfalcadores,
guantes blancos,
moral flaca
y corrupciones a manta.
¿Qué buscáis con el discurso
que quiere prender mi alma?

Sobre el agua de la noche,
mecido sobre olas blancas,
cargado de nueva fuerza,
duermo tranquilo mis sueños.
Contra mí no pueden nada,
soy yo el dueño de mi rumbo,
quien burla sus pretensiones,
quien busca mis horizontes
y gestiona mi esperanza.

Read more...

Al final… Crisis cultural

>> 4/5/11




Todos los seres humanos estamos sometidos a un proceso oscilatorio en nuestro estado de ánimo en mayor o menor medida. Tenemos cierta dosis de ciclotimia. Posiblemente tenga una relación bastante directa con el ejercicio de análisis de nuestros hechos, que unas veces nos lleva a sentirnos bien por el resultado y otras no tanto. Podemos decir que andamos de crisis en crisis como forma de elaborar el pensamiento y la acción. En todo caso la crisis es un signo de evolución y, por ende, de cambio y necesidad de ajuste, lo que conlleva el concepto de oportunidad.

Las crisis personales, que cada cual vaya presentando y resolviendo, forman parte de la individualidad y la personalidad del sujeto. Su ajuste se hará, también, en función de su microcultura familiar y de la cultura de su grupo social.

Pero la cultura de los pueblos se fragua a lo largo de la historia y es un elemento de valor singular que ha de tener un contenido dinámico para adecuarse al espíritu de cada tiempo (Zeitgeist). La componen las formas, actitudes, creencias, convicciones, principios y valores, entre otros elementos, que da como resultado una determinada conducta y forma de interacción social. A modo ejemplar se determinan los mitos, los héroes, leyendas, tabúes, ritos y rituales, etc. que van definiendo cómo se ha de generar el proceso de socialización mediante el cual se integra el sujeto en esa cultura social y qué conducta se espera de él. Ello incluye un sistema de gestión de la comunidad, una normativa y estructura relacional que delimite un modelo de convivencia. En nuestro caso estamos inmersos en una cultura judeo-cristiana donde los valores sustentan una serie de privilegio y sistemática funcional donde prima, en gran medida, la propiedad privada y la individualidad sobre la colectividad, la denodada lucha y la confrontación como forma de escalar, la ley del más fuerte, aunque creamos que está mitigada por no se cuantos otros correctores.

No es mi intención entrar en un análisis pormenorizado de todas y cada una de las variables que concurren hasta generar esta sociedad, a mi juicio injusta, que nos hace soportar crisis periódicas que se gestionan desde los intereses de unos grupos de poder que nos andan administrando, desde tiempo inmemorial, con total arbitrariedad en beneficio propio. Es un grupo de poder que tiene una impresionante capacidad de absorción, pues cae en sus redes todo elemento que vaya, incluso, contra él, como se ha visto a lo largo de la reciente historia. Es evidente que se sustenta en la codicia y la avaricia del propio sujeto. Bajo mi punto de vista, el mal llamado progreso y el avance del sistema tiene como motor esa codicia, que acaba siendo la trampa mortal en la que caemos la inmensa mayoría, cuando llegamos al poder o lo estamos tocando con la punta de los dedos.

Quiero decir con ello que la ética y la moral, de esta cultura social, tiene elementos aberrantes, por lo que necesita de mecanismos de limpieza mental. Es aberrante el nivel de injusticia distributiva, pero tiene la caridad como detergente mental. Un sujeto puede ser un puro ladrón y sinvergüenza desde un punto de vista estrictamente humano, pero como está avalado por unas normas y leyes sociales emanadas de esta cultura, queda exonerado y para equilibrar su disonancia cognitiva recurre a la reparación que le da el sistema… “explota a los demás, pero da limosna en caridad…”. Esto sin contar con la confesión para los creyentes, que es otro instrumento perfecto de lavado automático de conciencias. La religión, pues, vuelve a ser un elemento de primera magnitud para soportar el sistema y la conciencia de quienes lo dirigen y aprovechan.

Pero volvamos al tema concreto de las crisis. Hasta ahora se habló mucho de crisis coyunturales, que son aquellas provocadas por determinadas circunstancias que se resuelven con pequeños ajustes en el sistema; suelen ser periódicas y van asociadas al desajuste de la economía de mercado, entre demanda y oferta.

Luego hay otras más serias, que son las estructurales. Estas ponen más en evidencia al sistema y demandan cambios en la estructura funcional del mismo. Si las anteriores era temporales, circunstanciales y no requerían grandes cambios en el sistema, en este caso la persistencia de la crisis hace que deban tomarse medidas y cambiar la sistemática para salir de ellas y evitar que se repitan; afecta, pues, a las normas y principios. Pero no olvidemos que todo ello se dan el marco cultura de ese pueblo.

No obstante, llegados a este punto, habrá que pensar que esta crisis se escapa de los cauces anteriores, que ya solo no es coyuntural, sino que sobrepasa a la idea estructural, aunque pretendan modificar o reajustar el sistema para seguir en la misma dinámica. La cobardía de nuestros políticos y de nuestra propia sociedad está en no saber o querer ver la realidad, en tener miedo a colapsar el sistema, cuando es evidente que vamos directos a ello. Esta especie de huída hacia delante no hará más que aplazar el colapso y mientras más se tarde más grande será el batacazo. Ya deberían valorar y estudiar la forma de ir reconduciendo el sistema para aminorar el impacto final.

Por tanto, la crisis, ahora, es cultural. Hay que modificar los principios y valores de nuestra cultura para reorientar la filosofía popular a una nueva era donde primen otros nuevos. No podemos seguir en esta dinámica depredadora, exculpatoria y agresiva, donde las culpas siempre son de otros, léase políticos, países, emigrantes, o vaya usted a saber… En todo caso habría, bajo mi modesta opinión, que redefinir esa cultura, no solo cambios de normas y leyes, sino con un proceso educacional, de responsabilidad social, individual y colectiva, que hiciera al individuo más permeable y racional, que abocara en un nuevo contrato social. Eso es complicado, pues hay grupos de influencia y poderes fácticos que siguen apoyando y apostando por el sistema tradicional, que sustenta ese poder propio que no quieren sacrificar.

La cuestión, para mí, está en como fraguar una sociedad madura que no se plegue a los liderazgos paternalistas, que no se deje alienar con falsas orientaciones, que no se atrape en la delegación de su soberanía a sujetos irresponsables, que tome partido y defienda y exija que los gobernantes gobiernen para ellos y no para las clases pudientes, el capital, la banca y los intereses imperialistas de las multinacionales. En suma, introducir esa dosis de librepensamiento que cada cual debe reivindicar desde la responsabilidad de ese nuevo contrato social.

Ahora tenemos, como nunca, la mejor juventud en formación, con mayor conocimiento y capacidad intelectual. La sociedad se gastó buenos cuartos para ello y el sistema responde dejándolos en el paro… Son los “Mejor pre-parados”. Un problema es que la globalización rompió fronteras al mercado, pero no homogenizó las culturas organizacionales; es más, mientras más divididos andemos y mientras más se potencien los localismos, más energía se distraerá de la lucha verdadera, de la que lleve a esa homogenización global, no solo de valores y principios, que definen las culturas, sino del propio desarrollo humanista y social.

Sigo diciendo, desde hace ya bastante tiempo, que hay dos tendencias en lucha, la que busca una clase dominante, dueña del mundo y sus recursos y usa, si le interesa, a las ciudadanía en general, la aliena, pero si no la necesita la enfrenta y provoca el conflicto sin importarle la vida ajena; esa sociedad falta de ética, amoral y asimétrica se está fraguando en este tiempo desde grupos de poder ocultos, o entre bastidores; son los de siempre, los mismos perros con distinto collar, apoyados invariablemente, también, por los de siempre. Por otro lado está otra tendencia que busca la simetría, la justicia social y el valor humano por encima del valor material; aquellos que cada vez tienen más conciencia del entorno y de la imposibilidad de seguir en esta loca marcha que acabará con todo en poco tiempo. Este último colectivo tiene cada vez más fuerza, como podemos ver con el protagonismo que va adquiriendo en los medios de comunicación libres, como es esta red, donde se van aglutinando y sedimentando ideas de otra concepción de democracia más justa.

Los cambios hay que sembrarlos cultivarlos y abonarlos. Solo se da un cambio definitivo si tiene suficiente apoyo social, si es asumido y empujado por la colectividad. Pero para ello se ha de establecer el llamado Zeitgeist, el espíritu de los tiempos, que muestra un clima intelectual y cultural capaz de reorientar nuestra cultura hacia otra estructura funcional y social más justa, más simétrica.

