De: ¨Desclasado¨ [mailto:XXXX]
Enviado el: jueves, 02 de diciembre de 2004 15:56
Para: foroporlamemoria@pce.es
Asunto: Cementerios franceses.
Estimados compañeros/as: recientemente estuve por la parte del pirineo francés. Nos sorprendieron lo bonitos que eran los cementerios, de forma que entramos a verlos.Sobre las lapidas habia enmarcadas múltiples placas de recordatorios a los difuntos por haber luchado en la resistencia. Nos fuimos calentando al ver esto y seguimos mirando. Cual fue nuestra sorpresa cuando en la parte más abandonada del cementerio encontramos lapidas individuales con nombres y apellidos castellanos, vascos, catalanes etc. En algunas de estas lápidas habian advertencias de que había pasado el plazo de ocupación del inquilino y si nadie volvía a pagar el alquiler estaban a disposición de volver a alojar a alguien. La fecha de muchas defunciones (la de nacimiento no estaba) coincidia con las de la guerra, en algunos de ellos ponía ¨obreros de chantier¨. Supongo que todo esto ya lo conocéis. Pero por si acaso os lo comento. Al haber descubierto esto repetimos en varios cementerios, todos ellos de pequeñas poblaciones y la tónica se repetía aunque no con la frecuencia que nosotros buscabamos.De todas formas debe ser una tarea titánica, rastrear todos los cementerios franceses. Sabiamos que el sur de francia había sido liberado de los nazis por los guerrilleros ibéricos, con lo cual pensamos que quizas allí estén desaparecidos que alguien busque.Port si os sirve de algo, entré a francia por Somport y anduve en paralelo por la frontera hasta salir por la Vall d´Aran. No entré en ningún cementerio de poblaciones más importantes, como Lourdes, Pau o Luchon, solo pequeños cementerios faciles de peinar.
Un abrazo, seguid con vuestra labor.
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Estimado compñaero:
Queda mucho trabajo por delante. Hay pocos recursos humanos y menos medios, pero aqui estamos haciendo lo que podemos e intentando crear estructuras para llegar a todo y a todas partes.
Gracias por la información y un fraternal abrazo
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(Mails copiados literal, las faltas de ortografía de ambas partes son producto de la improvisación).
Como se puede apreciar en el cruce de mails, corría el año 2004 cuando el detalle narrado llamó mi atención. Interesado, no tardé en descubrir que el Sur de Francia fue liberado del nazismo por españoles. A tal punto llegó esta liberación que el propio de Gaulle se acojonó ante el hecho literal de tener bandas armadas de españoles controlando el Sur del país. Un episodio oscuro para la ¨grandeur de La France¨ donde parece que todo francés fue un resistente y se obvia que hubo más felones que croisants.
Traigo, copiado de aquí, una de las hazañas de esos españoles ya sin patria, sin más horizonte que luchar contra el fascismo allá donde se hallaren:
LA BATALLA DE LA MADELEINE.
La tercera de las grandes hazañas de Cristino fue el combate de la Madeleine, famosa en toda Francia. Ésta fue una de las acciones más importantes de los guerrilleros de la 21ª Brigada de la 3ª División, mandada por Cristino.
Hacia mediados de agosto de 1944, ya efectuado el desembarco aliado en Normandía, los guerrilleros reciben la orden de entorpecer al máximo las maniobras alemanas tendentes a acumular reservas en las zonas cercanas al desembarco. Cristino tiene noticia de que una columna de la Wehrmacht salida de Toulouse marcha hacia París. Ha sido vista en Albi y Beziers y parece que nada del mundo obstaculizará su marcha hacia la zona donde entrará en combate.
La columna, procedente de Saint-Hyppolite, tendrá que pasar forzosamente por el cruce de la Madeleine, en las cercanías de Tornac, cerca del castillo del mismo nombre, con dirección a Anduze o Nimes. La estrecha carretera caracolea por un espeso bosque, cruza el puente del ferrocarril Lezan-Anduze y sigue por un trecho más recto y despejado.
El día 24 de agosto de 1944, de madrugada, un destacamento de treinta y cuatro guerrilleros de la 21ª Brigada al mando del Comandante Gabriel Pérez, llega allí. A continuación lo hacen cuatro FTPF franceses, hombres avezados en la lucha y expertos conocedores de aquel terreno, que les asesora con todo detalle dónde deben situarnos. Toman posición en las alturas colindantes al Castillo de Tornac, desde donde se domina la carretera y el terraplén de la vía férrea, al tiempo que los especialistas en el manejo de la dinamita colocan sendas cargas de explosivos debajo de los dos puentes: el de la carretera y el del ferrocarril.
Alrededor de las tres de la tarde, los que montan la guardia avistan en la lontananza un grupo de motoristas encabezando una numerosa columna del ejército alemán, compuesta de sesenta camiones, tres cañones y cinco blindados, con un millar y medio de hombres. Tras breve cambio de impresiones, en el mando se dan órdenes estrictas de permanecer cada uno en su puesto en espera de que la columna se aproximase a los puentes y una parte de la misma comenzase a cruzarlos, a partir de cuyo momento se volarían los puentes, entre el cruce de la carretera y el pueblo de Tornac, cuya población en previsión de los acontecimientos había sido evacuada la noche anterior.
El jefe guerrillero da orden de hacer volar el puente, cortando así la vía férrea y la carretera. Una nueva explosión intercepta la carretera detrás de la columna. La caravana germana queda inmovilizada, sin poder avanzar ni retroceder.
Se entabla un duro combate que se prolonga hasta el anochecer. Creyendo los alemanes que las fuerzas enemigas son mucho más superiores en número y en armamento, tocan alto el fuego. La realidad consiste en que se han situado en lugares estratégicos escogidos y pueden concentrar el fuego por donde ellos están obligados a pasar. Desconcertados, los teutones deciden formar un cuadro para evitar ataques por sorpresa y resistir hasta que llegue la noche. Después de muy entrada la noche, sus tanquetas intentan romper el cerco que les han hecho, el cual ofrece flancos vulnerables. Para detener el avance de sus tanquetas, se destaca un grupo de dinamiteros, cuya intervención rápida y acertada logra inutilizar cuatro tanquetas y dejar “clavadas” en el sitio a las fuerzas atacantes, que no vuelven a hacer un nuevo intento hasta el día siguiente, en que, de buena mañana, cinco oficiales alemanes, enarbolando una bandera blanca, salen a parlamentar.
Parecen estar dispuestos a rendirse y quince oficiales alemanes vienen a parlamentar con el mando español. Como condición previa dicen que solo se rendirán a los oficiales del Ejército Regular y no a soldados de ocasión. Por parte de la guerrilla les proponen que, si vienen con dos o tres de sus oficiales de alta graduación, les acompañarán a ver al comandante de la gendarmería francesa de Anduze, lugar más próximo de donde se encuentran.
Les dicen estar de acuerdo y es decidida una tregua de dos horas. Dos oficiales enemigos son conducidos a Anduve para negociar con los jefes españoles en presencia de la Gendarmería francesa, representada por el comandante de puesto, única representación regular de la región. Los alemanes insisten para que se les deje el paso libre, comprometiéndose, a cambio, a no atacar a los guerrilleros. Cristino, de acuerdo con el comandante de la Gendarmería, propone, en cambio, la rendición incondicional.
Los alemanes, antes de terminar la negociación, creyendo sorprender a los sitiadores, rompen la tregua, lanzando un furioso ataque a las posiciones guerrilleras con artillería, tanquetas, morteros y armas automáticas, que se prolonga más de dos horas. Mientras combaten, les llega un pequeño refuerzo de varios guerrilleros y media docena de gendarmes franceses, que insistentemente habían solicitado al puesto de mando de las Fuerzas Francesas del Interior (F.F.I.). Esto les permite reforzar las líneas de defensa, colmando los huecos existentes en sus posiciones y cerrar un poco mejor el cerco a las fuerzas atacantes.
Mediada la mañana, aparece un soldado alemán enarbolando bandera blanca; uno de los oficiales se levanta y va hacia él. Apenas da unos pasos, recomienza un intenso tiroteo, seguido de otro fortísimo ataque contra las posiciones guerrilleras. Ante las dificultades que tropiezan para penetrar en nuestra línea de defensa, desesperados e impotentes, se lanzan en tromba en un tercer ataque, dispuestos a romper el ariete que les impide avanzar, y posiblemente lo hubiesen conseguido de no haber intervenido a tiempo, como “caída del cielo”, la aviación inglesa, que volando a ras de tierra para no errar el blanco, comienza a vomitar fuego y a lanzar bombas en las filas alemanas, sembrando el pánico, el desconcierto, y dejando en el terreno decenas y decenas de muertos y heridos alemanes. Desmoralizados ante el inesperado ataque de la aviación inglesa, al filo del mediodía levantan bandera blanca y se rinden, en esta ocasión sin condiciones.