¿Empezamos… o dejamos que ganen los otros? Habrá que no caer en sus señuelos, reconocer la importancia de cada cosa, en no entrar en debates disociativos, sino en convergentes, en buscar lo que nos une y no lo que nos separa. El partido del siglo se juega entre los simétricos y los asimétricos, entre el humanismo y el clasismo, entre los simbiontes y los saprofitos; no entre el Barça y el Madrid… El resultado final será la supremacía de una cultura u otra.






¡Por un hombre nuevo!


Read more...

¿Somos imbéciles… o quieren hacernos?

>> 15/3/11


Últimamente ando disperso, o mejor dicho, algo confuso y preocupado por planteamientos que, posiblemente, no encajan en el interés popular que se viene observando, pero que no dejan de tener su tendencia clarificadora. Creo que, en gran medida, estamos perdiendo el norte.

Andamos en un mundo convulso, cargado de dudas, de interrogantes, de inseguridad y cuestionamientos de los principios y valores que deben regir una sociedad justa y equilibrada, donde el ser humano tome protagonismo y se busque el desarrollo de todos y cada uno de los integrantes de esta sociedad, con la intención de establecer sinergias, convergencias, que permitan el desarrollo del colectivo social desde la suma y no desde la división y la resta.

Esta crisis nos está volviendo locos o, al menos, nos descentra en los planteamientos racionales para analizarla. Curiosamente, los sujetos que la provocaron están saliendo indemnes de ella y han conseguido, o están en ello, centrar e imputar las responsabilidades de la misma en los políticos y en el cuestionamiento del propio sistema representativo de la democracia.

En este medio aberrante todo se compra y se vende, pero es responsable del acto tanto el que compra como el que vende. El mercantilismo ha llegado a todas partes y donde no se llega con la compra de voluntades por intereses espurios, se llega con el chantaje, hasta conseguir la sumisión. Miedo me da eso de: “O me sigues o te hundo”. Los políticos o caen en ese juego o ya van predispuestos a jugarlo.

Lo cierto es que se están enfrentando dos formas o ideas de organización y dependencia de las políticas económicas, de cómo se reparte el PIB, de dónde van las plusvalías del trabajo y la inversión, de cómo se canaliza el esfuerzo humano y hacía donde se enfocan los beneficios de ese esfuerzo.

Es verdad que la democracia implica la elección de los representantes del pueblo, del votante en el ejercicio de su soberanía. Mientras tengamos la opción de votar, de elegir a quien nos gobierne, estaremos en disposición de reconducir la situación hacia el lugar que más nos interese. Pero no servirá de nada si ese gobernante elegido por sufragio, en el que delegamos el poder de gestionar los intereses comunes de la sociedad, no tiene la capacidad de orientar las políticas adecuadas para la gestión de un Estado fuerte y solidario, donde priven los intereses de la mayoría sobre los de una pandilla de avariciosos sujetos que solo pretenden el beneficio personal. Si el gobernante, al final, tiene que someterse a intereses del mercado global, estamos perdidos.

Es sorprendente ver como, en una situación como la actual, se incrementa el número de multimillonarios y crecen los capitales, incluido nuestro paisano de Zara, mientras la pobreza avanza, como un caballo apocalíptico, entre las clases menos favorecidas. Y esto, amigos lectores, bajo mi opinión, solo es posible desde la idiotización de la ciudadanía; es decir, hacernos imbéciles, entendiendo por tales: “Alelados, escasos de razón”; o lo que es lo mismo, desvestirnos del espíritu crítico que debe acompañar a todo ser humano racional, dotado de razón o facultad de discurrir.

Nuestra razón ha sido manipulada, reorientada y dirigida hacia los objetivos que les interesa a los sujetos que andan defendiendo el neoliberalismo y el mercantilismo, el llamado mercado libre, como si ello fuera una filosofía de vida basada en principios y valores humanos, cuando de lo que se trata es de intereses comerciales, engañifas y falacias que nos quieren presentar el progreso desde el TENER y no desde el SER propio de una visión humanista de la vida.

No creo que hayamos sido creados o desarrollados, dada nuestra inteligencia, para depredar el entorno, para consumir bárbaramente y agotar los recursos naturales, para aislarnos de la propia naturaleza y convertirnos en los enemigos principales del equilibrio ecológico. Por mucho que nos hayan dicho, en las religiones o en las culturas dominantes, que somos los reyes del universo, creados a semejanza del propio dios, y que todo está para servirnos y nos pertenece como seres superiores, es de idiota o imbécil no pensar, entender y gestionar el propio funcionamiento de la vida y de su equilibrio sostenible.

Somos miopes, solo vemos a corto plazo. Puede que el egoísmo sea el motor de esa miopía, pero un buen egoísta, inteligente y racional, velando por sus propios intereses, se plantearía la dotación y conservación de recursos a medio y largo plazo. Hasta un egoísta bien orientado sería conservador de la naturaleza y mejor gestor de recursos por el bien de su supervivencia. Entonces, tal vez, deberíamos hablar de un nuevo concepto: El egoísmo solidario como especie… “Lo que me va bien a mí te va bien a ti y viceversa”.

La codicia y la avaricia de unos pocos, que entendieron el poder desde el control de los recursos y desde la posibilidad de crear necesidades a la gente para potenciar su comercio y el consumo, atrapándoles en un sistema consumista y, por consiguiente, esclavista para poder satisfacer las necesidades creadas, son la verdadera causa de la crisis. Podrán achacarle a Zapatero, a Camps, a Perico de los palotes, su mala gestión; podrán intentar salir indemnes de la crisis, pero solo con un momento de justo razonamiento se desmonta el tinglado. El político, el mal político, anda a la gresca, haciéndoles el juego, denostando el arte de la política, confrontando desde lo malo a lo menos malo, en lugar de desde lo bueno a lo más bueno, difamando al adversario y creando desafectos y añorantes de tiempos pretéritos donde no había nada que pensar porque ya te lo daban todo hecho, pensado e impuesto.

Tiramos piedras contra nuestro propio tejado, que anda deteriorado, sí; pero nuestro objetivo debería ser repararlo y tirar las piedras al tejado de enfrente, al de los que intentan engañarnos e imponer sus modelos en beneficio propio. Esos solo nos dejaran para comer las migajas que caigan de sus repletas mesas y siempre que les sirvamos a sus intereses. Reparemos el tejado, exijamos lealtad, honradez y ética a nuestros políticos, pero no olvidemos que los que los compran, los chantajean y someten son los causantes de la crisis. Esos andan el tejado de enfrente.

Es muy habitual recibir correos electrónicos alusivos a la corrupción, a los grandes sueldos de los políticos, a su degeneración y mala gestión. No seré yo quien defienda conductas impresentables, cuando no delictivas, no; es el deber de todo ciudadano pedir limpieza, honradez y claridad en la gestión pública. Pero no me vengan con la idea de que una empresa, por el hecho de ser privada, tiene patente de corso para hacer de su capa un sayo, para dilapidar el dinero o gestionar a su antojo, sin considerar, como es el caso de la banca y el colectivo empresarial, una justa distribución de beneficios.

Sueldos millonarios de banqueros, jubilaciones de escándalo (inmensamente mayores que los expresidentes del gobierno), contratos blindados y un largo etc, de actuaciones impresentables… Nadie habla de eso. Nadie refiere que la crisis la provocó el sistema financiero y la especulación, nadie exige responsabilidades a esa estirpe, a ese colectivo entre la sombra y el anonimato que mueve, con la fuerza del capital y sus agencias, los hilos de la economía mundial. Mientras, ellos, siguen inflando sus arcas. Nadie demanda que dejen de usar el poder económico para comprar y/o chantajear mafiosamente a los poderes democráticos.

Los medios de comunicación, al amparo y exigencia de sus dueños, manipulan y desorientan, centra su artillería sobre determinados frentes, a veces menores, para eximir a los verdaderos responsables, con sus maniobras de distracción. Cada vez que uno ve un debate entre periodistas, políticos y demás elementos afines, se observa la clara tendencia, monolítica, de argumentos enquistados, resistentes a la lógica, que pretenden convencernos de posturas irracionales en defensa de sus amos.

¿Un periodista puede ser tan imbécil de no darse cuenta de dónde está la verdadera raíz del problema? ¿Cómo es posible que quieran hacernos comulgar con ruedas de molino? Solo es posible si sigue consignas. Y es que, sus argumentos, esa especie de desvío de atención, pretenden hacernos caer en la trampa; la trampa de idiotizarnos, de hacernos imbéciles, para que usemos sus premisas en lugar de las propias, las que, desde el uso de razón que deberíamos tener, nos llevaran a un análisis justo y equilibrado de la situación distinto al que ellos hacen, centrando la culpabilidad, mayoritariamente, en los que andan entre bastidores. Por suerte aún quedan algunos, entre políticos, periodistas, intelectuales, etc. que ponen luz y claridad en el camino, que nos ayudan a entender lo que pasa.

Por tanto, la televisión, en este caso las privadas, andan a la gresca defendiendo sus parcelas, carentes de ética y al socaire de los puros beneficios del marketing comercial que otorga la mayor audiencia. No le pida ética al dinero y al beneficio, ambos forman parte del juego del codicioso, que se pasa la ética por el forro. Los Berlusconi y Cia. compran medios y los usan, para eso son suyos…Unos con programas de idiotas insultantes de voz en grito, sobre jesulines, belenes, grandes hermanos y demás; otros con debates ofensivos a la verdadera dialéctica humana, al intento de entendimiento mediante el diálogo y el intercambio respetuoso de ideas con objetivo constructivo, sin obviar cadenas, teóricamente de economía, donde el insulto y la descalificación se cultiva hasta en los SMS. Se meten en nuestra casa sutilmente y cuando te das cuenta te andan comiendo el coco o ya te lo han comido.

Pues bien, considerando que el tema da para escribir páginas y páginas, debemos concluir y dejar claro, al menos bajo mi opinión, que la guerra, o conflicto, está entre un Estado fuerte y democrático (entiéndase por Estado a todos los organismos integrantes de la administración pública, tanto central como autonómica y local, y sus poderes legislativo, judicial y ejecutivo), capaz de defender a sus ciudadanos y de hacer una justa distribución de la renta y del crecimiento sostenido y sostenible, de garantizar unos derechos elementales que permitan la supervivencia, sin quebranto y con solvencia, de todo el conjunto de la sociedad, de poner coto y ley a los especuladores y de controlar los movimientos del capital, en ese juego perverso de la ingeniería financiera, que rompe la esencia de los valores humanos anteponiendo el interés de un colectivo a la propia humanidad y, de otra parte, esa concepción neoliberal, curiosamente aliada del neoconservadurismo, que pretende desmontar el Estado para que sea la libre competencia que, en plan darviniano, determine la supremacía del más fuerte. Es una concepción belicosa de la convivencia, donde el sujeto tiene que luchar a muerte para subsistir. En estas circunstancias cabe la frase aquella de: “El que nace pobre y feo tiene grandes posibilidades de que al crecer, desarrolle ambas condiciones…”

Si queremos que el mundo cambie y fluya hacia la justicia social y a la humanización y convivencia pacífica, habrá que eliminar los elementos de confrontación que cultivan el conflicto y estos no son otros que el choque de intereses económicos y el desprecio a la vida ajena y a los derechos humanos. Habrá que abogar por un Estado fuerte y democrático, incluso universal, con el soberano compromiso de la ciudadanía sabedora de dónde están sus verdaderos intereses.

Lo malo, amigos míos, es que se siguen presentando a las elecciones políticos corruptos amparados por el aparato de partidos que no juegan limpio y siguen saliendo elegidos. El problema no está, pues, solamente en ellos sino en quien los vota. Puede que nuestra sociedad, ya de por sí, sea corrupta, por lo que habrá que refundarla con nuevos principios y valores. Habrá que educar, en esa responsabilidad, para que el criterio del votante sea consecuente, racional y no manipulable.

Estamos, pues, en una economía de guerra, belicosa, que debería orientarse a la constructiva y solidaria, a la economía humanista. Mientras tanto, desde el bando de la idiocia, le seguirán echando la culpa exclusivamente a los políticos, a los inmigrantes, a los subsidios de desempleo, al alto coste de los servicios públicos, a la baja productividad, a los salarios altos… mientras los verdaderos culpables andan ocultos en sus despachos, manipulando y controlando el proceso homeostático que se ha desencadenado con la crisis, para que, al final, sea beneficioso para ellos, con los resultados ya conocidos. De momento van ganando ellos, pues el poder económico se ha globalizado y el político no, jugamos en campos distintos, en ligas diferentes, ellos en la chapions y nosotros en segunda o, tal vez, en regional aunque sea preferente. Habrá que espabilarse.

Adjunto dos videos sobre “LA CRISIS DEL SIGLO XXI”, vale la pena verlos y escucharlos y pido disculpas por tan larga entrada.


Read more...

Ya no pongo CNN+…

>> 18/1/11



En esta entrada, que ya la tenía escrita cuando apareció la entrada anterior de Grito de lobos hablando de Piñera y sus andanzas, quiero hacer notar el dardo que lanza Ramón desnudando la desvergüenza de muchos políticos que se dedican a prometer un programa y luego hacen el programa oculto que les pautan sus señores. Alerta deberíamos estar antes los políticos empresarios, ante los que hacen de correa de transmisión del capital, ante los que dice una cosa y luego tienen un programa oculto, ante aquellos que son apoyados por las multinacionales y el mundo empresarial, por sus medios de comunicación para defender sus intereses espurios, que denostan al adversario hasta llevarnos a pensar lo malo que es y lo necesidad de buscar alternativas aunque sea la suya vacía… Ellos quieren gestionar el estado como una empresa, sin considerar su función social, su implicación con la ciudadanía y la soberanía que esta tiene. Lo malo es que andan creando opinión sobre esa conveniencia y la incompetencia de los políticos para gestionar ese estado, por lo que ellos se presentan, con sus principios, como alternativa válida. El gran problema es que tienen a su servicio el mundo de la comunicación, de la televisión y otros medios…

Veo poco la tele, pero cuando lo hago suelo hacer zapping hasta descubrir si hay algo interesante, que no me coma el coco o que me lleve a la idiocia inducida de la caja tonta. Parece que no nos damos cuenta de la incidencia que tiene la tele en la creación de opinión; pero no solo de opinión, pues de ella se desprenden otras cosas, como la actitud y la forma o modelo de pensar y afrontar las cosas. Como tiene una función de espejo social, acabamos asumiendo las conductas que se presentan como algo normal y asumibles desde nuestra perspectiva.

Hay programas a los que yo califico de idiotizantes por excelencia, como son, los reality show, determinadas tertulias, los programas del corazón, etc. que pretenden liberarnos de nuestras propias vergüenzas mediante el comparativo. Al mirarme a ese espejo encuentro que salgo favorecido (el grosero sujeto de gran hermano es un impresentable, algo que yo no soy, y sin embargo aparece en la tele sin censura o tapujo; el techo me lo ha puesto bajito y no debo preocuparme ni esforzarme por mejorar). Por otro lado está la necesidad del cotilleo, esa especie de vicio social del ser humano que le lleva a andar proyectándose en los demás, metiendo las narices en la vida ajena, cuando no es capaz de ordenar la suya, buscando la satisfacción al descubrir las deficiencias de los demás que refuerzan su propio ego.


Pero existe otra variable significativa. La soledad en compañía que tanto pulula por nuestra sociedad y en el propio interior de nuestras familias, hace que busquemos, con avidez y buena disposición, un contacto con el mundo exterior que no nos traumatice, que nos permita controlar la situación relacional sin las controversias que suelen generar las relaciones humanas con agentes externos al grupo, que nos llene el inmenso vacío que nos atenaza. Entonces aparece la tele, esa ventana al mundo que nos hace ver cómo son las cosas fuera y, por ende, como debemos actuar ante ellas. Nuestro propio debate, el entramado del hilo argumental, la forma y estructura del mismo, acaban atrapados en la Tv mediante la proyección e identificación con determinados agentes o modelos que nos muestran, bien de alto nivel, bien de la mediocridad presentada como normalidad. Es más fácil y gratificante ver a la Belén Esteban diciendo sandeces que son inteligibles, criticables y con cierto patético gracejo, que a un Punset entrevistando a un científico que presenta el resultado de un trabajo intenso de investigación y que nos abre la mente al conocimiento de campos importantes de la ciencia. Eso cuesta más, pues no tenemos base para comprenderlo y acabamos sintiéndonos inferiores y destrozando nuestro ego. Por tanto vamos a ver a la otra y no nos planteamos ver ese Punset que nos crea dudas, nos minimiza y nos enfrenta a nuestras limitaciones. Nuestro espíritu de superación queda neutralizado.