Unos seiscientos alemanes son hechos prisioneros; además, dejan en manos guerrilleras y francesas importantes cantidades de armas y municiones, más ametralladoras, anti-tanques, camiones y blindados ligeros. Su jefe Konrad A. Nietzche Martin se desnuda, quema la ropa y documentación, se rocía de gasolina, se pega fuego y se dispara al parietal, incapaz de afrontar el pánico de caer en manos de un puñado de guerrilleros y avergonzado por haber capitulado ante tan insignificantes fuerzas. Consumada la rendición, sus mismos compañeros proceden a recoger los heridos y enfermos, en número aproximado a los doscientos, para evacuarles a los hospitales franceses, mientras los muertos son enterrados en los alrededores del que había sido el campo de batalla. De parte española, hay solamente tres heridos de bala, por suerte sin gravedad ninguna de ellos.
Los nombres de los guerrilleros que participaron en la contienda fueron: Gabriel Pérez, Gregorio Izquierdo, Antonio Fernández, Joaquín Arasanz, Pedro Vicente, Ángel Suárez, Francisco Carranque, Antonio Espada, Francesc Estévez, Luis Fernández, Joaquín Almazón, Alejandro Moreno, Eduardo Fuertes, José Sanz, Sabino Encina, Eduardo Puente, Victoriano Huerta, Severo Ferrials, Pascual Fernández, Julio Béjar, Francisco Esteban, Julio Rodríguez. Por su participación en la batalla de la Magdalena, todos ellos fueron citados en la Orden General número 35, por el general de la división Ollería, comandante de la IX Región Militar, que comporta la atribución de la Cruz de Guerra, con Estrella de Plata, en Marsella, el 25 de octubre de 1946. Esta memorable batalla ganada al ejército alemán ponía punto final a la participación de la guerrilla española en la lucha contra las tropas de ocupación germana en Francia. Para muchos de ellos era, no obstante, el comienzo de otra página, en realidad continuidad de la lucha contra la dictadura franquista que, seis años después de terminada la guerra civil española de los años 1936-39, seguía persiguiendo, torturando y fusilando en nuestro país por el solo hecho de tener ideas políticas y tratar de organizarse para poderlas defender mejor. En esta ocasión, la lucha sería en el suelo patrio, contra el régimen opresor y en defensa de la libertad y la democracia en España.
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¨Obreros de chantier¨. Factorías forestales donde los españoles iniciaron la resistencia organizados bajo la bandera del Partido Comunista. Centenares de obreros de chantier diseminados por los cementerios franceses. Por la fecha de la muerte estaban luchando contra el nazismo, salvo los que muriesen de otra muerte. Muertos sin memoria, que Franco los olvidase me parece normal, muy normal. Pero ¿y la ¨democracia¨? No interesan, no murieron contra Franco. No son mediáticos. No tienen su Garzón. Sólo fueron unos tipos que murieron tras llevar años en guerra contra un enemigo que cambiaba de nombre, pero para ellos siempre era el mismo. Unos tipos que a estas alturas ya probablemente se hayan quedado sin trozo de tierra, sin lápida y sin nombre al finalizar la concesión. Unos tipos que, a diferencia de los franceses caídos por su patria, no tenían flores, nadie cuidaba sus tumbas y había que aguzar la vista para distinguir, entre la porquería, su nombre insctrito en la lapida. Unos tipos que un día lucharon por un mundo mejor y tuvieron la suerte de morir, espada en mano, sin saber la mierda en la que se iba a convertir el comunismo. Solo eran obreros de chantier con nombre español. Sólo son olvidados de la historia y olvidados de su país.
Pensé que algún día escribiría algo acerca de esto. Ya lo he hecho.
Para saber más acerca de esta apasionante historia de la liberación del Sur de Francia, lo mejor que conozco es
¨La última gesta. Los republicanos que vencieron a Hitler.¨ de Secundino Serrano.