La televisión tiene dos formas claras de captar nuestra atención. Una es tratarnos como niños y atraparnos en la distracción con nimiedades y otra es tratarnos como adultos y ofrecernos programas críticos, cargados de contenido argumental que nos haga conocer y desarrollar nuestra mente. Según como seamos responderemos a una u otra demanda. Por desgracia suele tener más espectadores infantiloides que maduros. Si a esto añadimos que la tele tiene varias funciones, de las que resalto la de ganar dinero según el ratio de espectadores que tiene, mediante la publicidad, y la de formar y crear opinión, concluiremos que prevalece la primera sin importar demasiado lo repercusión en el comportamiento social que estamos desarrollando o potenciando.

Se ha potenciado un modelo de tertulias donde el debate se presenta como una forma de confrontación resistente a la argumentación lógico del contrario. Donde el tertuliano pasa a ser “tontuliano”, pues su cerrada mente no permite ni una idea nueva que vayan en contra de su considerando, aunque ello sea evidente. Las formas agresivas, resistentes, irrespetuosas, descalificadoras y muchas veces insultantes, siembran un modelo de debate destructivo y confrontador que no ayuda en nada a entenderse el personal, al encuentro y a la sinergia que lleva al acercamiento y la puesta en común, que son los garantes de una buena convivencia.

Por otro lado está la intencionalidad u objetivos que pretenda el dueño del cotarro, es decir el amo de la emisora. Sabedor de que es un instrumento importantísimo de manipulación e influencia social, ¿a quién se le escapa que una emisora puede arrimar el ascua a la sardina de su amo, a validar sus intereses, conductas y liderazgo? El caso Berlusconi es un claro ejemplo de ello. Cuesta creer que un pueblo pueda votar a un sujeto de semejante catadura sin cuestionar sus actos, su moralidad, ética, valores y principios, salvo que esté alienados por sus medios de comunicación. Hay otro tipo de elementos, como puede ser Murdoch, que sostiene un imperio informativo, que le da más poder sobre las masas que cualquier otro, y pone al servicio de los intereses de su gente. La influencia de estos medios es la mejor garantía de poder sobre las masas que se puede tener.

Podríamos seguir hablando del asunto interminablemente, hay matices y elementos de análisis sobrados para ello, pero concluyo con mi pesar por el destino dado a CNN+. Me choca ver Gran Hermano en las pantallas donde antes estaba Iñaki Gabilondo, los informativos ecuánimes, los debates sosegados y los comentaristas objetivos… al menos bajo mi criterio.

Cada vez nos quedan menos medios en los que confiar, menos aliados defensores de la libertad de prensa, al usarla ellos en su propio beneficio informativo. Cada vez nos quieren comer más el coco. Fuerzas ocultas dominan los medios, pagan y exigen a los profesionales conductas asociadas a sus pretensiones… Sospecho que estas, las pretensiones, son descalificar y corromper a la política y sus políticos, de embrutecer a la gente y hacer de pastor del rebaño, de autoridad moral ética y de guía para el observador hasta llevarlo a su redil. Está claro que el neoliberalismo quiere romper ataduras, condicionantes y normas que le sometan desde el Estado. Es más, pretende ser el agente dominante del sistema, obviando reglas de contrato y compromiso social que no sea el libre mercado, para ello quieren, y lo conseguirán si no ponemos coto, dominar los medios de comunicación y orientarlos a su servicio. Difícil nos lo fían, pero aún así, solo nos queda como alternativa la actitud crítica, la mente abierta y analítica que nos haga más maduros y exigentes para no caer en sus redes. El mundo del blog puede ser un refugio y un baluarte para gritar y rechazar su juego… ¿Nos dejarán crecer?


Read more...

Desde la ética laica, Dios sería laico…

>> 12/11/10


Desde mi agnosticismo, entiendo que Dios, de existir, no crea ninguna religión; en todo caso, dota al hombre del intelecto para gestionar principios y valores, con los que le adorna, que le permitan su supervivencia y desarrollo en un marco social determinado, creado y gestionado por el propio sujeto. Estos principios y valores son las motivaciones básicas que hacen que éste actúe enfocando sus conductas hacia la conservación y desarrollo del grupo y de la especie. La ética y moral de cada pueblo se forja con el tiempo, pero siempre marcada por la convivencia y los sistemas de relación y principios que se han ido fraguando y consolidando. Depende, pues, de los intereses del grupo que ostenta el poder, puesto que ellos establecen las reglas y forma de coexistencia en función de sus propios beneficios.

En un principio, el hombre, que no comprende la magia de la creación, piensa que debe existir un ser superior, omnipotente, que lo ha creado todo; o dioses para cada uno de los eventos enigmáticos que observa (lluvia, viento, fuego, sol, etc.). Con el tiempo fue consolidándose el convencimiento de la interrelación entre todos los elementos de la vida y la naturaleza, una visión holística o totalizadora, que le permitió asignar la creación a una sola divinidad (de aquí el monoteísmo). Al mismo tiempo, los ostentadores del poder, siempre con mayor inteligencia y osadía que el resto de su entorno social, debieron pensar que si contaban con el apoyo de ese Ser Superior, podían ejercer el poder de forma incuestionable. De aquí aparece la idea de encarnación de los dioses en los mandatarios (faraones, emperadores, etc.) o, en su defecto, nombrados “por la gracia de Dios”, que ha perdurado hasta hace bien poco para justificar al caudillo.

Es evidente que el poderoso se percata de que, a través de los principios éticos y morales, puede imponer una serie de conductas que le perpetúen en el poder y que, a su vez, vertebren una estructura social. Para ello debe contar con la autoridad y el conocimiento; o sea, el dominio y el saber. El dominio se lo dará la delegación divina y en último caso las armas, mientras que el saber lo controlará mediante el grupo de servidores que gestionarán la desinformación y desorientación del pueblo, conformando súbditos sumisos y obedientes que tendrán su premio en otra vida. Aparece, pues, la religión como un elemento de estructuración social, con principios y valores manipulados para perpetuar la situación y mantener el equilibrio y la convivencia en función de los intereses de la clase dirigente. Los grandes imperios se fraguaron en nombre de Dios y la religión. Mientras tanto, la religiosidad o necesidad de entender la vida espiritual como algo personal desaparece e, incluso, se persigue como herejía. Se entiende como un “no sometimiento” a esos valores que dan el poder, por lo que se han de eliminar los sujetos insumisos que cuestionan el sistema. Por tanto, cualquier desviación de los principios religiosos establecidos será peligrosa, se identificará con el demonio y la maldad, a la vez que se perseguirá y eliminará mediante todos los medios al alcance de la autoridad.

Por otro lado, aquellos principios que puedan ser cuestionables se ampararán en el dogma de la fe, dejando “fuera de servicio” el razonamiento personal o discernimiento y el libre albedrío. Todo esto crea verdaderos conflictos internos al sujeto, pues esa disonancia cognitiva entre lo que le dicen que es bueno y lo que cree como bueno, no es soportable, llevándole, en último caso, a la alienación. Su espiritualidad queda secuestrada hasta tal punto que, el poder religioso, se arroga la facultad de perdonarle sus errores mediante alguna contribución o penitencia. Esto permite un mayor control de sus actos y pensamientos por parte del sistema.

Mientras tanto, suponiendo que Dios nos creara, que ya es mucho suponer, lo hizo en un mundo diverso, facilitándonos el entorno donde, mediante la interacción, fuéramos creciendo. Nos dotó de principios y valores universales para que, en la convivencia diaria, nos entendiéramos y relacionáramos para hacer un mundo mejor e igualitario. Nos dio libertad para pensar y actuar buscando la forma de desarrollarnos, crecer en sabiduría mediante el afrontamiento de circunstancias y situaciones estimulantes. No nos habló de religiones, puesto que nos habla a través de la naturaleza y del análisis de nuestros propios hechos, mediante la razón con la que nos dota. Sabemos y debemos discernir entre lo bueno y lo malo como sujetos libres e independientes. Somos conscientes de que nuestra supervivencia depende de nuestro entendimiento y buena voluntad, que la diversidad es enriquecedora y la imposición es castrante. La convivencia es un problema de actitud, de receptividad y apertura, de tolerancia y respeto, cuyo objetivo es desarrollar esos principios y valores innatos en el ser humano, donde se dan la mano la bonhomía y la interacción social con el fin último de perfeccionarnos.

De habernos creado Dios a su imagen y semejanza ¿por qué tenemos miedo de los otros? Si en cada uno de nosotros hay una proyección divina, lo lógico es que busquemos en los demás el complemento para datarnos de la totalidad del Ser Superior, para enriquecernos. Ser gregario y sectario excluyente es apartarse del principio de desarrollo personal que ese Dios nos ha impuesto como objetivo. Por lo cual, debemos aproximarnos a otras formas de espiritualidad, evitando la religiosidad férrea, integrista, y saludando la diversidad para sacar cada uno sus propias conclusiones, por las que deberá, de existir Dios, dar las explicaciones oportunas en su juicio final. Podemos concluir que la forma de vivir la espiritualidad es personal y la religión estructurada es impositiva y se contrapone al espíritu de la propia creación.

El marco de desarrollo de estas posiciones, creencias, convicciones y principios, solo se puede dar en un estado de derecho donde se respete y desarrolle la diversidad y la individualidad integradora. Donde la religión sea vivida como algo personal, basada en la espiritualidad. Este marco solo lo da el laicismo, entendido como: “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. Lo complejo es establecer el proceso para laicizar la sociedad, puesto que implica el desmontar poderes y prebendas establecidos a lo largo de la historia y crear nuevas estructuras donde cada uno esté donde debe estar, sin interferir en el desarrollo de la diversidad constructiva.

Por tanto, al Cesar lo que del Cesar… El Estado no gobierna para una sola religión, sino para toda una sociedad diversa y rica. La estructura social y las leyes que la sustentan deben garantizar el libre ejercicio de la libertad, el discernimiento y albedrío de la gente en un marco de convivencia pacífico de desarrollo personal íntegro. Eso es lo que entiendo yo que quiere Dios, de existir, porque todo lo ha creado enfocado para ello. La excelencia del ser humano de forma individual, cultivando los valores a que ya me he referido, engrandece al conjunto de la humanidad y por ende al propio Dios.

Lo que hay que cambiar es la idea de Dios, puesto que el concepto determinará la forma de actuar y, hasta ahora, esa idea que se nos ha transmitido en la mayoría de las religiones y civilizaciones, parece que no ayuda al entendimiento de los hombres y mujeres. Las religiones y los religiosos deberían replantearse su actuación en esta nueva sociedad globalizada, en la que las fronteras ideológicas no son posibles; donde el desarrollo del conocimiento y de la cultura de los pueblos es cada vez mayor y el individuo no es un instrumento, sino un sujeto pensante y rico, cargado de potencialidades, que debe hacer su mejor aportación al sistema desde su libertad y buen juicio, bajo el paraguas y respeto a unas normas universales de convivencia. Queridos amigos, pensad que Dios, de haber sido el creador del mundo, nos oferta el marco laico para entendernos en el mundo civil. Claro que, también, habría que recordar la propuesta de Nietzsche: “Dios no existe, lo que existe es la idea de Dios”. En nuestro caso las ideas de dioses a lo largo y ancho del mundo para fundamentar la espiritualidad del ser humano.

Evidentemente, como no creyente en ninguna religión, pero respetando las creencias de cada cual, entiendo que el marco laico es el único que garantiza el derecho a esas creencias y permite, a su vez, el lugar de encuentro, determinado por una ética laica basada en los derechos humanos, como ya he referido. Defiendo la laicidad como garante del ejercicio religioso en cada comunidad, sin prebendas ni ventajas para nadie, y dentro de la propia iglesia o comunidad creyente. Bajo mi punto de vista, sin entrar en la controversia laicismo vs laicidad, hay un pensamiento de aplicación universal que puede resumir la filosofía de la laicidad; me remontaré a más de 500 años antes de Cristo, -para que nadie se otorgue alegremente la sentencia citada- cuando Confucio establece su precepto JEN o la reciprocidad de conductas: "No trates a los demás en la forma en que no quisieras que los demás te trataran”. Parece ser que la mayoría de las religiones se anotan a este principio redactado de una u otra forma. Ya tenemos, pues, el valor común en una sociedad que, forzosamente, ha de ser plural y abocada al entendimiento, con las limitaciones o desviaciones que debieran controlarse, pues en esta filosofía un sadomasoquista, por ejemplo, encontraría una mina de oro. Si a ello sumamos la Declaración Universal de Derechos Humanos, como marco o ley universal de conductas, estaremos en el camino del entendimiento. Cada religión en su casa y la laicidad en la de todos. Al menso eso es lo que yo pienso…

Read more...

Un problema estructural, no coyuntural…

>> 6/10/10

En estos días, cuando uno decide escribir, la duda viene en sobre qué. Son tantas y tantos los elementos que nos invitan a reflexionar en este mundo lleno de interrogantes, de cuestiones pendientes de racionalizar, de propósitos y objetivos para renovar y redefinir esta sociedad, que la duda te hace transitar de un tema a otro encontrando todos de especial interés.

Yo, hoy, he preferido invitaros a reflexionar sobre un aspecto esencial de nuestro ordenamiento social. Hemos asistido recientemente a una huelga general, que, bajo mi entender, aunque su primer frente fuera la política del gobierno, era contra el sistema capitalista y su intento de privatizarlo todo; contra el acumulo de poder que está tomando el gran capital y su gobierno mundial; contra las consecuencias de una globalización económica, que no social, buscando el beneficio comercial de las multinacionales y de las grandes potencias económicas, a la búsqueda y explotación de los recursos mundiales, desde el control de los mismos, por esos intereses inconfesables, donde el ser humano pasa a segundo orden y es utilizado como elemento productor para el pudiente, a la par que es consumidor esclavizado por necesidades, ficticias en muchos casos, que le hacen someterse al sistema productivo para gozar de ellas.

Pero todo ello se ha dado en una situación de crisis mundial provocada por unos sujetos impresentables, sin escrúpulos, cargados de codicia y avaricia, cuyo dios es el dinero y los beneficios, cuya moral no pasa la prueba del algodón y su inteligencia se vende al mejor postor creando estructuras financieras fraudulentas que se escapan al control de los estados y gobiernos del mundo y las normas establecidas. El gran fraude, la gran estafa, ha sido asumido y el coste lo han de pagar los demás. Ellos, mientras, sanean sus bancos y consolidan sus estrategias y estructuras comerciales haciendo inclinar la cerviz a los gobiernos. De lo contrario los acometen y, una vez contra las cuerdas, los noquean económicamente.

El colmo es que han logrado revertir su responsabilidad en el mundo político, acojonarlos (perdón por la expresión) y someterlos hasta conseguir que defiendan sus intereses. Solo cabe preguntarse si el poder realmente no es de ellos; si siempre han sido los que han manejado la economía y creado sistemas de control y organizaciones afines a sus intereses contra el propio estado y los ciudadanos que lo conforman; si los gobiernos, y los políticos, no andan atrapados en sus redes y sometidos a sus designios, como ya sospechamos y ahora concluimos. Son hábiles, su sagacidad y organización encubierta, su proyecto de un Nuevo Orden Mundial lo gestionan desde el anonimato, desde la sombra, al amparo de sus peones establecidos y aposentados en los medios de comunicación, en la banca, en las multinacionales, en los partidos políticos y en los gobiernos, y hacen que los políticos se peleen entre ellos para conducir el carro que les lleve el trigo a su granero.

Nuestro gobierno, “socialista”, se ha rendido, ha claudicado y se ha sometido a las normas y exigencias de los poderosos del mundo para seguir en el club. El club del socialismo no cabe en esta estructura capitalista, es incompatible y acaban, como dueños de los medios de comunicación y al amparo de la libertad de expresión, manipulando y tergiversando la realidad de las ideas, demonizando el socialismo hasta identificarlo con dictadura comunista. Lo incongruente resultó ser la aplicación de políticas socialistas en un sistema capitalista, con el que solo se comparte la palabra, democracia, pero no su verdadero significado, pues, en el fondo subyace una dinámica de control desde los medios y las finanzas que se acerca mucho a los sistemas dictatoriales, aunque la sutileza lo muestre como democrático. La iniciativa privada tiene su sentido si se enmarca en la idea de servir a la sociedad y no en la de servirse de ella para lucrarse, solo así tendría sentido esa iniciativa privada en un mundo realmente democrático.

Por otro lado, han tenido la habilidad de confundir la palabra progreso que se defendía desde la concepción humanista de la vida, donde el ser se imponía al tener, y llevarla al campo materialista, donde el tener más es el índice de haber progresado. Es decir, muestro mi progreso personal ostentando mis pertenencias, mis propiedades y exhibiendo los indicadores materiales que me otorgan el poder y la gloria del triunfo en la lucha de la vida. Mi éxito se mide por lo que tengo, no por lo que valgo o lo que soy. Puedo ser un imbécil, idiotizado por las vivencias de un mundo pijo y si esencia, un continente sin contenido, vacío, pero si soy hijo de tal o cual, tengo tanto o cuanto, se me verá como un modelo a seguir…

Al sujeto que buscaba el progreso intelectual, el desarrollo de las potencialidades individuales, lo quieren hacer pasar por un elemento exótico, con cierto carisma, pero trasnochado y al que se le mira con cierta simpatía pero desde la descalificación y el anacronismo. Es curioso como han revertido las palabras, como han conseguido que la alienación se adueñe de la gente mediocre y se aísle al idealista como algo caduco y fuera de lugar, como agresor, incluso, al sistema establecido. La caja tonta hace tontos y sumisos a su líder… si no que lo digan al Sr. Berlusconi, especialista en manipulación populista, tanto o más que mister Chavez.

Por tanto, siente uno la traición al pueblo, a la ciudadanía, que se está plasmando en estos momentos. Los gobiernos defienden, bajo la excusa de la menos mala de las soluciones, la reafirmación del sistema, el afianzamiento del poder en el mundo financiero y el mercado libre, que los neoliberales pretenden como elemento regulador de las relaciones comerciales y productivas. Estamos en un momento crucial, donde se ha de decidir el sistema relacional y funcional de una sociedad del futuro, si antes no explota el mundo en un conflicto bélico intercultural e internacional que modifique el marco de relación, en función del resultado del mismo.

Pero, ¿qué hacer ante esto? Es difícil hallar una solución a corto plazo, pues son muchos los elementos implicados, muchos los cambios y muchas las pérdidas de unos y las posibles ganancias de otros. La resistencia al cambio será mayor en tanto mayor sea la pérdida de quienes ostentan el poder. Contra el nuevo orden mundial de los “iluminatis” del neoliberalismo y sus adláteres, solo cabe otra alternativa de nuevo orden mundial desde otra perspectiva, de potenciar los valores humanos y de evitar el abuso consumista integrándonos en un desarrollo sostenido y sostenible en el tiempo. Un marco educacional diferente que forme otra sociedad como alternativa a esta cargada de violencia y confrontación, donde la convivencia y el respeto sea un valor predominante.

Concluyo que esta crisis no es coyuntural, que no responde a una circunstancia determinada que se puede presentar periódicamente, etc, etc… sino a un fallo en la propia estructura del entramado social, de las formas de gobierno y de gestión de los recursos materiales y humanos; del papel que deben asumir cada uno de los poderes que sustentan el sistema; de los sindicatos, de los políticos, de las religiones, de la banca, el capital y la estructura productiva, del mundo laboral y de todos y cada uno de los elementos que conforman el sistema social.

Pero, sobre todo, se necesita un cambio de mentalidad donde el ser humano sea el principal fin de la gobernabilidad y de todo ese entramado social, el valor primordial que se cultive para un mejor provecho del colectivo y de los individuos que lo conforman.

Entonces, qué hacemos con:
  1. Las Constituciones que, bajo su idílico planteamiento de derechos inalienables, permite que se cometan tantos atropellos.
  2. La banca que recoge el dinero del ciudadano y se forra especulando con él…
  3. Los partidos políticos que han perdido la dignidad y se han sometido al poder del dinero.
  4. Los sindicalistas que se han acomodado en el pesebre y se dedican a defender sus propios intereses, aunque sea desde el amarillismo.
  5. La idea de soberanía popular que se supedita a extrañas leyes que dejan fuera de la representatividad a infinidad de ciudadanos mediante el mecanismo actual de asignación de escaños.
  6. El sistema educativo que sigue creando sujetos sumisos y dóciles al sistema, aunque sean tremendamente críticos con los aciertos y desaciertos del entrenador de futbol de turno.
  7. Con las religiones, que siguen ancladas en el pasado y frenando cualquier intento de despegue en el desarrollo libre de las personas.
  8. Con los medios de comunicación, fieles siervos de su señor amo, donde el periodista profesional se entrega a los objetivos propagandísticos del medio en cuestión y de su dueño.
  9. Con el sistema productivo injusto, que prima el dinero sobre el trabajo, en lugar de buscar la alianza entre la financiación del capital y la implicación del trabajador en un objetivo común, con reparto justo de las ganancias y pérdidas habidas en cada ejercicio.
  10. Con las ideas, que sustentan el sistema y reclaman alternativas válidas y de futuro.
  11. Pero, sobre todo, qué hacemos ante el ataque inmoral, perfectamente coordinado y globalizado, del entramado financiero, de las multinacionales y del poder económico, para sacar ventaja de la crisis y conseguir mayor influencia en la gobernabilidad de los pueblos; para imponer sus principios manipulando la propia democracia.
De todas formas, como decía en un artículo en mi blog, hace algunos meses, creo que “estamos perdiendo la guerra”, salvo que entendamos la necesidad definitiva de un cambio estructural que redefina los papeles, los valores y principios que han de regir en una sociedad moderna, de futuro, de justicia distributiva y que pivote en torno al ser humano y al entorno ecológico...
La crisis vista con un poco de humor, para no llorar:

Read more...

Nacidos para se libres

>> 25/8/10


“El ser humano, nacido para ser libre, es modelado por la sociedad para ser siervo.”

Esta frase, que es propia, encierra la esencia de esta entrada e invita a la reflexión. Primeramente es importante centrar el significado de las palabras, por lo que las definiciones de cada concepto las extraigo de la RAE (Real Academia Española) de la lengua.

Empecemos por Libre: “Que tiene facultad para obrar o no obrar” y tomo como sinónimos: Independiente, Soberano, Insubordinado… No entro en disquisiciones sobre los distintos tipos de libertad, como libertad natural, social o personal, y su análisis en profundidad, que nos llevaría a una entrada amplísima y fuera del objeto de esta.

En contraposición hacemos referencia a siervo como: “Esclavo de un señor”. “Nombre que una persona se da a sí misma respecto de otra para mostrarle obsequio y rendimiento”. Como sinónimos presento: vasallo, súbdito, servidor, criado…
Dos conceptos importantes que aparecen como sinónimos y merecen clarificarlos son Soberano: “Que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente” y Súbdito: “Sujeto a la autoridad de un superior con obligación de obedecerle”.

No nos movemos en un mundo dicotómicamente puro, de todo o nada, sino que transitamos en una línea que va de un extremo a otro. Es un continuo que oscila de la libertad a la opresión, del amor al desamor, de la salud a la enfermedad, de la riqueza a la pobreza, del egoísmo al altruismo, del hambre a la saciedad, de la abundancia a la escasez, del conocimiento a la ignorancia… Estamos más cerca o más lejos de cada uno de sus extremos en según que casos.

Finalmente aludo al poder. Un sujeto tiene poder sobre otro en cuanto controla o posee los recursos que este otro necesita para satisfacer sus necesidades. Por tanto, el truco siempre estuvo en poseer estos recursos o tener la fuerza para tomarlos o controlarlos. El necesitado de ellos tendrá que someterse a nuestros deseos y pagar el precio requerido.

Si entendemos que la sociedad es una organización, o asociación de personas que se alían para conseguir unos objetivos, siguiendo unas normas de conducta y comportamiento que lleven a los mismos de la mejor manera posible, solo cabe ver si esos objetivos son para los que ha nacido el ser humano como individuo y como especie. Claro que, toda sociedad se mueve y condiciona por una cultura organizacional, con principios y valores, con héroes y mitos, con conductas aceptables y rechazables, con estructuras organizativas, con un orden constituido… dentro del ejercicio del poder reconocido. La moral y la ética se imponen, incluso desde las religiones que se alían con el poder establecido, dando trascendencia a los actos y conductas humanas más allá de la propia existencia terrenal.

No obstante, para mí, el macro-objetivo es la mejora, desarrollo y perpetuación de la especie. Que lo instrumentalizo, entre otros, en:

1.- Conservar y perpetuar la especie.
2.- Cubrir sus necesidades básicas.
3.- Establecer una sociedad de bienestar que permita el progreso y la justicia.
4.- Desarrollar la espiral de las potencialidades de cada sujeto.
5.- Ahondar en la esencia del ser humano para buscar su perfeccionamiento.
6.- Establecer sinergias que redunde en un beneficio común y equitativo.
7.- Sostener el ecosistema para garantizar la supervivencia.

Pero luego está ese otro objetivo personal, individual, que cada uno tiene en su tránsito por la vida, que aquí se centra en los puntos 4 y 5: “Desarrollar la espiral de las potencialidades de cada sujeto” y “Ahondar en la esencia del ser humano para buscar su perfeccionamiento”. Cada uno, desde su capacidad e inteligencia debe asumir el reto personal, apoyado por el conjunto de la sociedad de forma solidaria. Digamos que cada uno es responsable de gestionar su propia inteligencia enfocada a esos objetivos. Solo tiene sentido pertenecer a esa sociedad si en el trueque de “yo doy ella me da”, se consigue un espacio que permita cubrir los objetivos personales del conjunto de los individuos que la integran.

Y ahora cabe preguntarse si esta sociedad persigue estas cosas, o se ha guiado más por el ejercicio del poder absolutista a caballo de la estructura organizacional, para sacar provecho unos pocos sobre los otros. Si en lugar de ayudar al sujeto a desarrollar sus propios fines, desde la solidaridad, lo ha usado para el desarrollo del colectivo que ostenta el poder. Si el poder, en lugar de gestionar y administrar los recursos y potencialidades hacia el bien común, se dedicó a usar al sujeto para su propio bien.

Yo digo que estamos en una sociedad injusta, malformada, asentada en principios inmorales e insolidarios. Se fraguó desde el robo y la rapiña, desde la guerra y la opresión, desde el miedo y la paranoia, desde la posesión y el control de los recursos por parte de unos pocos para condicionar la vida de los otros, arrebatándoles su libertad hasta hacerlos sus siervos. Los que fueron copando el poder usaron la fuerza y la inteligencia para someter y esclavizar, en lugar de liberar y desarrollar al ser humano.

Y ahora estamos en este trance. Un mundo injusto en manos de unos cuantos, que se permiten dictar sus designios al poseer los recursos o la moneda de cambio. El sistema político hace aguas por todos lados y la manipulación, el chantaje y el soborno andan a la orden del día. Dicen que somos libres, soberanos y no sé qué más, pero en el fondo siguen haciéndonos siervos de sus intereses, súbditos de sus graciosas majestades coronadas por el dinero y el poder.

Hoy mi grito es que quiero un mundo que nos acerque, sin distinciones, a la libertad, la igualdad, al amor (entiendo el amor como la posición que procura en crecimiento del prójimo, junto al tuyo propio, mediante el intercambio y la extravasación de experiencias, razonamientos y mutua ayuda…), la salud, la equidad, la implicación, la suficiencia más que abundancia, al conocimiento, etc. Un mundo que conciba su desarrollo desde las sinergias del esfuerzo de todos hacia una sociedad mejor, enfocada al beneficio del ser humano y no de unos cuantos impresentables. Con unas organizaciones o Estados al servicio del hombre y no al revés. De gente soberana y no súbdita, libre y no sierva. Nuestro mundo y no el de ellos… En el nuestro caben ellos, pero en el de ellos no cabemos nosotros si no es para servirlos.


Read more...

Globalizando… ¿Hacía dónde?

>> 26/6/10


A lo largo de la historia se ha intentado globalizar el mundo desde el poder, conquistar y someter el orbe bajo un solo mando, con la intencionalidad de rentabilidad para el ganador, el globalizador. Desde Alejandro Magno, pasando por los grandes imperios, hasta el intento actual, se ha procurado dominar, lo más posible, el mundo conocido. Siempre fue quien ejercía el poder el que buscó la globalización, desde el sometimiento, para obtener más poderío aún y riqueza.

Por tanto, el objetivo fue la sumisión de los otros para explotar sus recursos y no la simbiosis que favoreciera a ambas partes por igual. No se trataba de sinergias voluntarias convergentes, sino de esfuerzos impuestos por el ganador desde sus propios intereses.

En toda globalización hay un contenido cultural que puede, o no, consolidar las uniones o fusiones. La cultura entendida como la argamasa que consolida la relación de los pueblos, sería la base donde se dan y sostienen las ideas prevalentes compartidas, que aglutinan el compromiso social. A lo largo de la historia toda conquista fue acompañada de la expansión y adaptación de las creencias religiosas, por lo que las religiones jugaron un papel importante desde la perspectiva del conquistador, bien como excusa para el expolio, bien como soporte ideológico de la conquista, marcando y reconduciendo la cultura de los pueblos.

Es, pues, de especial relevancia el hecho de contar con una ideología que sostenga y estructure la sociedad. El espíritu de los tiempos, o Zeitgeist hegeliano, se está convirtiendo en Espíritu Mundial (Weltgeist). La globalización, con todos sus medios de comunicación, está generando una sociedad tendente a la unificación de criterios y principios de confluencia cultural. Eso sí, esta generando conflictos interculturales, regresiones religiosas al fundamentalismo, resistencias al cambio, etc. ya que nadie quiere perder la cuota de poder que ostenta. Es difícil controlar el viento. Antes se podía censurar el flujo de las ideas, pero ahora es más complejo controlar las hondas, por lo que la guerra de las ideas se ha de dar en los medios y nadie puede esquivar esa situación sin hundirse en el ostracismo.

La llamada edad moderna fue la etapa de los descubrimientos, de la expansión del conocimiento, que abrió el camino a la base ideológico que hizo de motor en la edad contemporánea, iniciada con la Revolución Francesa, donde afloró un importante contenido humanista.

En la edad contemporánea, la burguesía se impone como la hacedora del futuro y se va consolidando con la revolución industrial, hasta instaurarse un sistema productor basado en el capitalismo. Pero a la vez hay otro intento de oposición y globalización de primera magnitud con la ideología marxista. La internacional socialista es un claro intento de globalizar unos principios y valores sociales en contraposición al capitalismo, que bajo el pensamiento liberal, deja en manos del mercado la regulación del sistema productivo y comercial.

La globalización se ha basado en el mercadeo, pero ha dejado fuera el desarrollo humanista de la sociedad. Sus objetivos han sido materialistas, de beneficio empresarial y de explotación del tercer mundo por los países ricos. No obstante, bajo mi opinión, se ha producido un fenómeno importante y trascendente. Se trata del establecimiento de vasos comunicantes entre las economías mundiales mediante el libre comercio de bienes y capitales. Esto hace que crezcan más los países en vías de desarrollo y menos, o recesen, los industrializados. El problema, bajo mi criterio, está en que el flujo por los conductos comunicantes está más controlado por el sistema financiero y empresarial que por los gobiernos.

En resumen, se ha creado una normativa internacional que beneficia el mercadeo, pero no el desarrollo de la colectividad social ni el crecimiento sostenido, sino los intereses del capital y del mundo de las finanzas, hasta tal punto de ser ellos los verdaderos orquestadores de la creación de empleo y del crecimiento material, lo que les lleva a tener el poder real en la sombra.

Mi propuesta pasa por crear un nuevo espíritu de los tiempos, por concienciar a la gente de la necesidad de cambiar los principios y valores que rigieron esta sociedad, por reivindicar la verdadera actuación política y el prestigio de la cosa pública, por someter los intereses de las minorías dominantes a los intereses de la colectividad. En suma, por una verdadera catarsis colectiva de la que surja una alternativa cultural que estructure otro tipo de interacción social, donde prime la sinergia sobre la confrontación, la simbiosis sobre el parasitismo.

Los gobiernos, justificados en la actitud estadista, han sucumbido al envite de las multinacionales y del mundo de las finanzas, antes que dejar arruinar la economía de los países. Han jugado a favor del mundo del dinero y han traicionado al colectivo social. Han caído de rodillas ante el gran capital, que es quien domina el mundo entre bastidores, pues tiene los medios de comunicación a su servicio, ya que es su dueño, para crear opinión; controla el flujo crediticio para estrangular las economías; domina las agencias calificadoras o de reting; tiene normas y leyes que priman lo privado sobre lo público en el llamado mercado libre y un largo etcétera que habría que revertir.

Los partidos políticos llamados de izquierda, o los que se identifiquen con la defensa del ciudadano por encima de los intereses corporativos, los defensores del espíritu democrático y de la soberanía popular, del control de los gobiernos elegidos por el pueblo sobre el mundo de las finanzas, la empresa y la economía, los que busquen la alianza de la gente para progresar en conjunto y no en clases, deberían refundarse y aliarse a nivel europeo y mundial para globalizar las ideas que defienden, en contraposición a los intereses del mundo neoliberal que predica el capitalismo salvaje. Es imprescindible un rearme ideológico que pueda oponerse de forma global al desafío inmoral de los especuladores y facinerosos del mundo financiero. La regeneración política pasa por el uso de la asertividad y el razonamiento crítico, por el compromiso social y la honradez, por el establecimiento de programas que puedan cambiar el sistema, dejando el poder en manos de los representantes legítimos del ciudadano, que son quienes deben gestionar los bienes de la sociedad y el justo reparto del crecimiento. En suma, por hacer un ejercicio de imaginación que permita soltar lastre histórico y crear ilusión ideológica de futuro, como una alternativa social válida, solidaria y de confluencia humanista, creando leyes y sistemas de control para evitar que un grupo o colectivo social, por mucho dinero que posea, tenga posibilidades de influir en la gobernabilidad de la ciudadanía.

El trabajo del mundo sindical se presenta ahora en varios frentes. Por un lado recuperar su prestigio perdido en su acomodación al sistema y sus prebendas. Por otro en hacer una catarsis seria para ver cual es su papel en este nuevo estadio. La globalización del mercado también lleva a la globalización de la lucha. A la par debería buscar alianzas políticas, con los partidos que comulguen con las ideas que defienden, para plantar cara al sistema desde una perspectiva totalizadora. Esto lleva a la también refundación sindical. Mientras tanto, en la sombra, los neoliberales se estarán riendo y disfrutando de la confrontación entre la izquierda en el gobierno y los sindicatos. Así se permiten autoproclamarse defensores de los trabajadores, como dice la señora Cospedal sin que la cara se le caiga de vergüenza. Para ellos, los neoliberales, lo ideal sería partido único, en plan fascistoide, en clara connivencia con el capital.

Como conclusión, solo se me ocurre decir que este sistema necesita un cambio para reenfocar la economía hacia un espíritu humanista, donde el centro o eje del sistema sea el bienestar y el desarrollo del ser humano por encima de otros intereses. El ser humano es un ente inteligente, con potencialidades, cuya obligación es desarrollarlas y ponerlas al servicio de la evolución de la especie y el sistema en el que se integra. La cuestión, al menos para mí, está en saber cómo se come esto… cómo se globaliza humanísticamente el mundo. Habrá que usar mucha pedagogía...

Read more...

¡Qué listos son!

>> 17/5/10


Miedo me dan.

Ya lo decía a principios del siglo XIX el presidente de los EE.UU. Thomas Jefferson: “Considero que las entidades bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que las fuerzas militares… Si los ciudadanos americanos permiten a los bancos privados controlar la moneda, primero mediante la inflación, y después mediante la deflación, la banca y las corporaciones que proliferen alrededor (de los bancos) despojarán a los ciudadanos de toda la propiedad hasta que sus hijos se queden sin casas en un continente que conquistaron sus padres y a quienes pertenece todo lo que haya alrededor”.

Se hicieron fuertes

Ciertamente han fraguado un lobby que se va adueñando del mundo. Son conscientes de que el capital es el motor de la economía en un sistema de mercado libre. Relegan a los gobiernos de los distintos países al papel de gestor de los bienes comunes. Se proclaman productores y gestores de la economía mundial y globalizan el planeta para poder hacer un inmenso mercado. Les importan un bledo las personas, su ética y moral, junto a su compromiso social, son una falacia. Son los dueños de los medios de comunicación y producción, de los servicios y de la actividad económica. Por tanto, al socaire de la libertad de expresión, utilizan sus medios para manipular, malinformar y dirigir la opinión pública hacia sus intereses. La gestión y producción de los escándalos y corruptelas son una buena baza para atrapar a los políticos entre la lacra del cohecho y la inmoralidad pública. Todos recordamos y conocemos el uso de “dossieres” para el chantaje y la difamación.

Provocaron la crisis

No sé si consciente o inconscientemente, provocaron la crisis. A veces pienso que lo hicieron a posta, para demostrarle al mundo quien manda y ver la reacción de los gobiernos ante la caída del sistema. Ante la debacle, los gobiernos temblando de miedo, salieron en su ayuda y, con los dineros públicos, les salvaron de la hecatombe. Se endeudaron para ayudarles a ellos. En lugar de aprovechar el momento para reconducir el sistema, se plegaron a su demanda y lo afianzaron. Era una excelente coyuntura para haber nacionalizado la banca y controlar la especulación que los banqueros hacen usando el dinero de los impositores, de los ciudadanos. La banca, que debe ser un agente mediador entre el ahorro y la inversión productiva, se convierte en un negocio especulativo. Lo curioso es que en estos dos últimos años se haya incrementado en 27% el número de milmillonarios, mientras el resto de la población se ha ido empobreciendo.

Crearon las agencias calificadoras

Existen unas agencias calificadoras para determinar la solvencia de los Estados y el riesgo de comprar deuda pública o de empresas. Las agencias calificadoras son empresas privadas dedicadas a la evaluación de un país desde el punto de vista político, económico y social, la cual da una calificación, que sirve de instrumento para las decisiones de inversión y permite mitigar el riesgo que supone invertir en activos financieros de diversos prestatarios. Son, pues, agencias privadas, que no siempre aciertan y pudieran tener intereses ocultos a la hora de emitir su juicio, si no, no se comprendería como en septiembre de 2008, justo cuando quebró Lehman Brothers, la agencia S&P “tenía a Lehman Brothers con una elevada calificación, sin perspectiva negativa alguna”. Son, bajo mi modesto punto de vista, tentáculos del capital que se permite controlar el mercado financiero mediante la emisión de juicios de valor, a veces, cargados de maledicencia.


Humillaron a los gobiernos

Es curioso, pero tras endeudarse los gobiernos para ayudar al entramado financiero, estas agencias los humillan, exigiéndoles la solvencia que antes no tenían las entidades salvadas y les acorralan económicamente, hasta hacerles tomar medidas de saneamiento económico en la línea de los beneficios, y eliminación de riesgos, para las empresas crediticias. El flujo dinerario es unidireccional, de los gobiernos a las empresas, socializando las pérdidas; pero ante los beneficios no hay socialización posible, son de ellos. Uno concluye que, aunque estemos en un sistema democrático de voto libre y directo, el propio sistema te tiene atrapado mediante los mecanismos económicos que lo hacen funcionar. El político no tiene más poder que el que le permita, o le condicione, la economía y sus verdaderos valedores capitalistas.

Pretenden el control de la sociedad del bienestar

El neoliberalismo ambiciona suplantar al Estado en la prestación de todo servicio y actividad económica, potenciando que este sea su cliente. Pretenden un mercado libremente autorregulado, sin cortapisas ni normas que les condicione. Ellos se sienten bien en la selva, pues tienen todas las armas a su disposición para hacer buena caza de beneficios, aunque en el camino se queden extinguidas muchas especies. Quiere que los gobiernos sean meros gestores, que compren los servicios que las empresas prestan al ciudadano, por lo que se ha de privatizar todo… la prestación de salud, la educación, las pensiones, la energía, la policía, incluso el ejército, como se ha visto en Irak con determinadas empresas. En fin… todo. El Estado no es, para ellas, prestador de servicios, sino gestor del gasto que generan. Por tanto, cuestionan la solidaridad social y solo potencian los servicios que les son rentables.

La banca privada desplaza a la pública

Por otro lado la banca privada ha desplazado a la pública, la ha asimilado o deglutido en los procesos de privatización. Por tanto, son los que gestionan el crédito y, en consecuencia, la inversión, mediante el control del grifo crediticio. Es más, no está permitido que los Bancos Centrales compren deuda pública, pero sí que le presten dinero a la banca privada al 1% para que estos la compren al 5% o más. O sea, que con el dinero del Banco Central ganan un 4% mínimo por asumir la gestión de la compra. Eso clama al cielo. Es evidente que su función de intermediaria, para hacer que el ahorro fluya a la inversión, ha sido sustituida por el objetivo de obtener beneficios económicos por encima de la idea del desarrollo de los pueblos.

¿Tendremos que empezar a pensar en los valores crediticios de la banca islámica? O, si acaso, potenciamos la labor de la banca ética que ya empieza a funcionar. La banca ética, también conocida como banca social, sostenible, alternativa o responsable, es un tipo de entidad financiera que combina los beneficios sociales y medioambientales con la rentabilidad económica de las entidades financieras convencionales.

Potencian el paro y el ajuste salarial

Finalmente, ¿Quién gana con ello? Si vemos la evolución de los hechos, percibimos que los gobiernos han cedido poder a la banca o han acabado reconociendo que ya lo tenía. Se ha incrementado el paro en 61 millones de personas en el mundo. Los hambrientos aumentaron en 200 millones, mientras los milmillonarios sumaron un 27% más. El desempleo lleva una mayor oferta de mano de obra y, en un mercado libre, eso significa que se baja el precio del trabajo; otra vez a trabajar por una miseria o quedarse en el paro.

A mí solo se me ocurre una solución o alternativa, a la que denomino “Economía humanista y ética”. Pero eso da para otro tema que, posiblemente, desarrolle más adelante.

Read more...

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP